El perfil criminal que investiga la Justicia: quién es Claudio Barrelier, el principal acusado por el crimen de Agostina Vega
El hallazgo del cuerpo de Agostina Vega puso fin a una semana de angustia y abrió una nueva etapa en la investigación judicial. Con la adolescente de 14 años encontrada sin vida en Córdoba y con Claudio Barrelier detenido como principal acusado, las preguntas ya no giran solamente alrededor de qué ocurrió, sino también sobre quién es el hombre que hoy se encuentra en el centro de una de las causas criminales más conmocionantes del año.

Los investigadores suelen advertir que los autores de delitos graves rara vez se presentan ante la sociedad como monstruos evidentes. Por el contrario, muchos logran construir una imagen de persona común, amable, colaborativa y hasta carismática. Esa capacidad de adaptación social es precisamente uno de los elementos que más llaman la atención en los casos criminales complejos. La posibilidad de generar confianza, de sostener conversaciones convincentes y de aparentar tranquilidad aun bajo presión suele convertirse en una herramienta de manipulación extremadamente eficaz.

Según explican criminólogos y especialistas en conducta criminal, existen perfiles que combinan rasgos narcisistas con una fuerte capacidad de engaño. Se trata de individuos que creen poder controlar las situaciones, manipular el entorno y manejar la información según su conveniencia. En muchos casos, cuando aparecen sospechas en su contra, intentan influir sobre familiares, amigos, testigos o incluso sobre los investigadores mediante relatos cuidadosamente construidos. El objetivo suele ser el mismo: ganar tiempo, sembrar dudas y evitar que las sospechas se transformen en pruebas.
Otro aspecto que suele analizar la psicología forense es la aparente ausencia de empatía. No se trata simplemente de mentir, algo que puede hacer cualquier persona, sino de hacerlo sin mostrar remordimiento visible ni registrar emocionalmente el daño causado a otros. Esa característica permite sostener versiones falsas durante períodos prolongados, manipular emociones ajenas y mantener una fachada de normalidad mientras los hechos investigados avanzan en otra dirección.

Los especialistas denominan a este fenómeno «máscara social». Es una construcción deliberada mediante la cual ciertas personas muestran una versión aceptable de sí mismas para ocultar aspectos más oscuros de su personalidad. La historia criminal moderna está repleta de casos donde vecinos, compañeros de trabajo o conocidos describían al acusado como una persona correcta, educada o incluso solidaria, hasta que las pruebas terminaron revelando una realidad completamente diferente.

En el caso de Claudio Barrelier, será la Justicia quien determine durante el proceso judicial cuáles fueron exactamente sus conductas, sus responsabilidades y sus motivaciones. Sin embargo, el hallazgo del cuerpo de Agostina modificó sustancialmente el escenario de la investigación. Lo que comenzó como una búsqueda desesperada de una adolescente desaparecida se transformó en una causa de extrema gravedad que ahora busca reconstruir minuto a minuto los movimientos, contactos y acciones de quienes estuvieron cerca de la víctima.
Desde el punto de vista penal, si la acusación lograra demostrar en juicio la comisión de un homicidio agravado y, eventualmente, la figura de femicidio u otros agravantes previstos por el Código Penal, la pena podría ser prisión perpetua. También se analizarán todas las pruebas vinculadas al ocultamiento de evidencias, los movimientos posteriores a la desaparición y cualquier conducta destinada a dificultar el trabajo de los investigadores.
La muerte de Agostina Vega vuelve a sacudir a una sociedad que asiste con dolor a un nuevo caso de violencia extrema. Mientras la familia enfrenta una pérdida irreparable y la Justicia avanza con las pericias, el expediente intenta responder una de las preguntas más inquietantes de toda investigación criminal: cómo una persona puede convivir con su entorno, generar confianza y aparentar normalidad mientras, según la acusación, oculta hechos capaces de destruir vidas para siempre.
Claudio Barrelier

Es importante aclarar que no se puede diagnosticar a una persona como «psicópata» sin una evaluación clínica y judicial. Sin embargo, para una nota periodística podés abordar los rasgos que suelen aparecer en criminales violentos, manipuladores o femicidas según la criminología y la psicología forense.
Veinte rasgos que suelen aparecer en criminales manipuladores y violentos
Cada caso es distinto, pero los especialistas en criminología, psiquiatría y psicología forense han identificado una serie de características que suelen repetirse en algunos delincuentes violentos, especialmente en aquellos capaces de ocultar durante mucho tiempo sus verdaderas intenciones.
1. Encanto superficial
Suelen caer bien rápidamente. Son simpáticos cuando les conviene y generan confianza con facilidad.
2. Mentira permanente
Mienten con naturalidad. No sienten incomodidad al inventar historias o modificar versiones.
3. Falta de empatía
Comprenden intelectualmente el sufrimiento ajeno, pero no lo sienten emocionalmente.
4. Manipulación emocional
Utilizan los sentimientos de otras personas para obtener beneficios o controlar situaciones.
5. Narcisismo extremo
Se consideran superiores al resto y creen que las reglas no deberían aplicarse a ellos.
6. Ausencia de remordimiento
Incluso frente a daños graves causados a terceros pueden mostrar escasa culpa.
7. Necesidad de control
Intentan dominar relaciones, conversaciones y situaciones.
8. Capacidad para actuar
Son capaces de fingir emociones que en realidad no experimentan.
9. Doble vida
Pueden mostrar una imagen pública respetable mientras ocultan conductas oscuras.
10. Frialdad bajo presión
Mantienen la calma en situaciones donde otras personas entrarían en pánico.
11. Cosificación de las personas
Ven a los demás como objetos o herramientas para alcanzar objetivos.
12. Victimización constante
Cuando son descubiertos suelen presentarse como perseguidos o injustamente acusados.
13. Impulsividad selectiva
Pueden parecer calculadores, pero reaccionan violentamente cuando sienten amenazado su ego.
14. Escasa responsabilidad
Rara vez admiten errores propios. Siempre encuentran culpables externos.
15. Capacidad de adaptación social
Saben cómo comportarse según el ambiente para obtener aceptación.
16. Relaciones superficiales
Les cuesta construir vínculos genuinos y profundos.
17. Búsqueda de poder
Disfrutan sintiendo que dominan física o psicológicamente a otros.
18. Ausencia de límites morales
Las normas éticas suelen tener poca importancia frente a sus deseos.
19. Inteligencia manipuladora
Detectan rápidamente las debilidades, miedos o necesidades de quienes los rodean.
20. Convicción de impunidad
Muchos creen que son más inteligentes que la Policía, la Justicia o su propio entorno y que nunca serán descubiertos.
Los especialistas advierten que la presencia de uno o varios de estos rasgos no convierte automáticamente a una persona en un criminal. Sin embargo, cuando muchos de ellos aparecen juntos y se combinan con conductas violentas, manipuladoras o delictivas, suelen constituir señales de alerta que merecen atención profesional y judicial.
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