Cuando llueve en Buenos Aires: receta porteña para el encierro
En Buenos Aires, cuando llueve, la ciudad se encoge. Los porteros barren hojas que vuelven. Las persianas bajan antes. Y las cocinas, si están vivas, huelen a algo dulce, a pan humedecido, a café hirviendo. En ese escenario, entre goteras y reflejos, hay recetas que nacen solas: con lo que hay. Con lo que sobró del pan de ayer y el deseo de quedarse adentro.
Una de esas es la tostada francesa, versión criolla y sentimental. Nada que ver con recetas de Instagram ni con influencers culinarios. Esto es lo que hace una madre, una abuela o uno mismo cuando el cielo no da tregua y el alma pide abrigo.
La receta del día gris: Tostadas francesas a la porteña
Ingredientes:
- 4 rebanadas de pan duro (mejor si es de campo o criollo, pero vale el lactal de la panera)
- 2 huevos
- 1 taza de leche entera
- 1 cucharada de azúcar
- Canela en polvo o esencia de vainilla (una pizca, lo que tengas)
- Un poco de manteca o margarina
- Algo para acompañar: miel, dulce de leche, mermelada o solo azúcar
Modo de preparación:
- Batí los huevos con la leche, el azúcar y el perfume que elijas (canela o vainilla). Tiene que quedar una mezcla espesa, casi como de flan crudo.
- Sumergí el pan en esa mezcla. Que se empape como la vereda.
- Poné una sartén al fuego, con manteca suficiente como para dorar la tristeza. Cuando esté caliente, tirá las rebanadas y dales tiempo. Que se doren, que crujan, que huelan a merienda vieja.
- Servilas calientes. No hay más secreto que ese.
Un postre de encierro y memoria
Estas tostadas no nacieron en París ni en la televisión. Nacieron en casas donde no se tira nada, donde la lluvia marca el menú y el silencio se llena con olor a cocina. Se hacen rápido, se comen lento y se recuerdan toda la vida.
En la Ciudad de la Furia mojada, no hay mejor refugio que un plato caliente. Porque el clima siempre es una excusa para volver a lo esencial: el pan, el calor, y el amor por lo simple.
¿Y vos, qué cocinás cuando la lluvia no para?
