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El consumo se desploma y la calle cuenta otra historia

Por Palermonline

Los economistas podrán discutir planillas de Excel, curvas de crecimiento y proyecciones para 2027. Mientras tanto, en la Argentina real, la que camina por las veredas de Palermo, Chacarita, Villa Crespo, Almagro o Caballito, la sensación es otra: la plata no alcanza, la gente compra menos y cada vez aparecen más persianas bajas.

Ahora los números empiezan a confirmar lo que muchos comerciantes vienen diciendo desde hace meses. El consumo privado cayó 2,2% interanual en mayo y acumula seis meses consecutivos de retroceso, según un informe de la Universidad de Palermo.

No hace falta ser economista para darse cuenta. Basta caminar unas cuadras. Donde antes una familia cenaba afuera dos veces por semana, ahora sale una sola. Donde antes se llenaban bolsas de supermercado, ahora se compran productos sueltos. Donde antes se cambiaba el auto, ahora se estira un año más. Y donde antes había proyectos, hoy hay cautela.

El dato más preocupante no es solamente la caída del consumo. Lo preocupante es el clima social que empieza a construirse alrededor de esa caída. Comerciantes que venden menos. Profesionales independientes que tienen menos trabajo. Jubilados que recortan gastos. Empleados que cobran el sueldo y ya saben que no llegarán cómodos a fin de mes.

Mientras tanto, desde algunos sectores del poder se insiste en que la economía está mejorando. Puede ser cierto en determinados indicadores financieros. Puede ser cierto para quienes tienen activos, dólares o negocios vinculados a sectores que crecieron. Pero la vida cotidiana no se mide por el riesgo país ni por la cotización de los bonos. Se mide por la cantidad de gente que entra a un local, por las mesas ocupadas en un restaurante y por la capacidad de una familia para darse un gusto sin hacer cuentas durante media hora.

En Palermo todavía se observan bares llenos, restaurantes de moda y zonas donde parece que la crisis no existe. Pero basta alejarse unas cuadras del circuito gastronómico más exitoso para encontrar otra realidad. Comercios vacíos, menos movimiento y vecinos que miran dos veces el precio antes de comprar.

La gran pregunta ya no es si bajó la inflación. La gran pregunta es cuándo esa mejora llegará efectivamente al bolsillo. Porque hasta ahora muchos argentinos sienten que hicieron el sacrificio, pero la recompensa sigue sin aparecer.

La economía puede mostrar estabilidad. Pero una sociedad no vive solamente de estabilidad. También necesita consumo, trabajo, expectativas y horizonte. Y eso, por ahora, sigue siendo una cuenta pendiente.

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