Pitbull y al musculoso

El musculoso del 6°B, su pitbull y las expensas del horror

Parte I: El morocho inflado que vive de mentiras y proteínas

En el sexto B del edificio de Araoz y Güemes vive Darío, aunque se hace llamar «D’Andre», porque “queda más internacional para el OnlyFans”. Es morocho, musculoso, y con más aceite en el cuerpo que un asado de cancha. No se sabe bien de qué vive, pero sí de quién: le debe tres meses de expensas a la administradora, dos mil pesos al del kiosco de abajo y al portero lo tiene “de fiador involuntario” desde que le pidió cambiarle la cuerda del tender.

Darío entrena en calzoncillos con una mancuerna oxidada que usa de mamadera emocional, se saca selfies en el ascensor sin pagar la luz del pasillo, y tiene una bestia de mascota: «Ares», un pitbull blanco con pecho de rugbier y ojos de que no le teme ni a las alarmas vecinales.

No tiene seguro de responsabilidad civil. Ni correa buena. Ni bozal. Lo único que tiene es facha y problemas.

Parte II: ¿Por qué alguien tiene un pitbull en un dos ambientes?

La pregunta se la hace todo el consorcio. «Ares» es más grande que el placard de la cocina. Le ladra a los delivery, al del gas y hasta al espejo del ascensor. Darío dice que lo entrena “para defensa personal”, pero la única defensa que ofrece es espantar a los acreedores. Cuando el del A me fue a cobrar, el tipo abrió la puerta con el perro en la falda y le dijo: «No tengo cambio, pero Ares sí tiene hambre».

Los vecinos ya no le tocan timbre. Los del cuarto tapan las rendijas con toallas para que no suba el olor del dog chow fermentado. Y la señora del quinto, que tiene un caniche toy, jura que se le frena el corazón cada vez que escucha las uñas del monstruo por el pasillo.

Parte III: ¿Cómo cuidar un pitbull (y no criar una bomba de tiempo)?

Ahora, en serio. Los pitbulls no son demonios, pero tampoco son peluches. Son perros de potencia, de gran energía y con un umbral de reacción corto si no están bien educados.

Consejos básicos para criarlo con responsabilidad:

  • Alimentación: Pienso de calidad alta en proteínas, dos veces al día. Nada de sobras ni huesos cocidos.
  • Ejercicio diario: No menos de 1 hora entre caminata, juegos y descarga de energía.
  • Socialización: Desde cachorro. Con perros, con personas, con bicicletas y con sombras. Un pitbull que no socializa es un arma sin seguro.
  • Baño y aseo: Cada 3 o 4 semanas con shampoo neutro. Revisar orejas y uñas.
  • Bozal y correa: Sí o sí en lugares públicos. La ley lo exige, pero además, es una barrera ética.
  • Adiestramiento profesional: Obligatorio. Con refuerzo positivo, límites claros y constancia.

Tener un pitbull no es para cualquiera. No es un perro de moda. No es una extensión del ego ni un decorado de Instagram. Es un animal con necesidades complejas y potencial peligroso si se lo cría mal.

Parte IV: La tragedia real que nadie quiere contar

Mientras Darío hace abdominales con el pitbull en el pecho, en La Plata murió un nene de dos años. Su nombre era Valentino Gael Incata Dávila, y apareció sin vida entre una plantación de berenjenas, cubierto de mordeduras. Los tres perros de los vecinos, presuntamente pitbulls, están siendo peritados. El barrio entero está en shock. La fiscalía investiga.

Los dueños de los perros dijeron ante las cámaras de TV: “Nunca pasó algo así”. Pero eso no alcanza. Ni ahora ni nunca.

Porque cuando uno cría un animal poderoso y no lo controla, no alcanza con decir que “eran buenos con los chicos”. No alcanza con que “nunca mordieron a nadie antes”. El peligro no avisa, y las consecuencias son eternas.

Reflexión final

Un perro no mata porque es malo. Mata porque su entorno falló. Porque se lo domesticó mal. Porque no se lo entrenó, se lo usó como símbolo, como defensa, como poder.

Y porque mientras algunos hacen crossfit en el living, otros crían monstruos sin saber que, tarde o temprano, se les sueltan de la correa.


¿Qué opinás vos?
¿Debería haber licencia obligatoria para tener razas como el pitbull?
¿Es culpa del animal o del dueño?
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