El peronismo empieza a ordenar su tablero
Buenos Aires, 18 de abril de 2026 – Lo que en la política argentina muchas veces se cocina en voz baja, esta vez se dijo sin filtro y con acento internacional. El presidente colombiano Gustavo Petro dejó caer una frase que retumbó como piedra en el agua: el gobernador bonaerense Axel Kicillof “posiblemente sea el próximo presidente de Argentina”. No fue un tuit perdido ni un comentario al pasar: fue en España, en un ámbito político y con interlocutores de peso.
El dato no es menor. En política, nadie “lanza” a nadie sin intención. Y menos un jefe de Estado. Petro no es un cuatro de copas en la escena regional: su respaldo, aunque informal, ubica a Kicillof en una vidriera internacional donde ya juegan figuras como Pedro Sánchez o Luiz Inácio Lula da Silva, con quienes el gobernador también tejió vínculos durante su gira.
Mientras tanto, en Argentina, el silencio de Kicillof no fue casual. Evitó confirmar cualquier candidatura, pero tampoco la desmintió. Ese equilibrio fino —ni sí ni no— es típico de quien ya está en carrera pero todavía no quiere quemar etapas. En criollo: no se baja, pero tampoco se expone antes de tiempo.
El viaje a Europa, más allá de la agenda formal, dejó otra lectura política. Reuniones con referentes del socialismo europeo, think tanks ligados al Partido Demócrata estadounidense y figuras del progresismo regional no son turismo institucional. Son, en los hechos, construcción de legitimidad internacional. Y eso, en un país donde la economía depende tanto de la mirada externa, pesa.
En paralelo, el mensaje de fondo empieza a tomar forma. Kicillof insiste en el diagnóstico de “desplome económico” bajo la gestión de Javier Milei, y se posiciona como una alternativa con respaldo político, territorial y ahora también internacional. No es un outsider, no es una figura improvisada: es, probablemente, el dirigente con mayor volumen dentro del peronismo hoy.
Ahora bien, el peronismo no es una autopista libre. Es más bien un conurbano en hora pico: lleno de actores, tensiones y egos. Kicillof aparece como uno de los candidatos más sólidos, pero no el único. La interna todavía no empezó formalmente, pero ya se siente en el aire.
Lo interesante es el timing. Falta para las elecciones, pero los movimientos ya arrancaron. Y cuando un presidente extranjero te nombra como “el próximo”, no es solo una frase: es una señal. Una ficha que se mueve en un tablero más grande que la política local.
En definitiva, Kicillof todavía no se lanzó oficialmente. Pero, como en el boxeo, hay peleas que empiezan antes de que suene la campana. Y esta, guste o no, ya está en marcha.
