La cocina del 18 de mayo de 1810 ¿Que se comia el dia de la escarapela

La cocina del 18 de mayo de 1812: ¿Qué se comía el día de la escarapela?

La cocina del 18 de mayo de 1812: ¿Qué se comía el día de la escarapela?

Fue creada en 1812, por solicitud de Manuel Belgrano, durante el Primer Triunvirato como distintivo en las Provincias Unidas del Río de la Plata. En 1935 el Consejo Nacional de Educación instituyó al 18 de mayo como Día de la Escarapela, uno de nuestros emblemas patrios más representativos.

Tuvo como objetivo unificar los colores del ejército, distinguirse de los enemigos y fomentar la unidad nacional.

Los argentinos y argentinas utilizamos esta insignia del lado izquierdo del pecho, en las fechas vinculadas a su creación (18 de febrero), durante toda la Semana de Mayo (desde el 18 al 25), y también en días festivos nacionales, tales como el Día de la Bandera (20 de junio) y el Día de la Independencia (9 de julio).

Mientras se gestaba la Revolución de Mayo y Belgrano pedía al Triunvirato una escarapela nacional, en las cocinas porteñas se cocinaba a leña, se usaba grasa y no se conocía el aceite de oliva.

Aquel viernes 18 de mayo de 1812, los aromas que flotaban en el aire porteño eran bien distintos a los de hoy. La gente no hablaba de brunch, ni de flat white, ni de empanadas veganas. No había delivery ni freezer. Era tiempo de cazuela humeante, de infusiones de yuyos, de dulce de batata con queso de campo, y de mate cebado con bombilla de asta.


Una cocina sin patria, pero con sabor criollo

Corría el último aliento del Virreinato. No existía aún una identidad nacional, pero la cocina ya hablaba en criollo. En las pulperías, conventillos y casas altas del centro colonial, se comía con sazón española, ingredientes indígenas y hambre americana.

En las mesas humildes del pueblo, el menú del día podía incluir:

  • Guisos de charque (carne salada y secada al sol) con porotos o maíz.
  • Humita en chala o en olla, traída por las raíces quechuas desde el Alto Perú.
  • Puchero criollo: un caldo espeso de carne, zapallo, papas, maíz, cebolla y ají molido.
  • Tortas fritas hechas con grasa vacuna, sin azúcar, con gusto a tierra y a hogar.
  • Pan casero al rescoldo, sin levadura, con harina de trigo o maíz.

En las casas de más alcurnia, se servían asados al asador, pasteles de carne con aceitunas (españolas), empanadas salteadas, y postres como la mazamorra con leche o la dulce ambrosía.


¿Y qué se tomaba en las tazas? Infusiones con historia

El café era casi un lujo, más bien reservado para las clases altas y los salones de tertulia. El té, una rareza británica. Pero el mate… ¡el mate era la patria líquida!

  • Mate amargo o dulce, cebado en calabazas curadas y compartido entre vecinos, soldados y señoras.
  • Infusiones de yuyos como poleo, menta, cedrón o carqueja, que servían tanto para aliviar el estómago como para charlar bajo el alero.
  • Chocolate caliente, hecho con cacao traído del Alto Perú y mezclado con agua o leche, endulzado con caña o miel.

El aguardiente y el vino patero también circulaban entre las mesas y los fuegos, aunque más en los festejos que en la diaria.


Comer era un acto revolucionario

Mientras se discutía en el Cabildo qué hacer con el virrey Cisneros, el pueblo hacía patria con la cuchara. Comer en comunidad, cebar un mate al otro, repartir una tortilla, eran actos silenciosos de una sociedad que aún no sabía que al lunes siguiente estallaría la historia.

¿Y vos? ¿Alguna vez pensaste qué comían nuestros patriotas mientras tejían con palabras la independencia?