Monumento a La Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas, “De los españoles”.

Monumento a los Españoles: Historia, belleza y leyenda del ícono monumental de Palermo

Ubicación: Av. del Libertador y Av. Sarmiento, corazón de los Bosques de Palermo

En el vértice más señorial del pulmón verde porteño, donde Avenida del Libertador se funde con Avenida Sarmiento, se alza imponente una obra monumental que muchos conocen como el Monumento a los Españoles. Su nombre oficial, sin embargo, es mucho más extenso y solemne: Monumento a la Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas. Y no es exageración decir que se trata de una de las piezas escultóricas más imponentes y cargadas de simbolismo que se puedan contemplar en la Ciudad de Buenos Aires.

Un regalo centenario de España a la Argentina

La historia comienza en 1910, año del Centenario de la Revolución de Mayo. Como gesto de fraternidad y reconocimiento histórico, la comunidad española radicada en Argentina decidió regalarle al país este monumento. La piedra fundamental fue colocada con gran ceremonia el 25 de mayo de ese año, con la presencia del presidente José Figueroa Alcorta y la Infanta Isabel de Borbón, tía del rey Alfonso XIII.

Sin embargo, la epopeya de su construcción tardó 17 años en completarse, y no estuvo exenta de tragedias, accidentes y burocracias que parecen salidas de una novela de Sábato.

Una travesía plagada de obstáculos

El escultor original, el catalán Agustín Querol Subirats, falleció en 1909 antes de empezar la obra. Le sucedió Cipriano Folgueras, quien también murió poco después, y finalmente la culminación recayó sobre Antonio Moliné. Las demoras se acumularon: huelgas en las canteras de mármol de Carrara, accidentes de transporte e incluso la amputación de una escultura por una tormenta en Buenos Aires en 1914.

El golpe más trágico ocurrió el 6 de marzo de 1916, cuando el transatlántico Príncipe de Asturias naufragó frente a la costa brasileña. Más de 450 personas murieron y, entre las cargas del barco, se perdieron esculturas de mármol y bronce destinadas al monumento. Recién en 1919 España envió las reposiciones, que fueron demoradas nuevamente… esta vez por la aduana argentina.

Finalmente, el monumento fue inaugurado el 13 de marzo de 1927. El Duque de Amalfi, en nombre del rey Alfonso XIII, se lo entregó simbólicamente al presidente Marcelo T. de Alvear.

Un poema esculpido en mármol y bronce

La obra mide 25 metros de altura y combina mármol blanco de Carrara con bronce fundido. En la cúspide, se eleva la figura de la República Argentina, majestuosa y simbólica, rodeada de alegorías como la Justicia, la Paz, el Trabajo, la Agricultura. En el friso se representan relieves que evocan la unión entre España y América, en un gesto de afecto entre naciones hermanas.

El basamento, erigido sobre una gran fuente, está adornado con figuras alegóricas a las cuatro regiones argentinas:

  • Los Andes
  • El Río de la Plata
  • La Pampa
  • El Chaco

Estas esculturas de bronce reemplazan a las originales perdidas en el naufragio del Príncipe de Asturias.

En sus cuatro caras, el monumento lleva inscripciones:

  • Frente sureste: “Y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino.”
  • Más abajo: “A la Nación Argentina en su primer centenario / Por España sus hijos / 25 de mayo de 1910”
  • Noroeste: “Uno mismo, el idioma”
  • Noreste: “De una misma estirpe”
  • Suroeste: “Grandes sus destinos”

Un escenario de multitudes

En 1934, este monumento fue el centro de un acto que marcó a la ciudad: el cierre del Congreso Eucarístico Internacional. Más de un millón de personas se reunieron en torno a la escultura, que fue cubierta por una cruz de 35 metros de altura. Desde los altoparlantes y en transmisión radial, el mismísimo Papa Pío XI bendijo a los presentes desde el Vaticano.

En 1991, buzos argentinos rescataron del fondo del mar una de las ninfas de mármol que se habían perdido en el naufragio del Príncipe de Asturias. La pieza mide dos metros y fue conservada, aunque hasta hoy la Legislatura porteña no ha resuelto formalmente su incorporación al conjunto.

¿Por qué visitarlo?

Porque es más que una escultura: es un símbolo. Representa la amistad hispano-argentina, la historia viva de la ciudad y la complejidad misma del proceso artístico, político y social de una Buenos Aires que siempre miró a Europa, pero que fue construyendo su identidad propia. Está ubicado a pasos del Ecoparque, del Jardín Japonés, del Planetario y del Rosedal. Es el corazón palermitano del paseo turístico.

Es además, uno de esos sitios donde conviene detenerse, levantar la vista, respirar hondo y recordar que la historia se escribe también en piedra.

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Fuente exclusiva: Palermo Online Noticias