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Palermo: las araucarias del KDT

Palermo: las araucarias del KDT, gigantes prehistóricos que rodean el circuito del cadete

En el corazón del Parque Manuel Belgrano, conocido históricamente por los porteños como el Circuito KDT, existe un paisaje que pasa desapercibido para muchos pero que guarda millones de años de historia natural: las imponentes araucarias que rodean el velódromo y el circuito de ciclismo.

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Altas, geométricas y con una silueta que parece salida de otro tiempo, estas especies se elevan como guardianes silenciosos del deporte urbano y del paisaje verde de Palermo. Quien camina por el circuito, mira hacia arriba o simplemente se detiene unos minutos, descubre un espectáculo natural poco común en la Ciudad de Buenos Aires.

No son árboles cualquiera. Son organismos que pertenecen a un linaje vegetal que existía cuando los dinosaurios dominaban el planeta.


Un árbol prehistórico en plena ciudad

Las araucarias pertenecen a la familia Araucariaceae, una de las más antiguas del mundo vegetal, con más de 200 millones de años de evolución. En Argentina la especie más conocida es la Araucaria araucana, también llamada pehuén, originaria de la Patagonia y Chile, aunque en Buenos Aires se cultivan ejemplares ornamentales adaptados al clima urbano.

Su presencia en los parques porteños responde al diseño paisajístico de fines del siglo XIX y principios del XX, cuando se buscaban especies exóticas, resistentes y de fuerte impacto visual para los espacios verdes públicos.

En el KDT cumplen un rol central: estructuran el paisaje, generan identidad visual y aportan un valor natural único dentro del entorno urbano.


Por qué tienen forma de candelabro

La característica silueta de las araucarias no es casual. Su estructura responde a una estrategia evolutiva extremadamente eficiente.

El árbol crece con un tronco central dominante y desarrolla ramas horizontales en niveles o “pisos” que se forman año tras año. Esta arquitectura permite captar la mayor cantidad de luz solar posible y resistir condiciones climáticas extremas en su ambiente original, como nieve, viento o frío intenso.

El resultado es esa forma simétrica, ordenada y escultórica que las convierte en uno de los árboles más reconocibles del mundo.


Hojas duras, resistentes y siempre verdes

Las hojas de la araucaria son rígidas, gruesas y puntiagudas. Funcionan como una protección natural contra la pérdida de agua, el frío y los herbívoros. A diferencia de los árboles de hoja caduca, no se renuevan cada año.

Por eso las araucarias son especies perennes: mantienen su follaje durante todas las estaciones y realizan fotosíntesis de forma continua, lo que les permite vivir siglos.

Su verde intenso permanece incluso en invierno, cuando muchos otros árboles pierden sus hojas.


Cómo se reproducen y cómo germinan

Las araucarias no producen flores tradicionales. Se reproducen mediante conos, conocidos comúnmente como piñas.

Existen ejemplares masculinos y femeninos. Los árboles masculinos liberan polen que es transportado por el viento hasta los conos femeninos, donde se desarrollan las semillas.

Para germinar una araucaria se necesita:

  • Semillas frescas, ya que pierden viabilidad rápidamente.
  • Suelo bien drenado.
  • Humedad constante sin exceso de agua.
  • Buena exposición solar.
  • Mucha paciencia: su crecimiento inicial es lento.

Son árboles longevos que pueden vivir cientos de años.


Un refugio para la fauna urbana

Aunque su follaje es duro, las araucarias funcionan como refugio para diversas aves que habitan los parques porteños. En sus ramas se observan palomas, torcazas, gorriones, benteveos y otras especies que encuentran altura, seguridad y protección para anidar o descansar.

De esta manera, estos árboles contribuyen al equilibrio del ecosistema urbano.


Cómo cuidar una araucaria sana

Las araucarias son resistentes, pero requieren ciertas condiciones para desarrollarse correctamente:

  • Mucha luz solar directa.
  • Suelos profundos y bien drenados.
  • Riego moderado.
  • Evitar podas agresivas.
  • Espacio suficiente para el crecimiento de sus raíces.

Una vez establecidas, necesitan poco mantenimiento y pueden vivir generaciones enteras.


Patrimonio natural de Palermo

Las araucarias que circundan el circuito del KDT son parte del patrimonio paisajístico de la ciudad. Han acompañado durante décadas la actividad deportiva, los paseos familiares y la transformación urbana del barrio.

El video que acompaña esta nota permite observar su porte monumental, su forma inconfundible y su presencia dominante en el paisaje del parque.

Visitarlas, caminar bajo su sombra y observar su estructura es encontrarse con un fragmento vivo de la historia natural en plena Buenos Aires. Porque mientras la ciudad corre, pedalea y cambia, estos gigantes siguen creciendo hacia el cielo con la calma de los siglos.