Desafios medicos y biologicos que enfrentan las mujeres que deciden ser madres despues de los 35 anos

¿Por qué hay mujeres que se someten a su pareja?

El sometimiento por miedo al abandono: una trampa silenciosa

Hay mujeres que viven atrapadas en una conducta de sometimiento hacia su pareja, empujadas por un miedo visceral: el terror a ser abandonadas. Ese miedo, que aprieta como un grillete invisible, las lleva a tolerar humillaciones, violencia física, verbal y psicológica, como si su dignidad costara menos que su necesidad de no quedarse solas.

El temor al abandono puede ser tan feroz que muchas eligen soportar la degradación, el desprecio y la manipulación antes que enfrentarse al vacío emocional que implica una ruptura. El verdadero problema —la patología— no es solo el maltrato, sino la creencia de que merecen aguantarlo para no ser dejadas de lado.

¿Qué hay detrás de este miedo tan hondo?

Distintos factores se mezclan y enredan en la raíz del problema:

Aspectos biológicos: Vulnerabilidad genética y alteraciones en los circuitos neuronales del apego y la emoción.

Experiencias tempranas: Infancias marcadas por abandono, maltrato, abuso o vínculos inseguros con quienes debían cuidarlas.

Entornos exigentes o severos: Ambientes donde nunca nada alcanza, donde el amor parece condicional al rendimiento o la perfección.

Distorsiones cognitivas: Interpretaciones erróneas de la realidad, donde una discusión mínima se vive como una catástrofe emocional.

Cuando crecer significa nunca ser suficiente, la autoestima queda herida de muerte. Así nace una personalidad que prioriza las necesidades de los demás, calla su dolor y no defiende sus propios derechos. Como dice la vieja sabiduría popular: «quien no aprendió a ser amado, aprende a mendigar cariño».

¿Cómo se explica esta conducta de sometimiento?

La psicología moderna, a través de la Teoría de los «Esquemas Tempranos Inadaptados» de Jeffrey Young, ofrece una explicación contundente: muchos de los pensamientos y emociones que nos guían fueron aprendidos en la infancia y, aunque ya no sirvan, los seguimos usando como si fueran verdades sagradas.
Así, surge la idea irracional: «Si hago todo lo que el otro quiere, no me va a abandonar».
El costo es altísimo: anular las propias necesidades, perder la voz, erosionar lentamente la autoestima hasta quedar reducida a escombros emocionales.

Muchas de estas mujeres no se separan porque sienten que no pueden: experimentan la angustia como si fuera una sentencia de muerte. Justifican el maltrato y se echan la culpa de todo:
«Me insultó porque yo me olvidé de plancharle la camisa… Me lo merezco.»

La relación se convierte en un sacrificio silencioso donde el amor propio queda sepultado bajo capas de miedo y culpa.

¿Se puede salir de esta trampa?

Sí, pero no es fácil. Como todo lo que vale la pena, requiere trabajo y coraje.
Una herramienta poderosa es la Reestructuración Cognitiva, utilizada en la Terapia Cognitiva, que ayuda a desmontar esas creencias distorsionadas que sostienen el sometimiento.

Algunas estrategias clave:

Recordar que lo que uno siente no siempre es la realidad. La mente exagera los miedos; los hechos suelen ser menos catastróficos de lo que imaginamos.

Entender que intentar un cambio no empeorará la situación. Si ya estamos mal, movernos es la única opción para mejorar.

Reconocer que todos, absolutamente todos, tenemos derecho a una vida digna, a ser escuchados y a poner nuestras necesidades sobre la mesa.

También existen grupos de autoayuda que trabajan específicamente el miedo al abandono y el fortalecimiento de la autoestima. Compartir el dolor con otros que han pasado por lo mismo puede ser el primer paso para recuperar la voz perdida.

Nadie merece quedarse en una relación donde tiene que desaparecer para ser querido.
El amor empieza por casa, y la casa más importante es uno mismo.