La política como compromiso, no como show
En un país donde la política a menudo se reduce a slogans, peleas de televisión y memes, el programa “Panorama Político Palermonline” ofreció un remanso de profundidad, memoria y propuestas. Con la conducción de Pablo y Alejandro, la emisión reunió a Roy Cortina, presidente del Partido Socialista y a Mario Lipper Quijano, subsecretario de la Casa del Chaco en la Ciudad de Buenos Aires, en un cruce generacional y territorial que puso en valor el debate político con altura, reflexión y compromiso.
Roy Cortina: entre el barro de la militancia y el sueño de un país con justicia
Cortina no eludió ninguna pregunta. Ni las cómodas ni las incómodas. Desde su iniciación política, en plena dictadura, “cuando la militancia era una forma de valentía”, hasta su presente en la Subsecretaría de Políticas Culturales del Gobierno de la Ciudad, el dirigente socialista dejó en claro que la coherencia no es un lujo: es un deber.
“Mi hermana militaba en el viejo Partido Socialista Popular. Me tenía reclutado, con cariño y presión. Yo era un pibe que leía a Palacios mientras mis amigos escuchaban a Sui Generis. Quería entender por qué las cosas eran como eran. Ahí arranqué”.
En un tramo emocional, Roy recordó su emoción al ver a Alfonsín ingresar a Plaza de Mayo en 1983:
“Me subí a un cantero para verlo. Esa campaña fue un fuego. Se respiraba política. Nosotros militábamos desde un partido chico, pero la esperanza era gigante”.
Cuando le preguntaron por su paso dentro de Juntos por el Cambio, fue directo:
“No me alineé con el PRO. Participamos como partido en una coalición donde teníamos voz. No vendimos la identidad. Y lo digo ahora con más fuerza que nunca: la derecha argentina es hoy más peligrosa que en los 90. Tiene ínfulas liberticidas”.
Y aclaró:
“Yo creo en las alianzas amplias, pero no en los pactos con el diablo. Si la Libertad Avanza avanza sobre la democracia, yo me voy. No tengo dudas. Pero mientras tanto, mi lugar es defender la cultura en el sur de la Ciudad, donde nadie baja”.
Tango, cultura y una pregunta incómoda: ¿por qué no se enseña a bailar tango en las escuelas?
La pregunta llegó como un gesto provocador, y Cortina la abrazó:
“Nunca me lo habían preguntado. Me parece brillante. El tango está ausente en la educación pública. El rock, apenas. Hay una deuda cultural profunda. Tenemos una ciudad que respira arte, pero una escuela que aún huele a Europa del siglo XIX”.
Y agregó:
“Desde la Fundación Piazzolla intentamos con fuerza que se enseñe bandoneón. Lo conseguimos en algunas escuelas. Pero falta una política cultural integral. El Estado le debe una política estratégica a la cultura. No solo como expresión: también como economía”.
La cultura no se delega, se construye
“Yo soy un socialista que cree en la economía creativa”, dijo Cortina, y explicó que hoy la cultura representa más del 10% del PBI en países desarrollados.
“No es solo un espacio simbólico. Es una industria. Y si Corea del Sur puede hacer del K-pop su bandera exportadora, nosotros también podemos hacerlo con el tango, con el folklore, con el rock nacional. Pero hay que tener visión, no solo Instagram”.
El actual funcionario de Cultura porteño explicó que está recorriendo 450 espacios culturales al sur de Avenida Rivadavia:
“Ahí está el corazón olvidado de la Ciudad. El sur sigue siendo sur: más talento que recursos, más resistencia que visibilidad. Por eso mi tarea es dar vuelta esa asimetría con acciones concretas”.
La Argentina como problema y como promesa
Más allá de su rol actual, Cortina reflexionó sobre el país:
“Argentina es un país que se niega a discutir lo que importa. Todos los gobiernos dicen que vamos a alimentar al mundo. No es así. Somos un país con déficit estructural de dólares. Y eso no se resuelve vendiendo soja, sino exportando tecnología y conocimiento”.
Con su tono pausado y académico, insistió en el nudo central:
“Nosotros necesitamos un plan nacional de desarrollo productivo. Y ese plan requiere una reforma impositiva progresiva, una reforma del Estado transparente y una política educativa centrada en el siglo XXI. Y sobre todo: requiere un gobierno de unidad nacional, sin delirios mesiánicos”.
Sobre el modelo libertario de Javier Milei, fue categórico:
“Este es un gobierno peligroso. No solo por lo que hace, sino por lo que inspira. Ha legitimado la crueldad. Ha instalado la idea de que la política es enemiga de la libertad. Y eso es el primer paso hacia el autoritarismo”.
¿Y el futuro?
Cuando se lo consultó sobre las próximas elecciones, Roy no descartó ningún escenario, pero advirtió que la prioridad es clara:
“Si para frenar a este modelo de ultraderecha tengo que sentarme con el radicalismo, con sectores del peronismo, con referentes de las pymes o con artistas que no votaron nunca, lo haré. Porque la democracia es frágil. Y no la vamos a perder por orgullo”.
También lanzó un mensaje a los jóvenes:
“La política no es el Congreso. La política es el club de barrio, la universidad, la biblioteca, el centro cultural. Yo arranqué ahí. Y desde ahí cambiamos las cosas”.
Mario Lipper Quijano: reconstruir el Chaco, desde Callao
Por su parte, Mario Lipper Quijano hizo una intervención cargada de compromiso federal. Desde su rol al frente de la Casa del Chaco en Buenos Aires, contó cómo transformó una estructura burocrática y apagada en un verdadero faro cultural.
“La encontramos devastada. La querían cerrar. Dijimos: esto no es una oficina. Es la embajada del Chaco. Y desde entonces hay eventos todas las semanas, apoyo a artistas, espacio para ensayos y ayuda concreta a pacientes derivados por salud”.
Conmovió al narrar cómo acompaña personalmente a las familias chaqueñas que vienen con niños enfermos a atenderse en Buenos Aires:
“Hay gente que llega desbordada, perdida. Y algunos hoteles los tratan mal. Yo voy, los visito, me aseguro que tengan gas, frazadas, que se les hable con respeto. Porque representar al Chaco también es cuidar a los más vulnerables”.
¿Qué país queremos?
El cierre del programa dejó varias certezas flotando en el aire:
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Que la política sigue siendo una herramienta de transformación.
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Que la cultura no es adorno, sino motor de desarrollo.
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Que la democracia no se defiende con palabras, sino con actos.
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Que la Argentina se salva con un proyecto de país, no con un tuit viral.
¿Y vos, qué pensás? ¿Creés que la cultura y la política aún pueden construir futuro?
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