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Trabajo, deuda y polarización: las señales de alarma de una Argentina que no llega a fin de mes

La morosidad de las familias lleva 19 meses consecutivos en aumento y uno de cada tres argentinos endeudados tiene dificultades para pagar. En ese escenario, Horacio Rodríguez Larreta reclamó un plan de desarrollo, mientras la Iglesia reunió a más de 500 dirigentes para promover el diálogo social y superar la fragmentación política.

La crisis económica argentina comienza a mostrar un rostro cada vez más preocupante: familias que utilizan el crédito para cubrir gastos cotidianos, trabajadores que pierden sus empleos, jóvenes atrapados entre las deudas y las apuestas, y millones de personas que quedan excluidas del sistema financiero por no poder cumplir con sus obligaciones.

El economista Claudio Caprarulio, director de la consultora Analytica, advirtió que uno de cada tres argentinos que tiene deudas ya encuentra dificultades para pagarlas. Según explicó, la morosidad registra una “fuerte suba” desde 2025, particularmente entre las familias.

El dato se incorpora a un debate más amplio sobre el rumbo económico del país. El exjefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta reconoció la importancia del equilibrio fiscal, pero sostuvo que resulta insuficiente sin crecimiento, creación de empleo y recuperación de los salarios.

En paralelo, la Iglesia reunió en Almirante Brown a dirigentes políticos, jueces, rectores universitarios, sindicatos y empresarios para reclamar una salida basada en el diálogo social y advertir sobre las consecuencias de la polarización.

Uno de cada tres deudores no puede pagar

De acuerdo con las estimaciones de Analytica, la morosidad se ubicó en el 16% durante mayo. Sin embargo, Caprarulio señaló que el cuadro resulta todavía más grave cuando se analiza la cantidad de personas afectadas.

“El número es peor cuando se mira la cantidad de personas que tiene problemas para pagar: uno de cada tres argentinos que tienen deuda no la están pudiendo pagar”, afirmó en declaraciones a Splendid AM 990.

Un análisis de la consultora 1816, elaborado sobre datos del Banco Central, calculó que la mora en los préstamos a familias alcanzó el 12,7% durante el mismo mes. Se trató de la decimonovena suba consecutiva.

Las diferencias entre ambos porcentajes responden a metodologías y universos de medición distintos, pero las dos investigaciones coinciden en la misma tendencia: la irregularidad en los pagos continúa creciendo y se transforma en un problema estructural.

Según el informe de 1816, cerca de siete millones de personas habrían quedado fuera del circuito formal de financiamiento.

Las familias se endeudan para sostener el consumo

Caprarulio consideró que la Argentina atraviesa un “problema sistémico” impulsado por diversos factores. Entre los principales mencionó la caída del poder adquisitivo y el aumento de las tarifas de los servicios públicos.

El incremento del costo de la electricidad, el gas, el agua, el transporte y otros servicios esenciales redujo el dinero disponible para alimentos, indumentaria, medicamentos y consumos familiares.

En muchos hogares, las tarjetas de crédito y los préstamos dejaron de utilizarse para realizar compras extraordinarias. Ahora funcionan como un complemento del salario para llegar a fin de mes.

La deuda permite postergar el problema, pero no necesariamente resolverlo. Cuando los ingresos permanecen estancados y las obligaciones se refinancian con intereses, la cuota del mes siguiente se suma a nuevos gastos y conforma una rueda difícil de detener.

“No es un problema de pronta solución”, reconoció el economista.

Los jóvenes, el sector más afectado

La situación alcanza niveles especialmente graves entre los menores de 35 años. El informe de la consultora 1816 indicó que la irregularidad en los pagos llega al 42,8% entre las personas de 18 a 25 años.

En la franja de 26 a 35 años, la mora se ubica en el 39,3%, mientras que entre los 36 y los 45 años alcanza el 31%.

Caprarulio vinculó parte del endeudamiento de los más jóvenes con el crecimiento de las apuestas y la ludopatía. Las plataformas digitales permiten apostar durante las 24 horas y convierten al teléfono celular en una puerta de entrada permanente al juego.

Sin embargo, el fenómeno no puede reducirse únicamente a las apuestas. La precariedad laboral, los salarios bajos, los alquileres elevados y la falta de educación financiera también dejan a los jóvenes más expuestos al crédito de corto plazo y a formas de financiamiento con costos elevados.

Refinanciar no alcanza

Frente al crecimiento de la mora, distintos bancos comenzaron a ofrecer planes de refinanciación. Estas alternativas pueden reducir la presión inmediata sobre algunas familias, aunque no solucionan el problema de fondo.

“Esto no va a resolver el problema de tener a más de cinco millones de argentinos que no van a poder volver a endeudarse”, advirtió Caprarulio.

La exclusión del crédito formal puede empujar a muchas personas hacia préstamos informales, aplicaciones financieras poco transparentes o prestamistas que cobran intereses considerablemente mayores.

El problema deja entonces de ser exclusivamente bancario. Cuando millones de ciudadanos quedan fuera del financiamiento formal, también se reducen el consumo, la actividad comercial y las posibilidades de recuperación económica.

Larreta: “El equilibrio fiscal no alcanza”

En este contexto, Horacio Rodríguez Larreta cuestionó la política económica del Gobierno de Javier Milei. El exjefe de Gobierno porteño sostuvo que ordenar las cuentas públicas es necesario, pero advirtió que esa estabilidad debe convertirse en la base de un programa de desarrollo.

“El fin último de un Gobierno tiene que ser generar laburo, generar trabajo de buena calidad con buenos sueldos, trabajos que generen valor agregado. Todo eso no lo hay”, afirmó.

Larreta señaló que algunas recuperaciones sectoriales conviven con una caída general de las contrataciones y con despidos en grandes empresas, terminales industriales y comercios de cercanía.

“Yo rescato el equilibrio fiscal, está bien, sin estabilidad no hay nada, pero no alcanza. La estabilidad tiene que ser la base para un plan de desarrollo en el que la Argentina crezca”, agregó.

Para el dirigente opositor, el país necesita incrementar sus exportaciones, promover actividades con mayor elaboración y establecer una estrategia productiva de mediano y largo plazo. “No hay una visión, no hay un plan de desarrollo”, cuestionó.

Un Estado que acompañe la reconversión laboral

Larreta también rechazó la idea de que el mercado pueda resolver por sí solo las consecuencias de los cierres de empresas, los despidos y las transformaciones tecnológicas.

“Tenés que tener un Estado que acompañe ese proceso, recapacitando a la gente”, sostuvo.

La reconversión laboral se vuelve especialmente urgente ante la expansión de la automatización y la inteligencia artificial. Estas tecnologías pueden incrementar la productividad, pero también reemplazar tareas y profundizar las desigualdades si no existen programas de formación y protección para los trabajadores afectados.

El exmandatario porteño planteó además sus reparos frente al denominado “Super RIGI” y se opuso a que las compañías tecnológicas obtengan concesiones totales o queden liberadas de responsabilidades civiles y comerciales.

Según Larreta, el desarrollo de la inteligencia artificial presenta riesgos sobre el empleo y la soberanía informativa que requieren regulaciones claras y una presencia activa del Estado.

La Iglesia llamó a superar la polarización

Mientras avanzan la deuda familiar y la incertidumbre laboral, más de 500 representantes políticos, sociales, religiosos, judiciales, universitarios, sindicales y empresariales participaron de la “Jornada Patria por la Cultura del Encuentro: de Francisco a León XIV en Tiempos de Polarización”.

La actividad se realizó en el Pequeño Cottolengo Don Orione, en Almirante Brown, y fue organizada por la Comisión Pastoral Social Región Buenos Aires.

Participaron el gobernador bonaerense Axel Kicillof; la vicegobernadora Verónica Magario; obispos de distintas diócesis; intendentes; magistrados; rectores universitarios; legisladores y representantes de la CGT, las dos CTA, la UTEP, CAME y FEBA.

La convocatoria tuvo como objetivo construir un espacio multisectorial inspirado en el legado del papa Francisco y el pontificado de León XIV.

Entre los representantes eclesiásticos estuvieron los obispos Carlos José Tissera, Oscar Ojea, Maximiliano Margni, Juan José Chaparro, Pedro Cannavo y Eduardo García.

También participaron el juez de la Cámara Federal de Casación Penal Alejandro Slokar; el procurador general de la Suprema Corte bonaerense, Julio Conte Grand, y rectores de las universidades nacionales de Hurlingham, Avellaneda, San Martín, Guillermo Brown, Quilmes, Pedagógica Nacional y Luján, entre otras casas de estudio.

“El diálogo social es el antídoto”

Después del trabajo en comisiones, los participantes difundieron un documento en el que advirtieron que la región metropolitana y la Argentina atraviesan “un profundo proceso de polarización que no nos permite construir una identidad común”.

El texto describió una sociedad “fragmentada y dividida” por intereses sectoriales y reclamó que la política recupere su función de servicio al bien común.

A partir de la encíclica Fratelli Tutti, del papa Francisco, los participantes señalaron que “la política no debe someterse a la economía” y advirtieron que tanto determinadas expresiones liberales como algunos populismos pueden terminar favoreciendo intereses alejados de los sectores más vulnerables.

El documento reivindicó el diálogo social como “antídoto a la polarización”, pidió abandonar “la politiquería barata” y convocó a construir consensos alrededor de un proyecto provincial y nacional.

También expresó la expectativa de que una eventual visita del papa León XIV a la Argentina contribuya a promover el encuentro frente a los desafíos sociales del país.

Una crisis económica que también es política

Las advertencias sobre la morosidad, los cuestionamientos de Larreta y la convocatoria de la Iglesia describen distintas caras de un mismo problema.

El deterioro del salario lleva a las familias al crédito. La deuda impaga las excluye del sistema financiero. La recesión reduce el empleo y el consumo. Y la polarización política dificulta la construcción de acuerdos duraderos para modificar esa realidad.

El equilibrio fiscal puede ser una condición necesaria, pero no constituye por sí solo un programa nacional. Una economía también debe medirse por su capacidad para generar trabajo, sostener a las pequeñas empresas, integrar a los jóvenes y permitir que las familias paguen sus obligaciones sin sacrificar alimentos, salud o educación.

La Argentina necesita ordenar sus cuentas, pero también reconstruir su tejido productivo y social. Porque cuando uno de cada tres ciudadanos endeudados no puede pagar, el problema ya no pertenece solamente a cada deudor: es una alarma encendida para todo el país.

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