Turismo subterráneo en Palermo: entre lagos podridos, cámaras secretas y fantasmas de la ingeniería porteña
Noticias | Palermo. Comuna 14
En pleno siglo XXI, cuando los turistas se amontonan en las veredas del Soho, fotografían el brunch en Palermo Hollywood y caminan extasiados por el Rosedal, un secreto olvidado del siglo XIX sale a la superficie: una cámara subterránea en el lago Darwin del ex Zoológico de Buenos Aires, vestigio de una ingeniería urbana que alguna vez quiso ganarle a las inundaciones, al barro y a las modas.
Sí, Palermo no solo tiene bares temáticos, murales instagrameables y brunchs veganos. También tiene túneles bajo el agua, ruinas tecnológicas, cisternas tapadas por “modernizaciones” y una usina escondida que Domingo Faustino Sarmiento soñó para darle luz al parque y terminó enterrada bajo una fuente neocolonial.
Un paseo distinto: de brunch a arqueología hidráulica
Los turistas que hoy cruzan el Jardín Japonés con sus cámaras o se suben a un bote a pedal en los Lagos de Palermo probablemente no sepan que debajo de sus pies existe un sistema de drenaje y bombeo de agua más sofisticado que muchas soluciones modernas. Descubierto en 2018 por el arqueólogo Daniel Schávelzon, este complejo sistema fue parte de un proyecto que comenzó con Juan Manuel de Rosas, siguió con Carlos Thays y fue olvidado por la burocracia del siglo XX.
En lugar de simplemente vaciar los lagos cada 20 años como se hace hoy, estos próceres de la ingeniería planificaron vasos compensadores, lagos artificiales con canales subterráneos y cañerías de más de 30 centímetros de diámetro que se conectaban entre sí. Como si Buenos Aires hubiese tenido su propio acueducto romano, pero tapado por la desidia y la mugre.
¿Dónde está esta cámara secreta?
La entrada está en la isla del lago Darwin, ubicada dentro del predio del ex Zoológico porteño, hoy rebautizado como Ecoparque. Bajo la fuente decorativa que adorna el lugar, las máquinas que trabajaban en las obras de remodelación tropezaron con una bóveda, un túnel, un caño maestro… y una historia enterrada.
La cámara mide 2,30 metros de diámetro y conecta con una galería de seis metros. Allí caía el agua a presión, llegaba desde pozos excavados hasta la segunda napa y se distribuía por gravedad o por fuerza mecánica usando la antigua usina de vapor del parque. Y aunque hoy los lagos huelen a algas podridas, en 1904 la ciudad tenía un sistema más limpio y lógico que muchos actuales.
¿Un nuevo atractivo turístico?
¿Y si Palermo deja de vender sólo diseño, brunchs y frapuccinos, y se anima a mostrar su historia enterrada? Hay quienes proponen abrir este tipo de estructuras al público, como se hace en París con sus catacumbas, en Londres con sus túneles del metro abandonado, o en Roma con sus cloacas imperiales.
Imaginá una ruta arqueológica subterránea por Palermo, que incluya:
- La cámara del lago Darwin.
- Los túneles bajo el edificio del MOA.
- La posible conexión con el lago del Jardín Japonés.
- Las ruinas de la vieja usina de Rosas.
- Y, por qué no, un bar temático en una cisterna restaurada.
Sería un turismo sin maquillaje, sin dulce de leche ni paredes con neón. Un turismo que huele a humedad y a historia, a agua estancada y a civilización frustrada.
Palermo, el barrio que lo tuvo todo y lo olvidó
Mientras las influencers posan en una vereda arbolada con un flat white en la mano, Palermo guarda bajo tierra una Buenos Aires que pensaba el futuro con lógica hidráulica. Lo que hoy son estanques con botellas flotando, alguna vez fueron circuitos de agua interconectados pensados para regular el clima, limpiar los lagos y hasta evitar inundaciones en los sótanos del barrio.
“En vez de conservar, vaciamos. En vez de mejorar, rellenamos. Y lo que pudo ser un sistema barato y eficiente, hoy es solo otra ruina invisible”, concluye Schávelzon, casi como un arqueólogo que cava en una ciudad que no quiere recordar.
¿Vos qué decís?
¿Te animarías a hacer turismo subterráneo en Palermo? ¿Pasear por túneles olvidados en vez de ir al bar de moda? ¿Tomar mate sobre una cámara hidráulica de 1904? En la ciudad que se renueva cada diez años olvidando lo anterior, quizás es hora de mirar para abajo y redescubrir lo que Buenos Aires supo construir cuando aún tenía sed de futuro.
¿Conocés otras historias enterradas en Palermo? ¿Querés contar la tuya?
