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Cuando el Stud Free Pub cambiaba y el rock también

Para entender el fenómeno del Stud Free Pub hay que volver a la Argentina de comienzos de los años ochenta. El país estaba saliendo de la última dictadura militar, la Guerra de Malvinas había terminado en derrota y una generación entera buscaba nuevos espacios para expresarse. En las calles se respiraba incertidumbre económica, pero también una enorme sensación de libertad recuperada.

La democracia regresó en diciembre de 1983 con la llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia. Mientras los argentinos volvían a votar, los músicos comenzaban a ocupar escenarios que durante años habían estado condicionados por la censura, el miedo y la persecución cultural. En los bares, teatros y sótanos de Buenos Aires aparecieron nuevas formas de hablar, de vestirse y de hacer música.

El Stud Free Pub fue uno de esos refugios. Allí convivían punks, rockeros, estudiantes universitarios, artistas plásticos, periodistas, actores, músicos y jóvenes que simplemente querían ser parte de algo nuevo. No existían todavía las redes sociales. Las tribus urbanas se encontraban cara a cara. Las amistades, los romances, las bandas y hasta los proyectos culturales nacían en las mesas de los bares.

Era una época de ebullición creativa. Charly García editaba «Clics Modernos», Soda Stereo daba sus primeros pasos, Sumo construía una identidad propia, Los Abuelos de la Nada volvían a conquistar al público y Los Redondos comenzaban a transformarse en una leyenda subterránea. Todo parecía estar ocurriendo al mismo tiempo.

Las discográficas buscaban nuevos talentos, las revistas especializadas multiplicaban su influencia y las radios comenzaban a abrir espacios para una generación que no quería repetir el pasado. El rock argentino dejó de ser una expresión marginal para convertirse en la banda sonora de la recuperación democrática.

Por eso quienes vivieron aquellas noches recuerdan al Stud como mucho más que un pub. Era un punto de encuentro donde se cruzaban todas las corrientes culturales de la época. En una misma noche podían coincidir Luca Prodan, Pipo Cipolatti, músicos desconocidos que recién armaban una banda, periodistas de Pelo, actores del Parakultural y estudiantes que al día siguiente debían levantarse temprano para ir a trabajar o a la facultad.

Aquella Buenos Aires era mucho más pequeña de lo que parece hoy. Todos terminaban encontrándose en los mismos lugares: el Stud, Café Einstein, Bolivia, Palladium, La Esquina del Sol o más tarde Cemento. Las bandas compartían equipos, escenarios y público. Lo que hoy parecen nombres gigantes eran apenas grupos que intentaban conseguir una fecha para tocar el fin de semana siguiente.

La explosión cultural de los años ochenta no nació en las grandes productoras ni en los estadios. Nació en espacios pequeños como el Stud Free Pub, donde una generación descubrió que podía volver a hablar, cantar, crear y discutir sin miedo.