Por la Redacción de Palermonline
Elisa Carrió volvió a sacudir el tablero político argentino. Alejada de los cargos públicos pero no de la discusión nacional, la fundadora de la Coalición Cívica aprovechó su paso por el programa de Mirtha Legrand para lanzar una serie de acusaciones que impactaron de lleno en dirigentes del PRO, la UCR y sectores del poder judicial.
La dirigente fue especialmente dura con el diputado nacional Cristian Ritondo. «Ritondo dice que yo no le hablo porque es desmoroncho. No, señores, yo no le hablo porque es corrupto», disparó sin rodeos. Además, recordó las denuncias por enriquecimiento ilícito y sostuvo que el legislador «no puede explicar 180 propiedades», una acusación que vuelve a poner bajo la lupa el patrimonio de uno de los principales referentes del PRO bonaerense.
Pero los cuestionamientos no terminaron allí. Carrió también apuntó contra Mauricio Macri, a quien respaldó durante años. «Macri no puede decir que se predica con el ejemplo», afirmó, reconociendo incluso que se equivocó al acompañarlo políticamente. En la misma línea criticó a Rogelio Frigerio, Horacio Rodríguez Larreta y Gerardo Morales, a quienes vinculó con prácticas que, según ella, explican buena parte de la crisis de credibilidad de la dirigencia.
La ex diputada fue igualmente severa con la Unión Cívica Radical. Recordó que abandonó el partido por diferencias vinculadas a la corrupción y aseguró que durante años existió un pacto de silencio sobre conductas cuestionables dentro de la fuerza fundada por Alem e Yrigoyen. «Nadie habla de la corrupción que hubo en el radicalismo», afirmó.
Un país donde la política volvió a ser la principal preocupación
Las declaraciones de Carrió llegan en un momento especialmente sensible para el Gobierno nacional. Según un informe de la Universidad Católica Argentina (UCA), la incertidumbre económica volvió a crecer durante mayo y alcanzó los 55 puntos.
Lo llamativo del relevamiento es que, por primera vez en mucho tiempo, la principal preocupación de los argentinos ya no es exclusivamente la inflación o el dólar. La política pasó a ocupar el primer lugar entre las inquietudes sociales con el 30% de las menciones.
El fenómeno coincide con las polémicas alrededor del patrimonio del jefe de Gabinete Manuel Adorni, las tensiones internas dentro del oficialismo y los crecientes enfrentamientos entre distintos sectores del poder.
En segundo lugar aparece el empleo, con el 22% de las preocupaciones. La pérdida de puestos de trabajo y el cierre de empresas siguen golpeando especialmente a la industria y la construcción. Según datos oficiales citados en el informe, desde el inicio de la gestión de Javier Milei se perdieron más de 205.000 empleos formales privados y cerca de 68.000 puestos en el sector público.
La economía quedó relegada al tercer lugar con el 21%, un dato que muestra un cambio significativo respecto de los primeros meses del actual gobierno, cuando la inflación y la devaluación dominaban todas las conversaciones.
El contrato de mínima decencia
Lejos de anunciar un regreso electoral, Carrió aseguró que su etapa partidaria está terminada. Sin embargo, dejó claro que seguirá interviniendo en el debate público.
«Yo ahora estoy fuera de la política porque di la lucha, puse el cuerpo y puse a mi familia», sostuvo.
Y cerró con una frase que resume el clima de desconfianza que atraviesa buena parte de la sociedad argentina: «Vamos a un contrato de mínima decencia. Ya no estoy pidiendo nada más que eso».
Las palabras de Carrió resuenan en un momento donde las encuestas muestran que la política volvió a convertirse en el principal foco de incertidumbre nacional. Cuando la economía deja de ser la única preocupación y la dirigencia vuelve a ocupar el centro de la escena, cada declaración de «Lilita» funciona como una granada lanzada al corazón del sistema político argentino.
