Jaime Yankelevich el hombre que le puso voz y pantalla a la Argentina de Peron

Jaime Yankelevich: el hombre que le puso voz y pantalla a la Argentina de Perón

En la historia cultural argentina hay nombres que funcionan como una bisagra. Personas que no solamente hicieron negocios, sino que cambiaron la manera en la que un país se miró a sí mismo. Jaime Yankelevich fue uno de esos tipos. Empresario feroz, intuitivo, inmigrante, visionario y obsesivo, terminó convirtiéndose en el gran arquitecto de la radio moderna y en el padre práctico de la televisión argentina. Detrás de los micrófonos, de las primeras cámaras y de los estudios llenos de humo de cigarrillo, se escondía también un operador cultural de enorme influencia, un hombre que entendió antes que nadie que quien controla la comunicación controla una parte del alma popular.

Yankelevich no fue solamente un empresario exitoso. Fue el tipo que comprendió cómo hablaba Buenos Aires, qué quería escuchar la clase media, cómo lloraba el arrabal y de qué manera el peronismo podía usar la radio y la televisión para construir épica nacional. En Palermo, en Barrio Norte, en los cafés de Corrientes y en las redacciones porteñas todavía flota su sombra como un fantasma elegante de traje oscuro y mirada filosa.

De inmigrante pobre a magnate de los medios

Jaime Yankelevich nació en 1896 en Bessarabia, territorio que hoy forma parte de Moldavia. Llegó a la Argentina siendo apenas un chico, como tantos inmigrantes judíos del Este europeo que desembarcaron en Buenos Aires escapando del hambre, de los pogroms y del derrumbe del viejo mundo imperial. Aquella Buenos Aires todavía olía a caballo, barro y carbón. El país estaba creciendo y absorbía millones de inmigrantes que soñaban con hacerse un lugar.

Arrancó desde abajo, literalmente. Vendía radios, reparaba equipos y entendía la tecnología con una mezcla rara de intuición y ambición comercial. Mientras otros todavía veían a la radio como una curiosidad técnica, Yankelevich entendió que aquello iba a convertirse en un fenómeno de masas. Ahí apareció el genio. No el inventor puro, sino el estratega. El hombre capaz de conectar tecnología, entretenimiento y negocio.

En los años treinta tomó el control de Radio Belgrano y transformó la emisora en un monstruo popular. La radio dejó de ser un lujo para pocos y pasó a convertirse en la compañía diaria del país entero. La Argentina empezaba a escucharse a sí misma. Tangos, radioteatros, noticias, humoristas, relatos deportivos y transmisiones políticas se mezclaban en una sola corriente eléctrica que atravesaba las paredes de conventillos y mansiones por igual.

El creador de las estrellas

Si algo entendía Jaime Yankelevich era el talento popular. Supo construir figuras mediáticas antes de que existiera el concepto moderno de celebridad. Por sus emisoras pasaron Tita Merello, Niní Marshall, Luis Sandrini, Hugo del Carril y decenas de artistas que terminaron convirtiéndose en símbolos nacionales.

Pero Yankelevich no era sentimental. Era duro negociando. Muchos artistas lo admiraban y otros lo odiaban. Tenía fama de controlador y de exigir resultados permanentes. Sin embargo, casi todos reconocían que había entendido algo fundamental: la cultura popular no debía avergonzarse de ser masiva.

Mientras ciertos sectores intelectuales miraban con desprecio al tango, al radioteatro o al humor criollo, Yankelevich veía allí un negocio gigantesco y también una forma de identidad argentina. El hombre sabía leer al pueblo. Sabía cuándo emocionarlo y cuándo hacerlo reír.

La relación con Juan Domingo Perón

La relación entre Jaime Yankelevich y Juan Domingo Perón fue compleja, estratégica y profundamente política. Ambos entendían el valor del relato. Ambos comprendían que las masas modernas ya no se organizaban solamente en las fábricas o en los partidos, sino también alrededor de los medios de comunicación.

Durante el primer peronismo, la radio se transformó en una herramienta central para construir legitimidad política y emocional. Los discursos de Perón y Eva Perón llegaban a cada rincón del país gracias a una estructura radial que empresarios como Yankelevich habían ayudado a consolidar. No era solamente propaganda: era la creación de una liturgia nacional moderna.

Yankelevich mantuvo una relación cercana con el poder peronista. No podía ser de otra manera. En aquellos años, medios y política caminaban abrazados como dos malevos en una esquina de Corrientes. El empresario entendió rápido que enfrentarse frontalmente al gobierno era suicida, pero también comprendió que acompañar al régimen le abría puertas enormes.

La televisión argentina nació, justamente, bajo ese contexto político.

El nacimiento de la televisión argentina

El 17 de octubre de 1951, en pleno Día de la Lealtad Peronista, se realizó la primera transmisión oficial de la televisión argentina. Detrás de aquel acontecimiento histórico estaba Jaime Yankelevich.

Fue él quien impulsó la compra de equipos, la instalación técnica y el desarrollo inicial del sistema televisivo. Canal 7 nació prácticamente como un proyecto político-cultural ligado al gobierno de Perón, pero también como la culminación del sueño empresarial de Yankelevich.

Las primeras imágenes televisivas argentinas mostraron a Eva Perón enferma y a Perón hablándole a la multitud. Una escena fundacional cargada de simbolismo. La televisión argentina nació peronista, estatal y profundamente emocional. No nació desde la neutralidad técnica, sino desde la pasión política.

Yankelevich había entendido otra vez el futuro. Mientras muchos todavía desconfiaban del nuevo medio, él veía una revolución total. La radio había unido voces. La televisión iba a unir imágenes, emociones y poder.

La tragedia familiar que lo destruyó

Detrás del empresario duro existía un hombre marcado por una tragedia brutal. En 1951, su hijo Miguel Yankelevich murió en un accidente aéreo en Brasil. El golpe fue devastador.

Muchos historiadores culturales sostienen que Jaime nunca se recuperó emocionalmente de esa pérdida. Su salud comenzó a deteriorarse rápidamente. El hombre que había dominado estudios, radios y negociaciones empezó a apagarse.

Hay algo profundamente porteño en esa historia. El inmigrante que conquista el éxito absoluto y termina roto por una tragedia íntima. Como un tango de Discépolo mezclado con la modernidad eléctrica de los años cincuenta.

Jaime Yankelevich murió en 1952, apenas un año después de la inauguración oficial de la televisión argentina. Tenía solamente 56 años.

La familia Yankelevich y la dinastía mediática

La familia Yankelevich siguió vinculada durante décadas al mundo del espectáculo y los medios. Su hijo Samuel Yankelevich continuó relacionado con negocios de comunicación y entretenimiento, mientras que generaciones posteriores quedaron conectadas al universo televisivo argentino.

Décadas después, el apellido volvería a resonar con fuerza a través de Gustavo Yankelevich, histórico productor de televisión y una de las figuras más importantes de Telefe en los años noventa. Gustavo fue además pareja de Cris Morena, formando una de las familias más influyentes del entretenimiento argentino contemporáneo.

Desde Romay hasta Tinelli, desde Sofovich hasta los streamers actuales, buena parte de la lógica de la televisión argentina todavía conserva algo del ADN industrial que dejó Jaime Yankelevich: velocidad, emoción, figuras populares y una mezcla constante entre política, espectáculo y negocio.

Perón, Evita y el poder de la emoción

El vínculo entre Perón y Yankelevich revela algo más profundo sobre la Argentina del siglo XX. Ambos entendieron que la emoción popular vale más que cualquier tratado técnico. La radio y la televisión no eran simples aparatos: eran herramientas para construir identidad colectiva.

Eva Perón fue probablemente la figura política que mejor comprendió el impacto emocional de la radio. Su voz llegaba a hogares humildes donde el Estado nunca había llegado antes. Yankelevich hizo técnicamente posible esa expansión emocional.

Por eso la relación entre medios y peronismo sigue siendo, todavía hoy, un tema incómodo para muchos sectores argentinos. Porque obligó a reconocer que la cultura popular podía tener una potencia política enorme.

Un fantasma que todavía vive en Buenos Aires

Caminar hoy por Palermo, por Retiro o por Corrientes es caminar sobre las ruinas invisibles de aquella Argentina radial y televisiva que ayudó a construir Jaime Yankelevich. Los viejos estudios desaparecieron o se transformaron, pero la lógica del espectáculo sigue intacta.

Los streamings actuales, los canales de noticias que viven de la polémica permanente, los influencers que mezclan política y entretenimiento, todos son hijos lejanos de aquella revolución mediática iniciada hace casi un siglo.

Yankelevich entendió algo que hoy parece obvio, pero que entonces era revolucionario: la gente no consume solamente información. Consume compañía, emoción y pertenencia.

En una Buenos Aires donde los cafés todavía discuten política como si fuera fútbol y donde la televisión continúa fabricando héroes y villanos de utilería, la figura de Jaime Yankelevich sigue apareciendo como la de un gran titiritero moderno. Un inmigrante que llegó sin nada y terminó ayudando a construir el escenario emocional de toda una nación.

Porque antes de los algoritmos, antes de las redes y antes de los escándalos virales, hubo tipos como él. Tipos que entendieron que la Argentina también podía narrarse desde una antena.

Los pioneros de Canal 7: los primeros programas, actores y estrellas de la televisión argentina bajo el mando de Jaime Yankelevich

Cuando Canal 7 empezó a transmitir oficialmente en 1951, la televisión argentina era casi un experimento de laboratorio mezclado con circo criollo, teatro de revista y magia técnica. Había pocas cámaras, muchísimo calor en los estudios, cables por todos lados y actores que no sabían todavía cómo moverse frente a una cámara. Nadie entendía bien qué era la televisión. Ni siquiera los propios artistas. Pero Jaime Yankelevich sí lo entendía. Y por eso se transformó en el gran patrón de aquella aventura.

En esos primeros años, Canal 7 funcionaba casi como una extensión sofisticada de Radio Belgrano. Muchos actores, locutores y músicos venían directamente de la radio, del teatro o del cine nacional. La televisión todavía tenía algo artesanal. Todo salía en vivo. Si alguien se equivocaba, quedaba para siempre en la memoria del estudio y en la vergüenza del actor.

1951: el nacimiento oficial de la televisión argentina

17 de octubre de 1951

La primera transmisión oficial de LR3 Radio Belgrano TV Canal 7 coincidió con el Día de la Lealtad Peronista.

Los protagonistas de aquella primera emisión:

  • Eva Perón
  • Juan Domingo Perón
  • Fanny Navarro
  • Enrique Santos Discépolo
  • Locutores de Radio Belgrano
  • Técnicos traídos desde Estados Unidos y Europa

La transmisión mostró:

  • El acto político en Plaza de Mayo
  • Discursos oficiales
  • Números musicales
  • Imágenes de la multitud
  • Presentaciones artísticas en vivo

La mayoría de los televisores estaban instalados en vidrieras de negocios del centro porteño. La gente se amontonaba sobre Corrientes y Florida para mirar aquella caja luminosa que parecía ciencia ficción.

Los primeros programas de Canal 7

1. “Teleteatro”

Uno de los formatos pioneros.

Actores y actrices frecuentes:

  • Narciso Ibáñez Menta
  • María Concepción César
  • Guillermo Battaglia
  • Mecha Ortiz
  • Olga Zubarry

El teleteatro era prácticamente teatro filmado en vivo. Los actores debían memorizar todo porque casi no había edición. Si alguien se olvidaba una línea, había que improvisar sobre la marcha.

2. “Las dos carátulas”

Adaptación televisiva del histórico ciclo radial.

Participaban:

  • Berta Singerman
  • Alfredo Alcón
  • Milagros de la Vega
  • Orestes Caviglia

Se hacían versiones de clásicos literarios y dramáticos. Había una fuerte influencia cultural europea y teatral.

3. “Casino Phillips”

Uno de los primeros grandes programas de entretenimiento masivo.

Conductores y figuras:

  • Roberto Galán
  • Blackie
  • Jorge Paz

El programa mezclaba:

  • Música
  • Humor
  • Concursos
  • Publicidad en vivo
  • Entrevistas

Acá empezó a verse la televisión como espectáculo familiar.

4. “Tropicana Club”

Programa musical tropical y de variedades.

Participaban:

  • Tito Lusiardo
  • Tita Merello
  • Hugo del Carril
  • Alberto Castillo

Muchos artistas venían del tango, del cine nacional y de la radio. El país todavía respiraba cultura tanguera.

5. “Patrulla chiquita”

Primer gran programa infantil.

Conductores:

  • Raúl Rossi
  • Pipo Pescador en años posteriores influenciados por ese modelo

Los chicos aparecían cantando, recitando y haciendo pequeñas obras teatrales.

6. “Reporter Esso”

Primer noticiero importante de la televisión argentina.

Conductores:

  • Locutores históricos de Radio Belgrano
  • Periodistas radiales adaptados al formato televisivo

Mostraba:

  • Noticias internacionales
  • Política nacional
  • Material filmado en 16 mm
  • Actualidad deportiva

El noticiero tenía una estética solemne y muy influenciada por los informativos estadounidenses.

Los grandes pioneros actorales de Canal 7

Narciso Ibáñez Menta

El rey absoluto del terror argentino. Hacía maquillaje en vivo y aterrorizaba familias enteras desde la pantalla en blanco y negro.

Fanny Navarro

Actriz muy vinculada al peronismo y cercana a Eva Perón. Fue una de las figuras femeninas centrales de los primeros años.

Tita Merello

Cuando aparecía en televisión, parecía que entraba el barrio entero al estudio. Tenía una presencia demoledora.

Hugo del Carril

Cantor, actor y símbolo cultural del peronismo. Su voz quedó pegada para siempre a la marcha peronista.

Blackie

Intelectual, refinada y moderna. Fue una de las primeras mujeres fuertes de la televisión argentina.

Nelly Prince

Figura central de musicales y variedades.

Guillermo Brizuela Méndez

Uno de los primeros locutores estrella de la TV nacional.

Cómo era trabajar en Canal 7 en tiempos de Yankelevich

Los estudios eran infernales. Las cámaras pesaban toneladas y levantaban temperaturas insoportables. Muchos actores terminaban empapados de transpiración. Los maquillajes se derretían frente a las luces.

Jaime Yankelevich manejaba todo con mano durísima. Revisaba:

  • programación,
  • publicidad,
  • artistas,
  • horarios,
  • contratos,
  • escenografías.

Dicen que tenía memoria fotográfica para los negocios. Sabía cuánto costaba cada minuto al aire.

El modelo era verticalista. Muy parecido al propio clima político de la época. Yankelevich decidía quién subía y quién desaparecía de pantalla.

La televisión todavía era un lujo

En 1951 muy poca gente tenía televisor. Había apenas unos miles de aparatos en toda Buenos Aires.

La televisión se miraba:

  • en bares,
  • tiendas de electrodomésticos,
  • clubes,
  • confiterías,
  • vidrieras del centro.

Las familias caminaban cuadras enteras para ver una pelea de boxeo, un discurso o un programa musical.

El vínculo con Perón y Eva

Perón entendió rápidamente el valor político de la televisión. Evita también.

Por eso el Estado acompañó fuertemente el proyecto de Yankelevich. Canal 7 nació prácticamente unido al aparato cultural del primer peronismo.

Muchos artistas estaban alineados con el gobierno y otros trabajaban simplemente porque era el lugar donde estaba ocurriendo el futuro.

Después del golpe de 1955, varios nombres ligados al peronismo fueron perseguidos, censurados o directamente borrados de la pantalla.

Jaime Yankelevich: el primer zar de la TV argentina

Antes de Romay, de Goar Mestre, de Sofovich, de Tinelli o de los streamers modernos, estuvo Jaime Yankelevich.

Fue el primer gran “mandamás” de la televisión argentina. El hombre que tomó la lógica de la radio, la mezcló con el espectáculo porteño y creó un monstruo cultural nuevo.

Aquella televisión todavía era inocente, teatral y experimental, pero ya tenía todos los ingredientes argentinos:

  • política,
  • tango,
  • humor,
  • melodrama,
  • publicidad,
  • barrio,
  • poder,
  • emoción.

Yankelevich entendió algo que hoy sigue siendo verdad: en Argentina, la pantalla nunca fue solamente entretenimiento. Siempre fue una forma de construir país.