En la última semana, el Banco Central continúo implementando su estrategia de deslizamiento del tipo de cambio oficial, a la par que la cotización del dólar “blue” volvió a operar en baja. El tipo de cambio oficial se acercó a $8,7, acumulando en el último mes un incremento del 1% que, con ligeras modificaciones en el margen, pareciera ser la “velocidad crucero” a la cual la autoridad monetaria se siente cómoda en depreciar el peso. Pese a estos movimientos alcistas, el dólar informal perforó el piso de los $13, cotizando sobre el final de la semana en su menor nivel desde comienzos de diciembre.
Esta caída del dólar “blue” responde a una mayor oferta combinada con una menor demanda de divisas en el mercado informal. Las compras de “dólar ahorro”, que en las 3 primeras semanas de febrero sumaron USD 345 millones, exhibiendo un incremento del 4% respecto a igual período del mes previo y del 174% en comparación con un año atrás, son retiradas en más de un 90% de las entidades financieras, pese a la suba propiciada indirectamente por el Banco Central a los retornos de los depósitos en moneda extranjera, vía un incremento de las tasas pagadas a los bancos por sus letras en dólares. Esta fuente de divisas tiende a alimentar la oferta en el mercado informal, al aprovechar los compradores de dólar ahorro la brecha de casi 25% que persiste respecto del tipo de cambio oficial, aún después de computar el anticipo del impuesto a las ganancias del 20%. Al mismo tiempo, la demanda de dólares en el mercado paralelo se ha visto menguada en un contexto de relativa estabilidad cambiaria y absorción por parte del Banco Central de los pesos emitidos sobre fines de 2014 para asistir al fisco, a lo que se suma una creciente perspectiva de un cambio del ciclo político que podría volver menos traumática una probable unificación cambiaria durante la próxima administración gubernamental.
Por el momento, el goteo de las reservas internacionales por la venta de “dólar ahorro” viene siendo compensado por un creciente apalancamiento de la autoridad monetaria (a través del swap con China), combinado de manera reciente por las emisiones de deuda de YPF y la Ciudad de Buenos Aires (por USD 500 millones cada una), a las que podrían sumarse otros gobiernos locales. Nuevamente, en la ventana abierta para estas nuevas colocaciones desempeña un rol preponderante la creciente expectativa de un cambio del ciclo político, fenómeno que sostiene el apetito por activos domésticos pese al default parcial de la deuda pública nacional.
Este ingreso de dólares financieros, si bien con cuentagotas, permite transitar el actual período de bajas liquidaciones de divisas, mientras se espera el ingreso de los dólares de la próxima cosecha, a partir del segundo trimestre. Las liquidaciones de divisas se mantienen en torno a USD 300 millones semanales, cifra que resulta la mitad de los USD 600 millones ingresados en promedio entre los meses de abril y agosto, durante las últimas tres campañas agrícolas.
Por otro lado, pese a los movimientos que el Banco Central viene imprimiendo al tipo de cambio oficial, la tasa de devaluación sigue relativamente contenida, a un ritmo del 13% anualizado. En otras palabras, la autoridad monetaria mantiene su estrategia de seguir utilizando al tipo de cambio como un “ancla” contra la inflación que, sumada al “ancla tarifaria”, apunta a sostener la suba de precios en torno al 2% mensual, es decir, en un rango del 25%-30% anual. De ubicarse la inflación en esos niveles, alzas salariales no inferiores al 30% como las previstas para las próximas paritarias permitirían detener la pérdida de poder adquisitivo que tuvo lugar en 2014 y que dio lugar a una fuerte contracción económica y alza del desempleo, incluso según las propias estimaciones oficiales (aunque la actual dinámica de precios relativos sigue profundizando la apreciación real del peso, lo cual nos lleva a ser cautos respecto de sus potenciales efectos reactivantes).
En este sentido, esta semana el INDEC dio a conocer los datos del mercado de trabajo correspondientes al cuarto trimestre de 2014, período en el que la tasa de desocupación se incrementó medio punto porcentual con respecto a un año atrás, alcanzando al 6,9% de la población económicamente activa, cifra que treparía al 8,4% si se corrige la llamativa contracción de la tasa de actividad (o de participación en el mercado de trabajo) capturada por las mediciones oficiales, que ayudó a compensar la caída en la tasa de empleo.
Con todo, cualquiera sea la cifra considerada, los datos dejan en evidencia que Argentina no ha podido igualar el desempeño del resto de la región, tras una década de bonanza externa que parece estar agotándose. El desempleo de las principales economías latinoamericanas promedia un 6,4%, presentando Argentina junto con Venezuela (8%) y Colombia (9,3%) las tasas más elevadas (las más bajas corresponden a México, Ecuador y Paraguay, con un 4,8%, 5% y 5,5%, respectivamente).
