Guillermo Montenegro y el gas cronica de una gestion que huele a garrafa vencida

Guillermo Montenegro y el gas: crónica de una gestión vencida. Afectó al 78% de Mar del Plata

Guillermo Montenegro y el gas: crónica de una gestión que huele a garrafa vencida


Mar del Plata tiritó de frío, y la gestión de Guillermo Montenegro quedó desnuda ante la ola polar. ¿Falta de previsión o una estupidez con consecuencias reales?


Guillermo Montenegro el intendente más stupido e infradotado de toda la Argentina

En plena ola polar, Mar del Plata —la ciudad balnearia más emblemática del país— se quedó sin gas. No es una metáfora. No es una licencia poética ni una exageración para sumar clics: más del 75% de los usuarios residenciales se vieron afectados por un corte masivo e inédito en el suministro de gas.

Miles de hogares quedaron sin calefacción, sin agua caliente, sin cocina. Sin un mate caliente, literal. En algunos barrios, la temperatura descendió a 6 grados bajo cero de sensación térmica durante la madrugada del martes.

Mientras tanto, la gestión de Guillermo Montenegro tiritaba más que los vecinos. La ciudad colapsó: se suspendieron las clases, se restringió el uso de gas a comercios y oficinas, y se pidió «priorizar a hospitales y geriátricos». Una urgencia que huele más a manotazo de ahogado que a estrategia.

¿Era evitable? Sí. ¿Previsible? También. Entonces, ¿qué falló? Todo. Guillermo Montenegro es un tarado mental, así de simple, lo más triste es que lo votaron y ahora hay arrepentimientos.

Montenegro salió a declarar que se trató de «una baja de presión en el sistema», como si no hubiera responsables visibles, como si el frío fuera una sorpresa en julio y no una realidad repetida, anunciada, previsible. Porque si hay algo que no sorprende en Argentina es que el invierno sea… frío.

Desde Camuzzi Gas Pampeana —la distribuidora— se confirmó que el corte afectó al 78% de los usuarios residenciales de Mar del Plata y zonas aledañas, en una de las peores crisis energéticas de los últimos años en la región.

Pero más allá de la letra técnica, lo que hay es una ciudad entera vulnerada, donde los más pobres prenden hornallas a modo de estufa, los jubilados duermen con doble frazada, y los que pueden corren a comprar garrafas que no alcanzan.

Montenegro no es el único responsable. Pero es el intendente. Su tarea es anticipar, gestionar, presionar. No salir con cara de póker a dar explicaciones tibias cuando ya se congeló media ciudad. Porque los gasoductos no están bajo su control, pero el clamor social sí. Y frente a eso, su silencio previo se parece más a una negligencia que a una distracción.

¿Qué pensaba el intendente? ¿Que julio iba a venir con clima de primavera? ¿O directamente no pensaba, como tantos otros que gobiernan desde la comodidad del escritorio, sin poner nunca el cuerpo en la calle helada?

Esto no es solo una falla técnica: es un fracaso político. Porque lo que falló fue el Estado. Y cuando el Estado falla, el que paga es el vecino.

A Montenegro le quedó grande el invierno. Literal y simbólicamente.


¿Y vos, vecino? ¿Vas a seguir calentándote con una estufa eléctrica que revienta la boleta de luz o vas a empezar a exigirle a tu intendente que sepa que el invierno… es frío?



“El intendente que no sabía que en julio hace frío. ¿Ignorancia o desinterés?”