Reconocido médico, cursó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional
de Buenos Aires. Cuando ingresó a la Facultad de Ciencias Médicas de la
Universidad de Buenos Aires ya había obtenido el título de farmacéutico,
pero debió costear su carrera trabajando en una farmacia y como
farmacéutico del Hospital General de Hombres.
Fue practicante del Dr. Francisco Javier Muñiz en la guerra contra el
Paraguay y en las epidemias de cólera (1867) y de fiebre amarilla (1871).
Obtuvo el doctorado con la tesis «La herniotomía”, a sus 28 años de edad.
Eduardo Wilde describió a Pirovano en 1872 como “bondadoso, de carácter
reservado, meditador y pacienzudo; parece muy dúctil, aunque siempre por
hacer lo que le da la gana, tiene una gran facilidad para hacerse querer
de sus maestros, sabe evitar que lo envidien sus condiscípulos…» Becado
por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, viajó a París donde tomó
contacto con Claude Bérnard, Louis Pasteur y Joseph Lister, uno de los
impulsores de la asepsia para las salas quirúrgicas y las prácticas
operatorias. Regresó tres años después como Doctor por la Facultad de
Medicina de París y fue designado Profesor titular de Histología y
Anatomía Patológica. Entonces, instaló un laboratorio y desarrolló el uso
del microscopio.
Pirovano luego se hizo cargo de la Cátedra de Medicina Operatoria y en
1882 fue sucesor del Profesor Manuel Augusto Montes de Oca en la Cátedra
de Clínica Quirúrgica en la que cambió la vestimenta habitual en el
quirófano y la reemplazó por un largo guadapolvos de mangas cortas. Las
operaciones se realizaban entonces sobre una mesa de pino cubierta de un
colchón y un impermeable, el campo operatorio se limitaba con una sábana
de goma con una ventana ovalada del tamaño adecuado en el centro. Practicó
la cirugía de cabeza, cuello y extremidades, en especial la traqueotomía
en un solo tiempo que, inclusive, aplicó de emergencia a su hija. Se lo
considera el Padre de la Cirugía Argentina por la calidad de sus
discípulos, entre ellos Antonio Gandolfo, Enrique Bazterrica, Andrés
Llobet, Juan B. Justo, Marcelino Herrera Vegas, Nicolás Repetto, Alejandro
Posadas y Avelino Gutiérrez.
Un cáncer de base de lengua determinó su alejamiento de la actividad
médica hasta su fallecimiento, el 2 de julio de 1895, a los 51 años de
edad. Carlos Pellegrini dijo en su sepelio: «Sentimos que algo nos falta,
algo así como el centinela armado que velaba por nuestra vida contra el
ataque de enemigos invisibles, y por eso, sobre su tumba hasta el egoísmo
llora».
El Dr. Ignacio Pirovano, iniciado masón en la Logia Consuelo del
Infortunio N° 3 el 31 de diciembre de 1872, también trabajó en la Logia
Libertad N° 48. Un hospital público de la Ciudad de Buenos Aires lleva su
nombre como homenaje a su trayectoria brillante y profundamente
humanitaria.
Ángel Jorge Clavero
Gran Maestre
