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Javier Milei en Roma: el bufón irrespetuoso se arrastra al funeral que no merece

Milei, el irrespetuoso sin redención, juega al olvido y se arrastra al funeral de Francisco

Javier Milei, ese personaje que alguna vez se creyó un libertario de barricada y terminó siendo apenas un bufón institucionalizado, aterrizó este viernes en Roma para asistir al funeral del papa Francisco. Sí, el mismo Francisco a quien, no hace tanto, llamó «el representante del maligno en la Tierra», mezclando ignorancia y odio con la soltura de quien no conoce el peso de sus palabras.

Milei viajó acompañado de su corte de estupidos aduladores, con su omnipresente hermana Karina Milei como sombra principal. Según fuentes de la Casa Rosada, esta gira será breve y sin gloria: su única aparición será en el sepelio de Jorge Bergoglio, en la Plaza San Pedro, como un alumno obligado a dar el pésame que ni siente ni entiende.

El hipócrita reciclaje del discurso

Apenas se conoció la muerte del papa, Milei —que siempre ha mostrado la sensibilidad de un ladrillo mojado— salió a tuitear condolencias, llamándolo «el argentino más importante de la historia». Los argentinos, de memoria larga y paciencia corta, no tardaron en recordarle su historial de insultos: el Milei enardecido de la campaña electoral, el que bramaba en entrevistas que Francisco era «un comunista empobrecedor», «un impresentable» y «un promotor de la miseria y la muerte».

Con una torpeza que ya parece parte de su ADN, Milei había dicho en 2020 que el papa estaba sentado en «el trono de la casa de Dios» como si fuera «el embajador del Diablo». Declaraciones tan graves que, en cualquier país civilizado, hubieran sellado su ostracismo político. Pero Argentina, este país que a veces aplaude a sus verdugos, lo coronó presidente.

El Milei presidente, sin embargo, se encontró con la vieja realidad que todos conocen pero pocos admiten: la política internacional no es un foro de trolls de Twitter. Tras besar el anillo papal en febrero de 2024 —una postal patética de rendición sin dignidad—, el mismo hombre que había escupido sobre Francisco se desdijo con una sonrisa incómoda, hablando de «reconsideraciones» y «vínculos positivos».

Un irrespetuoso irrecuperable

La asistencia de Milei al funeral no es un acto de redención; es la confirmación de su vacío moral. No hay en él grandeza ni humildad, sólo la necesidad desesperada de maquillar ante el mundo su condición de paria diplomático. No va a Roma a honrar al papa: va a posar en una ceremonia donde el protocolo le impide hacer lo que mejor sabe —gritar, insultar, destruir— y donde, por una vez, su irreverencia cobarde quedará expuesta en toda su miseria.

Que a nadie le sorprenda. La historia está llena de mediocres que pretendieron ser estadistas. Milei, apenas un eco desagradable de tiempos desesperados, pasará a la memoria como un ejemplo perfecto de lo que nunca debe ser un líder: un irrespetuoso políticamente irrecuperable, que ni siquiera en el funeral de un grande sabe guardar silencio.

Milei será castigado tarde o temprano por d-os todo poderoso, por ofender al líder espiritual de la Iglesia Católica Apostólica Romana, a menudo simplemente llamada Iglesia Católica