Lo de Milei y el Papa Francisco es una postal brutal de la hipocresía política argentina llevada al paroxismo, al borde del grotesco. Un tipo que no tuvo pudor en llamar al Papa “imbécil”, “representante del maligno en la Tierra” y “zurdo asqueroso que promueve el comunismo”, ahora se calza el traje de devoto diplomático y se sube al avión presidencial para despedirlo entre lágrimas de cocodrilo. ¿Vergüenza? Cero. ¿Oportunismo? Todo.

Es como si el zorro fuera al velorio del gallinero, con corona de flores y cara compungida.

Pero vayamos más allá del insulto superficial. Lo de Milei no es solo una contradicción de formas, sino una negación profunda de lo que representó Francisco. El Papa defendió a los pobres, a los migrantes, a los trabajadores, denunció la crueldad del mercado como dios todopoderoso y se enfrentó, incluso dentro de su propia Iglesia, al cinismo de los poderosos. En cambio, Milei, en nombre del «libertarismo», arrasó con los derechos laborales, insultó a los que menos tienen, desprecia el rol del Estado y bendice a las élites económicas con una servidumbre digna del Medioevo. ¿Qué le va a decir frente al féretro? ¿“Gracias, Santo Padre, por perdonarme por escupirte en vida”?
Encima se lleva de comitiva a un grupo que parece armado por un guionista de comedia negra: Karina Milei, la hermana y secretaria todopoderosa; Patricia Bullrich, quien persigue piqueteros mientras Francisco los abrazaba; Francos, el camaleón de la gobernabilidad; y Adorni, el maestro del relato vacío. Ni una voz pastoral, ni un gesto simbólico, ni una autocrítica. Solo cálculo. Solo cinismo.

El viaje de Milei al Vaticano no es un gesto de paz ni de reconciliación. Es una puesta en escena para mostrarse en un palco global que no le corresponde, al lado de líderes con los que sueña codearse pero que no lo toman en serio. Él no va a despedir al Papa. Va a aprovechar la foto.
Y sin embargo, Francisco, en su infinita humanidad, lo perdonó. No porque Milei lo mereciera, sino porque el Papa sabía que los gestos de misericordia descolocan más que los de castigo. Lo perdonó como se perdona al hijo que se desvió del camino, con la tristeza serena de quien ama incluso al que lo traiciona.
¿Y vos? ¿Cómo te cae que el que insultó al Papa hoy lo llore en Roma? ¿Es Milei el argentino más hipócrita del siglo o solo uno más en la larga lista de políticos que se acomodan según el viento? El micrófono es tuyo. Te leemos
