Torre Dorrego 1

El Rulero de Palermo. La Torre Dorrego

El Rulero de Palermo: entre la leyenda urbana y el brutalismo que marcó una era

El Rulero, con su imponente estructura, se ha convertido en un símbolo de la arquitectura de la ciudad. Su diseño, a menudo criticado, refleja la audacia de una época que buscaba romper con lo tradicional. A pesar de su aspecto austero, muchos lo consideran una obra maestra del brutalismo. Las historias que giran en torno a este edificio han alimentado la cultura popular y el misterio que lo rodea. Hoy en día, se erige no solo como un espacio funcional, sino como un testimonio del espíritu de innovación de Palermo.

La Torre Dorrego es un monumental edificio de departamentos que se encuentra cerca del Regimiento de Infantería 1 Patricios, en el barrio de Palermo, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina. En el momento de su construcción, se trató del bloque de mayor volumen del país, superando al Palacio Cosmos de Mar del Plata. Por su volumen de planta semicircular, se lo ha apodado El Rulero (al igual que a la Torre Prourban).

Rulero de Palermo

En el límite difuso entre Palermo y Las Cañitas, al filo de la avenida Dorrego y con los Bosques como telón de fondo, se alza uno de los edificios más imponentes y discutidos de Buenos Aires: la Torre Dorrego, más conocida como «El Rulero de Palermo». Esta mole de hormigón semicircular, de 102 metros de altura y 30 pisos, se convirtió en las últimas semanas en una nueva meca para curiosos, vecinos y turistas gracias a su aparición en El Eternauta, la serie de Netflix protagonizada por Ricardo Darín. Pero el Rulero no es nuevo en esta historia: lleva más de medio siglo imponiéndose como ícono brutalista, símbolo de una utopía urbana que soñó con el orden colectivo desde la arquitectura.

¿Un ovni de cemento?

Construida entre 1968 y 1971, su geometría disruptiva —una corona perfecta de ventanas repetidas y líneas austeras— rompió con la estética tradicional del barrio de casas bajas. Fue promovida por la cooperativa C.A.P.A.Y.B.I., conformada por oficiales del Ejército Argentino, con un objetivo claro: brindar acceso a la vivienda para su comunidad. La arquitectura quedó a cargo de Luis T. Caffarini, Alfredo Joselevich y Alberto Ricur, quienes ganaron un concurso entre trece estudios con una propuesta audaz para la época.

El edificio ocupa apenas el 25% del terreno. El resto es verde: jardines, respiros, pasillos abiertos. Nada fue dejado al azar. La forma semicircular garantizaba buena luz natural, vistas abiertas y circulación eficiente para los 240 departamentos que alojan a más de 1.100 personas.

Brutalismo en clave porteña

El Rulero es brutalismo en estado puro: hormigón visto, simetría cruda, nada de ornamentos. Pero no es una copia fría del modelo europeo posguerra. Aquí, como también pasó con la Biblioteca Nacional o el ex Banco de Londres de Clorindo Testa, el brutalismo fue traducido al idioma porteño: una estética de poder y funcionalidad, pero con aspiraciones de bienestar social.

Fernando Lorenzi, del estudio INFILL, define a la Torre como una «población urbana agrupada», una comunidad vertical que, paradójicamente, conecta con la trama argumental de El Eternauta: agruparse para sobrevivir. Un refugio arquitectónico que sugiere protección frente a un mundo incierto.

¿Casualidad que Netflix la eligiera como escenario de un apocalipsis? Ninguna. El Rulero tiene todo para evocar una ciudad sitiada, en pausa. En palabras del arquitecto Lorenzi: “Es un objeto aislado que impone su presencia sin integrarse a la trama urbana. Una fortaleza que no dialoga con su barrio, pero tampoco necesita hacerlo”.

Leyenda urbana y redescubrimiento

Durante años, la torre fue motivo de fascinación, prejuicio y leyendas. Su origen militar, su estética imponente, su distancia emocional con el entorno le valieron apodos y comentarios ácidos entre vecinos. Pero las redes sociales —y ahora Netflix— resignificaron su presencia.

“Mucha gente creía que el edificio no existía, que era un invento digital para la serie”, explicó Ignacio Nicolás Berardi, de la cuenta Buenos Aires Arquitectura. El Rulero pasó de ser “esa mole espantosa” a una postal cult. Hoy, decenas de turistas se sacan fotos frente a su fachada, como si se tratara de un templo sci-fi.

Y sí: desde adentro, las vistas hacia la cancha de polo, los Bosques de Palermo o el río son una locura. Cada unidad es un mirador. Una cápsula urbana en suspenso.

¿Cuánto cuesta vivir en el Rulero?

Hoy el Rulero vuelve a ser codiciado por el mercado inmobiliario. Una unidad de 120 m² puede encontrarse por u$s300.000, con expensas de $250.000 mensuales. Los departamentos más grandes, de 152 m², se publican a u$s329.000. En alquiler, una unidad de 185 m² se ofrece a u$s1.000 por mes.

¿Caros? Tal vez. ¿Icónicos? Sin dudas.

Además, la mayoría de las unidades cuenta con cochera fija, un tesoro en esta zona donde estacionar es un arte perdido. La infraestructura original conserva su lógica: doble circulación, dependencias que pueden integrarse, balcones cerrados que amplían los ambientes.

Lo curioso es que el edificio admite tanto su historia como su futuro. Hay departamentos reciclados a nuevo y otros que conservan el mobiliario de los setenta, como si el tiempo se hubiera detenido cuando la dictadura apenas insinuaba su sombra y Argentina soñaba con una clase media fuerte y orgullosa.

El eterno retorno del Eternauta

El fenómeno de la serie trajo a flote la potencia simbólica del edificio. El Eternauta no es sólo una historieta: es una advertencia. Y el Rulero es su escenografía perfecta. Frío, racional, colectivo. Un cilindro que, como diría Oesterheld, nos recuerda que solo en grupo hay salvación.

Así, el Rulero de Palermo deja de ser un edificio más. Es ahora una figura cultural, un testimonio de una época donde la arquitectura intentaba ser más que ornamento o inversión: quería ser patria. Quería ser futuro.

¿La Torre Dorrego y vos?

En este contexto, la Torre Dorrego se erige como un símbolo de resistencia y esperanza. Su diseño audaz refleja las ambiciones de una era que buscaba romper con las viejas tradiciones. Los habitantes de la zona han comenzado a organizar encuentros comunitarios, donde se revive el espíritu de unidad que proponía El Eternauta. Este renacer cultural invita a cada vecino a convertirse en parte activa de la narrativa colectiva, transformando el pasado en un motor para el futuro. La Torre no solo alberga viviendas, también guarda historias que merecen ser contadas y recordadas.

La Torre Dorrego consta de dos subsuelos destinados a cocheras (para 200 vehículos) y salas de máquinas, planta baja y 30 pisos altos. El piso 31.º alojó los tanques de agua, al igual que los pisos 10.º y 20.º. La planta baja fue destinada a galería comercial y a un local que alojaría a la CAPAYBI, y el resto de los pisos fueron destinados a los 240 departamentos.

El edificio consiste en un gran bloque se planta semicircular, dispuesta de tal manera que el sol recorra todos los departamentos de cada piso a lo largo del día. Considerando que la napa freática estaba a un metro de profundidad con respecto al nivel del 2.º subsuelo del edificio, se realizaron los cimientos con el sistema de pozo romano, volcando alrededor de 1500 metros cúbicos de hormigón en 45 días.

La estructura de hormigón armado de la Torre Dorrego fue calculada por el ingeniero Isaac Danón, y su ejecución fue racionalizada para poder terminar una planta (1000 m²) cada 10 días, utilizando encofrados de madera cepillada, ya que el exterior del edificio es de hormigón a la vista con elementos de cierre metálico, lo cual permite clasificarlo dentro de la corriente brutalista de la arquitectura, tanto por el material usado como por las formas que adoptan las columnas que contienen las escaleras y los módulos usados para la fachada. Gracias a la considerable altura (102 metros) que alcanzó, la planta del edificio solo ocupa el 25% del terreno, y el resto fue destinado a parque y jardines.

El proyecto debía considerar que los destinatarios del proyecto eran cooperativistas, y por lo tanto no debían existir situaciones de privilegio entre un departamento y el otro, aunque sí existieran unidades con distintas cantidades de dormitorios y ambientes.
La distribución de las unidades de vivienda se realizó dividiendo a la planta del edificio en cuatro sectores, cada uno con dos ascensores y uno más, de servicio, con ocho departamentos por piso. Estos últimos fueron repartidos de la siguiente manera: 60 departamentos con tres dormitorios, escritorio, comedor, baño, toilette, office-cocina y dependencias de servicio; 60 unidades con sala de estar-comedor, tres dormitorios, baño, toilette, office-cocina y dependencias de servicio y 120 departamentos con sala de estar-comedor, dos dormitorios, baño, office-cocina y dependencias de servicio. Las viviendas fueron ubicadas sobre el lado convexo del edificio, y los locales de servicio, del lado cóncavo, buscando que los cooperativistas estuvieran en igualdad de condiciones de acceso tanto a los ascensores como a los servicios.

¿Conocías esta torre brutalista escondida entre Palermo y Las Cañitas? ¿Te gustaría vivir en una mole así? ¿Te inspira o te intimida?