Papa Francisco

Se desata una furia de intereses y llega el cónclave

Se desata una turba de intereses y llega el cónclave: el funeral del papa Francisco y los cambios que dejó antes de partir

Con el fallecimiento del papa Francisco, se abre un tiempo de duelo y maniobras internas en el Vaticano. El mundo católico despide a Jorge Mario Bergoglio, el pontífice argentino que desafió protocolos y transformó estructuras con decisiones que, incluso tras su muerte, continúan haciendo ruido.

Este lunes 21 de abril, a las 88 años, murió Jorge Mario Bergoglio, el papa Francisco, en su residencia de la Casa Santa Marta. Según los informes médicos, padecía una «pulmonía bilateral» con “infección polimicrobiana”. Sin embargo, las causas definitivas aún están siendo evaluadas por fuentes médicas del Vaticano. La Santa Sede ha confirmado que el anuncio oficial se dará esta misma tarde.

Con su partida, se activa el engranaje milenario que regula el tránsito entre dos pontificados, un sistema en donde conviven lo sagrado, lo político y lo terrenal. Se abre la era del duelo y del cónclave, pero no sin cambios: Bergoglio, fiel a su impronta reformista, ya había preparado el camino para que hasta su entierro exprese su visión pastoral y humilde.

El funeral de un pastor, no de un monarca

En abril de 2024, Francisco había modificado el protocolo tradicional mediante la nueva edición del libro litúrgico Ordo Exsequiarum Romani Pontificis. Esta revisión no fue menor: eliminó el velatorio privado en el Palacio Apostólico —una ceremonia opaca y elitista—, y pidió suprimir el pedestal ostentoso donde se exponían los cuerpos papales.

Los restos de Francisco no serán depositados en los tres ataúdes tradicionales (ciprés, plomo y olmo), sino en un solo féretro de madera forrado en zinc. Se buscará enfatizar su rol como discípulo de Cristo y pastor de los pobres, desmarcándose así del boato de sus predecesores.

La misa funeral se celebrará en la Plaza de San Pedro, como es costumbre, entre el 25 y el 27 de abril, y será presidida por el decano del Colegio Cardenalicio. Luego, su cuerpo será sepultado en la Basílica de Santa María la Mayor, a pedido suyo, para estar cerca de su Virgen predilecta: la Salus Populi Romani.

Rompiendo sellos y cerrando puertas

El camarlengo, junto a tres cardenales asistentes, ya tomó el control operativo de la Sede Vacante. La tradición manda que el anillo del Pescador —símbolo de autoridad papal— sea destruido públicamente, así como el sello de plomo. Además, la residencia de Francisco en Santa Marta ha sido clausurada y sellada, en una ceremonia privada cargada de simbolismo.

Se viene el cónclave: ¿paz o tempestad?

Mientras se reza el novenario por el alma del pontífice, en las sombras ya se activan las tensiones por su sucesión. El cónclave será convocado entre 15 y 20 días después de su fallecimiento, según lo establece la constitución apostólica Universi Dominici Gregis.

Allí, en la Capilla Sixtina, los cardenales menores de 80 años deberán alcanzar una mayoría de dos tercios para elegir al nuevo papa. Se espera una batalla silenciosa entre corrientes conservadoras que quisieran desandar el legado de Francisco, y sectores progresistas que buscan profundizarlo.

Un mundo en vilo

No es solo la Iglesia la que queda en vilo: también lo están millones de fieles, jefes de Estado, organizaciones sociales, y actores del sur global que vieron en Francisco una voz alternativa frente al cinismo global. Su papado fue todo menos decorativo: se enfrentó al capitalismo salvaje, defendió a los migrantes, denunció el abuso clerical sin eufemismos, y abrazó las periferias.

¿Quién vendrá ahora? ¿Un papa “de transición”? ¿Otro latinoamericano? ¿Un africano? ¿Un europeo clásico?

Lo cierto es que, con Francisco, el papado volvió a ser político, incómodo, terrenal y profundamente humano.