Temas del cuerpo

Escribe Anastasia Chomyszyn.

A lo largo de la historia, el cuerpo y sobretodo el de la mujer, parece ser objeto de controversias y debates, así como una cosa en sí misma, ese cuerpo, podría pertenecerle a alguien más.

Tal vez sea por la sensualidad de las formas femeninas, que inspiraron a tantos artistas. Su belleza siempre nos atrae y queremos poseerla. En épocas pasadas exhibir un pie era de alto contenido erótico, por supuesto que las faldas fueron acortándose y los discursos moralizantes sobre hasta dónde puede y debe mostrarse una mujer se escucharon en toda época.


Ejercer control sobre el cuerpo del otro parece ser el lema.

Actualmente seguimos en la misma frecuencia. Por ejemplo, el debate sobre el aborto, no es más de lo mismo, ejercer control sobre el otro, no permitir que cada mujer decida sobre su cuerpo. El feto parece tener más derecho que la mujer que lo alberga, ella es un mero instrumento de reproducción, no tiene derecho a opinar sobre lo que le sucede dentro. Y ella debe proceder como dicte la sociedad a traves de sus leyes, porque no es totalmente dueña de su cuerpo.

En oposición, las feministas que defienden con firmeza la autonomía de la mujer, encuentran denigrante que una mujer se realice una cirugía de aumento de senos. Ella debe aceptarse tal cual es, no someterse al legado machista, si ella se siente incómoda con sus nuevos senos arrugados y colgantes, (consecuencia de amamantar 3 hijos) si se opera, se transforma en sometida y nuevamente tomamos decisiones sobre lo que el otro debe hacer, cuando en realidad es una necesidad personal, influenciada por los modelos de belleza social que se imponen. La fuerza de la mirada ajena es tan fuerte que la hace sentir mal.

En contrapartida, como insignia de protesta, algunas feministas gustan de dejarse los pelos crecer, tanto de las axilas como de las piernas y nuevamente se abre el debate. La idea de aceptarnos tal cual somos… todavía está en el cajón de los proyectos.

Cuando de transplante de órganos se trata sucede algo similar, los que donan y los que no donan se enfrentan nuevamente. Algunos quieren morir con todos sus órganos y ser enterrados completos. Los que donan consideran esta postura muy egoísta, más aún de extremo egoísmo, cuando la persona acepta que le donen pero no quiere donar, entonces empieza nuevamente el conflicto y cada uno pretende ejercer control sobre el cuerpo del otro, ¨si no dona entonces que no le donen¨, se escucha por ahí.

¿Por qué nos cuesta tanto dejar que el otro decida sobre su propio cuerpo? ¿Por qué nos sentimos con tanto derecho a opinar y por qué deberíamos estar todos de acuerdo haciendo lo mismo? ¿Tan baja es la tolerancia a que el otro piense diferente?

Cuando un enfermo terminal por ej de cáncer, decide morir tranquilo en su casa y se niega a recibir tratamiento médico; simplemente no quiere pasar por la quimioterapia y todos sus terroríficos efectos adversos: Vómitos, debilidad, caída del cabello. El paciente decide que no quiere, sin embargo empieza la cadena de opinologos… que el juramento hipocrático… que no le digamos la verdad… que debe luchar por la vida y la familia esconde la enfermedad. Intentan convencerlo de hacer el tratamiento a toda costa, una vez más imponerse sobre el cuerpo ajeno.

No alcanza con decidir sobre los menesteres del cuerpo propio, lo interesante es ejercer poder sobre el otro hay que forzarlo en contra de su voluntad. ¿Así nos sentimos mejor?

Con respecto al suicidio, en Inglaterra quien se quita la vida se entierra por fuera del cementerio. No tiene derecho a ser sepultado junto a los Anglicanos obedientes. No somos propietarios de nuestra vida, por eso no podemos ponerle fin. La vida le pertence a Dios.

Mi padre sociólogo Lubomiro Chomyszyn, dijo una vez: “La peor enfermedad de esta sociedad es pretender forzar al otro a que piense como uno” y lo llamó: LA GUERRA DE LAS IDEAS.
La humanidad entera, va a una guerra, mata y muere por una idea.

La necesidad imperiosa que todos seamos un único cerebro pensando al unísono, en sinapsis sincrónicas a ritmo igual, imposible además de aburrido. Sin embargo esto habita nuestro inconsciente colectivo. Opinamos incansablemente para lograr este objetivo utópico.

Calificamos al otro hasta en los detalles más absurdos, es un reflejo automático. Yo misma me descubro haciéndolo, trato de corregirme ya que no quiero ser así.

Controlamos como va vestida, que mal se combinó… que no sabe que verde y violeta no pega?… Uuuy mira el pendeviejo bronceado con anteojos Rayban, se cae a pedazos, jaja.

Verse reflejado en el otro es una necesidad absurda, me miro te miro, es diferente, es mejor de lo que hago yo? A quién hay que imitar? Hay que imitar?

Tatuajes con o sin: Para los tatuados tenerlos es de super onda y para los que no les gustan consideran da “prontuario”. Parecería que no es suficiente con tener la posibilidad de hacerlo si te gusta y de no hacerlo si no queres, indefectiblemente hay que agregar un juicio categórico y calificar al otro, para que deje de ser careta y se haga un tatuaje o para que deje de ser marginal y se lo borre con láser.

El nivel de desgaste emocional y mental que se genera ejerciendo la opinologia permanente y el control de los otros es realmente agotador y estoy convencida que enlentece nuestro desarrollo personal.

Propongo hacer el ejercicio de respetar las individualidades, ya que somos todos distintos vivimos, sentimos y pensamos de forma original, evitar comentarios como que peinado espantoso, que feo se viste, que tetas exageradas, no corresponde se pinte, que no se tatúe, aborte, que horror toda operada, propongo cambiar esos murmullos internos por : “QUE HAGA CADA CUAL LO QUE QUIERA CON SU CUERPO”, es liberador.

error: Te queremos :-)