Transitoria calma cambiaria.

En la última semana se consolidó la calma cambiaria. El dólar “blue” retrocedió más de $1, hasta los $13,10, acercándose a las cotizaciones del dólar contado con liquidación ($12,73) y del dólar bolsa ($13,01). Desde el recambio de autoridades del BCRA, hace ya más de un mes, la cotización del dólar “blue” disminuyó 18%, desde un máximo de $16, reduciendo su brecha con el tipo de cambio oficial del 90% al 55% (lapso en el cual el Banco Central aprovechó para volver a utilizar al dólar oficial como un “ancla” nominal, con un deslizamiento de sólo 0,7%).

Tanto la operatoria “contado con liquidación” como del “dólar bolsa”, ambos de referencia para el mercado informal, presentan actualmente un bajísimo volumen de operaciones, en medio de fuertes controles oficiales. Ahora bien, no sólo éste elemento viene ayudando a descomprimir la plaza cambiaria. También las últimas noticias en torno a diversas fuentes de ingreso de divisas, ayudaron a aplacar las expectativas de devaluación a corto plazo.

Al primer tramo del swap de monedas con China, por USD 814 millones, se podrían sumar: 1) la activación de un segundo tramo de dicho swap, por otros USD 800 millones; 2) la gestión de un nuevo préstamo del Banco de Francia, por USD 650 millones; 3) liquidaciones que aún restan ingresar del sector agroexportador por USD 3.800 millones, sobre la base de un acuerdo por USD 5.700 millones, de los cuales USD 1.500 millones corresponderían a un adelanto de liquidaciones de la próxima cosecha; y 4) un ingreso de alrededor de USD 800 millones por parte de las empresas adjudicatarias de las licencias de telefonía 3 y 4G (previéndose que el resto del canon lo integren con Boden 2015).

En total, se trata de cerca de USD 6.000 millones que ingresarían de aquí a fin de año y que permitirían sostener las reservas internacionales en torno a los niveles actuales, aun manteniendo la operatoria del “dólar ahorro” (por la cual se perderían cerca de USD 1.000 millones entre noviembre y diciembre, a razón de USD 500 millones mensuales), además de avanzar en una parcial normalización de los pagos retrasados de importaciones, por USD 5.000 millones.

Es decir, al proceso que comenzó con las ventas de activos dolarizados de la ANSES y las aseguradoras, junto con una creciente ola de controles oficiales, se suma ahora, por primera vez, la expectativa de un ingreso de dólares frescos que permitirían estirar, al menos hasta fin de año, cualquier corrección cambiaria. De hecho, los futuros del dólar oficial señalan eso: a fin de diciembre, el tipo de cambio se ubicaría cómodamente por debajo de los $9, cuando hasta tan sólo unos meses se preveía que trepara por encima de los $9,5.

Claramente, este refuerzo de las reservas internacionales ayuda a llegar a enero en un escenario cambiario más distendido y en una mejor posición negociadora, aunque a partir de ahí comienza otro partido, con resultados aún inciertos. Seguimos pensando que el gobierno intentará encarar una negociación con los “holdouts” a inicios de 2015, una vez vencida la cláusula RUFO, aunque nada garantiza un acuerdo express, ni que las negociaciones lleguen necesariamente a buen puerto. El gobierno trataría de evitar que un potencial acuerdo sea visto como una concesión a los “buitres”, tensionando las negociaciones, a la vez que la solución ya no debería incluir sólo a los fondos con una sentencia firme en el juzgado del Juez Griesa, sino también a un espectro más amplio de acreedores. Según se conoció esta semana, ya se presentaron otros fondos en una situación similar con tenencias por USD 4.700 millones, con lo cual la negociación implicará un proceso extremadamente complejo, con diversos interlocutores e intereses posiblemente contrapuestos (a lo cual se suma el riesgo latente de una eventual aceleración de los títulos de los canjes 2005 y 2010, actualmente en default).

Por otro lado, así como el escenario cambiario muestra cierta calma, las variables fiscales y reales siguen evidenciando un deterioro. La recaudación tributaria creció en octubre un 40,8% anual, por encima de su alza de septiembre (37,5%) y de la acumulada en 2014 (35,3%), aunque manteniendo una brecha importante con el aumento del gasto, hoy cercano al 50%. En este sentido, si bien la estrategia oficial sería financiar parte de esta brecha con la colocación un nuevo bono atado a la cotización del dólar (“dollar-linked”), de manera de descansar menos en la emisión de pesos y descomprimir las presiones cambiarias, la contracara de esta estrategia sería un creciente desplazamiento (“crowding-out”) del crédito al sector privado, con efectos netamente contractivos, en un escenario en el que los salarios reales y el consumo siguen mostrando caídas no vistas desde los críticos años 2002 y 2001.