De Buenos Aires a Bariloche, de Mar del Plata a Misiones, Alejandro Gabriel Bustillo dejó una obra inmensa, discutida y todavía visible: palacios urbanos, bancos, museos, hoteles, capillas, estancias, monumentos y edificios públicos que buscaron traducir en piedra, proporción y paisaje una idea de país.

Alejandro Gabriel Bustillo nació en Buenos Aires el 18 de marzo de 1889 y murió en la misma ciudad el 3 de noviembre de 1982, a los 93 años. Su nombre ocupa un lugar central en la historia de la arquitectura argentina del siglo XX, no solo por la cantidad y escala de sus obras, sino por la fuerza de una idea estética que atravesó toda su carrera: la búsqueda de una arquitectura nacional, monumental, sobria, clásica y, al mismo tiempo, adaptada a los paisajes de la pampa, la montaña, la costa atlántica y las ciudades argentinas.

Hijo de María Luisa Madero y del doctor José María Bustillo, perteneció a una familia de alto estrato social y larga tradición en América. Según declaraciones propias y que, “según declaraciones suyas”, descendía por rama materna de las hijas de Túpac Inca Yupanqui y Huayna Cápac, quienes se unieron con conquistadores españoles. Ese dato, que podría quedar como simple genealogía, ayuda a entender parte de su imaginario: Bustillo se pensó a sí mismo como heredero de una tradición antigua, patricia, americana y europea al mismo tiempo. Desde allí construyó una mirada arquitectónica que admiraba la Antigüedad clásica, desconfiaba de la modernidad abstracta y buscaba una síntesis propia para la Argentina.
Su infancia y juventud transcurrieron en parte en estancias pampeanas, donde se familiarizó con la práctica constructiva, los galpones, las casas de campo, los materiales simples y la relación directa entre arquitectura y paisaje. Esa experiencia temprana fue decisiva. Antes de convertirse en el autor del Banco de la Nación Argentina, del Hotel Llao Llao, del Casino y el Hotel Provincial de Mar del Plata o de la transformación de la ex Casa de Bombas en el Museo Nacional de Bellas Artes, Bustillo aprendió a mirar la llanura, el horizonte, la escala rural y la austeridad de las construcciones bonaerenses.
Reafirmó su vocación en el Instituto Politécnico Superior, la escuela industrial fundada por el ingeniero Otto Krause, y luego ingresó a la Escuela de Arquitectura, que entonces dependía de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Allí recibió una formación claramente academicista. Fue alumno de Alejandro Christophersen, el gran representante beaux-arts de la época; de Pablo Hary, en Teoría de la Arquitectura; del francés Eduardo Le Monnier; y, en el tramo final de la carrera, de René Karman, difusor del neoclasicismo francés.
Antes de graduarse como arquitecto en 1914, Bustillo tuvo una intensa relación con las artes plásticas. Interrumpió sus estudios para dedicarse a la pintura y, en 1912, ganó el Primer Premio del Salón Nacional de Pintura del Museo de Bellas Artes con un autorretrato. Años después, esa misma obra obtuvo la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Pintura de San Francisco, Estados Unidos, en 1934. También recibió el Primer Premio de Escultura en el Salón Nacional de 1932 por el bronce “El pecado original”, y en 1937 fue nombrado Académico de Bellas Artes. Esa formación artística no fue un detalle lateral: en Bustillo, la arquitectura fue siempre inseparable de una concepción plástica, compositiva y monumental.
Sus primeros años como arquitecto estuvieron ligados al mundo agroganadero. Proyectó estancias, galpones, casas de campo y construcciones auxiliares en la pampa húmeda. En 1916 realizó la casa de campo para Santiago Rocca, en Estación Pila, su primer proyecto documentado. En 1918 proyectó la estancia “La Primavera” para su propia familia. También de esos años son sus primeras experiencias rurales, donde mezcló referencias clásicas, neocoloniales y pampeanas. No era todavía el Bustillo de las grandes obras públicas, pero ya aparecían sus obsesiones: proporción, severidad, paisaje, orden y una cierta humildad formal frente a la inmensidad de la llanura.
En 1921 viajó a París, donde permaneció dos años. Ese viaje cumplía con el ritual cultural de la elite argentina de la época: mirar Europa, estudiar sus modelos, establecer vínculos y consolidar contactos sociales. En Francia se relacionó con futuros comitentes: estancieros, diplomáticos, banqueros y políticos de la Argentina liberal. Uno de ellos fue Carlos Alfredo Tornquist, quien lo invitó a París y luego le encargó su residencia en Palermo Chico, en Buenos Aires, actual Embajada de Bélgica, ubicada en Aguado y Rufino de Elizalde. Esa obra formó parte de una serie de hôtels particuliers que Bustillo construyó entre 1924 y 1930 en Bruselas, París y Buenos Aires.
Las residencias urbanas de ese primer período respondían a una tipología de raíz francesa, vinculada a los patrones urbanos borbónicos y a las antiguas residencias nobiliarias rurales adaptadas a la ciudad. Eran casas con plantas protocolares, grandes accesos, escaleras de honor, salones de recepción, comedores, salas de estar, dormitorios en planta alta y áticos mansardados para el servicio. En Buenos Aires, Bustillo tradujo ese mundo europeo al lenguaje residencial de la elite local.
Entre las casas particulares más importantes de esta etapa se destacan la del doctor H. Etchepareborda, en Avenida Quintana y Montevideo; la de Enrique Duhau, en Avenida Alvear 1750; la de Federico Martínez de Hoz, en Talcahuano 1234; sus propias residencias y estudio en Posadas 1043/1049 y 1053/1059, hoy demolidas; la de Alberto del Solar Dorrego, en Avenida del Libertador 1728, actual Embajada del Perú; y la ya mencionada residencia Tornquist, en Palermo Chico. En esas obras todavía aparece el gusto por los acentos decorativos, las pilastras acanaladas, los balaustres, los capiteles compuestos, los almohadillados y los bajorrelieves, aunque ya se advierte una tendencia a la severidad y al control de las masas.
En paralelo, desarrolló casas de renta inspiradas en el immeuble à rapport parisino. Adaptó al edificio colectivo en altura los cánones del sistema beaux-arts: basamento pesado, cuerpo principal de varios pisos, variaciones ornamentales en los aventanamientos, órdenes monumentales, cornisas y áticos con mansarda. Entre esas obras figuran las casas de renta para Juana G. de Devoto en Avenida Santa Fe 1752, Buenos Aires, y en Cours Albert I 24, París; la de Carlos A. Tornquist, también en París; y la de Ernesto Lix-Klett, en Avenida Leandro N. Alem y Rodríguez Peña.
En el centro porteño también dejó huellas de esta primera etapa monumental e historicista. El Banco Tornquist, en Bartolomé Mitre 553, de 1925, y el Hotel Continental, en la manzana triangular delimitada por Avenida Roque Sáenz Peña, Maipú y Perón, de 1927, son ejemplos de una arquitectura comercial que buscaba prestigio mediante órdenes imponentes, símbolos palaciegos y asociaciones majestuosas. A esta serie se sumó el Edificio Otis, de la Otis Elevator Co., en Avenida Figueroa Alcorta 3415, hoy demolido.
Pero Bustillo no quedó detenido en esa fase ornamental. De manera gradual, su arquitectura empezó a desprenderse de la acumulación decorativa para avanzar hacia una versión depurada del neoclasicismo, muchas veces definida como “estilo francés moderno”. Ese tránsito no fue solo una simplificación de lo borbónico. Fue la aparición de una síntesis propia, en la que convivían el rigor académico, la sobriedad grecolatina, la influencia de Christophersen y lo que el propio Bustillo llamaba “requerimientos telúricos”: una arquitectura capaz de responder al suelo, al clima, al horizonte y a la identidad profunda del lugar.
Su fórmula teórica más provocadora fue la idea del “funcionalismo estético”, ejemplificado en el Partenón de Atenas, al que definía como “un rancho monumental y exquisito”. Esa frase resume mucho de su pensamiento: para Bustillo, la arquitectura debía ser útil, pero también bella; debía responder a una función, pero no renunciar a la armonía, la proporción y el carácter. No aceptaba la ruptura moderna como dogma, pero tampoco defendía el ornamento vacío. Su batalla fue doble: contra el eclecticismo recargado y contra la modernidad abstracta.
En la arquitectura doméstica urbana, este proceso se manifestó en el abandono progresivo del ornamento mural, la reducción de la composición clásica a sus elementos esenciales, el ensanche de las aberturas, el uso de ventanas apaisadas y la desaparición gradual del frontispicio como recurso de magnificencia. Bustillo defendía los valores clásicos de belleza y verdad, pero rechazaba tanto los excesos eclécticos como la arquitectura moderna que consideraba pobre en contenido estético. A los historicismos les reprochaba haber inundado la arquitectura de “mediocridades insoportables”; a la modernidad abstracta, su supuesta pobreza expresiva.
El año 1930 fue decisivo en su producción. Allí comenzó un ciclo de consolidación minimalista que se extendió hasta 1946. La casa de Alberto Ramos Mejía, en Juan Francisco Seguí 3963, hoy demolida, funcionó como obra bisagra. Inspirada todavía en la tradición francesa, reducía al mínimo los recursos estilísticos: frente liso, mansarda elemental, proporciones equilibradas y una composición de gran serenidad. Bustillo decía haber “alisado el frente al máximo posible”. Era, para él, la simplicidad llevada al límite.
Las casas de José Fioravanti, en Acoyte 741, y de Manuel Gómez, en Olazábal 4779, ambas en barrios porteños de clase media, fueron verdaderos manifiestos de esta arquitectura doméstica austera. Allí aparecen muros blancos, volúmenes simples, escasa ornamentación, predominio horizontal, aberturas cuadradas o apaisadas, plantas menos protocolares y una relación más directa con la arquitectura moderna, en especial con ciertas corrientes déco. Sin embargo, Bustillo nunca se asumió moderno en sentido militante. Su modernidad fue ambigua: adoptó recursos de depuración, geometría y neutralidad, pero siguió defendiendo el orden clásico.
El Edificio Volta, construido para la Compañía Hispano Argentina de Electricidad en Avenida Roque Sáenz Peña y Esmeralda, también de 1930, expresa ese giro en la arquitectura comercial. Allí los pórticos, frontis y órdenes monumentales se disuelven en geometrías simples de filiación déco, aunque con la gravedad formal típica de Bustillo, quien lo definió como “el más moderno de la Diagonal”.
Un capítulo inevitable es la casa de Victoria Ocampo, en Rufino de Elizalde y Mariscal Ramón Castilla, en Grand Bourg, Buenos Aires, proyectada en 1928. La obra fue considerada por algunos como una de las primeras casas modernas de la Argentina. Su historia está cargada de tensión. Victoria Ocampo había iniciado gestiones con Le Corbusier a partir de croquis propios para un terreno en la calle Salguero. Ese proyecto fue descartado y, sobre las mismas bases, encargó la casa a Bustillo, a quien valoraba por su profesionalismo y sentido de belleza y orden. El resultado fue una casa de cubos y prismas blancos, con aberturas dispuestas de acuerdo con el interior y no con la composición externa. Sin embargo, Bustillo la vivió como una obra de compromiso. No era ni plenamente corbusierana ni plenamente bustillana: una pieza incómoda, culta, abstracta, sólida y contenida, atravesada por el choque entre vanguardia y clasicismo.
En la década de 1930, los encargos oficiales le dieron a Bustillo la posibilidad de desplegar su idea de arquitectura monumental argentina. La primera gran oportunidad fue la remodelación de la ex Casa de Bombas Recoleta para convertirla en sede del Museo Nacional de Bellas Artes, en Avenida del Libertador 1473. La obra fue inaugurada en mayo de 1933. Bustillo eliminó chimeneas, almohadillados, pilastras y bajorrelieves, y transformó el edificio en una caja ciega, sobria y monumental, con salas amplias, diáfanas y neutras. El rediseño del pórtico le dio una escala institucional contundente. Allí ensayó una arquitectura de representación pública donde la austeridad no significaba pobreza, sino autoridad.
En 1935 proyectó la residencia del gobernador de Misiones, además de parques, edificios públicos, comisarías, resguardos aduaneros, el vallado de las ruinas jesuíticas de San Ignacio, la Intendencia del Parque Nacional del Iguazú y la reforma y ampliación del Hotel Cataratas. Esta serie misionera muestra a Bustillo trabajando fuera de Buenos Aires, en contacto con otros paisajes, otras escalas y otras necesidades institucionales.
Su obra más emblemática en la ciudad de Buenos Aires es, probablemente, el Banco de la Nación Argentina, ubicado frente a Plaza de Mayo, en la manzana delimitada por Rivadavia, Reconquista, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo. La primera etapa se desarrolló entre 1940 y 1944; luego las obras se paralizaron y fueron retomadas entre 1950 y 1955. El encargo llegó en un contexto de fuerte presencia estatal y de búsqueda de una imagen institucional de permanencia. Jorge Santamarina, uno de sus directivos, le pidió un “monumento eterno”.
El resultado fue una masa colosal de 40 metros de altura sobre una manzana completa, con una composición que recuerda al Escorial de Juan de Herrera. Bustillo sostuvo que esa obra fijaba el punto de partida del “estilo Clásico Nacional Argentino”. En la gran ochava de 60 metros, orientada hacia la Casa Rosada, ubicó un inmenso pórtico tetrástilo rematado por un frontis con el escudo nacional. En el interior, el gran salón operativo octogonal, de 36 metros de altura y cúpula vidriada de 50 metros de diámetro, resume su idea de monumentalidad: severa, geométrica, institucional y casi atemporal.
Mar del Plata fue otro territorio fundamental en su carrera. Durante la intendencia de José Camusso y la gobernación bonaerense de Manuel Fresco, y con el apoyo de su hermano José María Bustillo, ministro de Obras Públicas, recibió el encargo de la nueva Municipalidad de General Pueyrredón y de la urbanización de la Playa Bristol. La Municipalidad, proyectada en 1937 e inaugurada en noviembre de 1938, reemplazó al edificio ecléctico de Francisco Beltrami. Allí Bustillo dejó de lado el clasicismo francés y tomó como referencia el cinquecento florentino, especialmente el Palazzo Vecchio. El edificio es un prisma de piedra del lugar, con una torre reloj de 40 metros, una loggia monumental y un balcón de apariciones, sin ornamento superfluo y con una fuerte afinidad con la arquitectura oficial italiana de la época.
Pero la obra marplatense más trascendente fue el conjunto de la Rambla, el Casino y el Hotel Provincial. Después de la anulación de un concurso nacional ganado en 1928 por Andrés Kalnay y Guillermo V. Meincke, Bustillo recibió el encargo de un proyecto que demandó casi diez años. Para construirlo se demolieron el Paseo General Paz y la antigua Rambla Bristol, proyectada por Juan Jamin y Carlos Agote entre 1911 y 1913. El Casino y la primera parte de la rambla se inauguraron a fines de 1939; la rambla completa, en diciembre de 1941; y el Hotel Provincial junto con el resto de las obras de urbanización, en 1946.
El conjunto marplatense está formado por dos edificios monumentales, regulares y simétricos, separados por una plaza seca central y unidos por una gran explanada peatonal elevada frente al mar. En ellos conviven lo solemne y lo pintoresco. La composición remite a la tradición clásica francesa, con orden aporticado, piano nobile, ático en mansarda y una repetición obsesiva de ventanas y entrepaños. La inspiración declarada fue la Place Vendôme. Pero Bustillo también buscó adaptarse al ambiente balneario y a la tradición belle époque de Mar del Plata mediante el uso de cuarcita blanca dorada, ladrillos prensados rosados, pizarras azuladas, carpinterías blancas y cortinas verdes. El resultado fue una arquitectura enorme pero reconocible, severa pero popular, monumental pero incorporada al paisaje marítimo.
El impacto urbano de esa obra fue inmenso. La Rambla, el Casino y el Hotel Provincial transformaron el frente costero marplatense en una postal. Se convirtieron en hito, en punto de referencia y en modelo. Incluso alentaron una “moda Bustillo” y una normativa municipal posterior para el área Casino, con recovas de arcos rebajados, alturas tipo, muros de piedra y ladrillo, y mansardas simplificadas.
En el sur argentino, Bustillo dejó otra marca decisiva. Entre 1934 y 1944 realizó obras en el Parque Nacional Nahuel Huapi durante la gestión de su hermano Exequiel Bustillo al frente de Parques Nacionales. El Hotel Llao Llao, ganado por concurso en 1936 e inaugurado en 1938, se incendió un año después y fue reconstruido por Bustillo en 1940, respetando el proyecto original pero reemplazando la madera por mampostería de piedra y hormigón armado. Allí se alejó del clasicismo urbano y adoptó un lenguaje pintoresquista de chalet normando, con techos quebrados de fuerte pendiente, simetría compositiva, planta en H y cuerpo central elevado sobre una cour d’entrée. Ubicado sobre una loma, entre lagos y con la montaña como fondo, el edificio logra una integración poderosa con la naturaleza.
En Bariloche y la región del Nahuel Huapi, Bustillo trabajó dentro de un equipo más amplio junto con Ernesto de Estrada y Miguel Ángel Cesari. De Estrada se ocupó de urbanizaciones como el Centro Cívico de Bariloche, el ensanche oeste de la ciudad y el planeamiento de Villa Catedral, Llao Llao y Villa La Angostura. Bustillo proyectó numerosos edificios y Cesari desarrolló varios de ellos como colaborador. La imagen resultante combinó materiales locales, técnicas tradicionales, decisiones oficiales e influencias europeas. Se buscó crear un “estilo regional”, aunque ese regionalismo estuvo atravesado por referencias bávaras, tirolesas, chilotas y normandas.
Entre sus obras andinas figuran la Hostería Isla Victoria, de 1945; las capillas La Asunción, en Villa La Angostura, de 1936; San Eduardo, en Llao Llao, de 1938; la capilla de Villa Catedral, hacia 1940; viviendas tipo para guardaparques; la Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi; el edificio Movilidad; la plaza Perito Moreno; indicadores de caminos; refugios; y la Catedral Nuestra Señora de Nahuel Huapi, en San Carlos de Bariloche, inaugurada en 1946, una de sus obras mayores en piedra rústica y lenguaje gotizante simplificado. También proyectó la residencia “El Messidor”, en Villa La Angostura, concebida en 1942 y terminada en 1948, definida por él como un manoir inspirado en un castillo del sur de Francia.
La pampa fue el otro gran laboratorio de Bustillo. Allí desarrolló una serie de casas de campo que permiten entender su costado más austero y telúrico. A diferencia de la monumentalidad bancaria o estatal, en estas obras aparece una arquitectura más reservada, horizontal, despojada y pegada al suelo. “La Azucena”, para Leonor Uriburu de Anchorena, en Tandil, de 1927; “La Cascada”, para Julio Perkins, en Curumalán, de 1929; “Los Plátanos”, su propia casa de campo en Estación Plátanos, de 1931; y “La Serena”, para María Elisa Mitre de Larreta, en Los Cardales, de 1977, son puntos altos de ese minimalismo pampeano. Allí la arquitectura se vuelve más plana, más elemental, más silenciosa. Bustillo no busca imponerse sobre el paisaje: busca pertenecer.
Su relación con el ambiente profesional fue conflictiva. Fue cuestionado por su postura antimoderna, por su automarginación del sistema arancelario y por la obtención de encargos a través de vínculos familiares y políticos. Él, a su vez, criticaba duramente a los arquitectos modernos y al sistema profesional organizado. Desconfiaba de la arquitectura como mercancía y del agremiamiento profesional. Defendía el ejercicio libre de lo que llamaba la “noble arquitectura” y afirmaba que muchas de sus obras no las había cobrado: Mar del Plata, el Llao Llao, parte del Banco Nación. “No cobrar es sembrar”, decía. La frase condensa tanto su posición aristocrática como su idea de posteridad.
A partir de 1950 redujo su actividad como arquitecto y dedicó más tiempo a la escritura de libros y textos periodísticos sobre arte, filosofía y política. En 1961 renunció como vocal de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos. En 1967, propuesto por Arthur Miller, fue incorporado como socio activo del PEN Club Internacional. Estuvo casado con Blanca Ayerza, fallecida en 1978 a los 86 años. Bustillo murió en Buenos Aires el 3 de noviembre de 1982 y fue sepultado en el mausoleo familiar del Cementerio de la Recoleta. Ese mismo año la Fundación Konex le otorgó el Diploma al Mérito, reconociéndolo como uno de los grandes arquitectos de la historia argentina junto con César Pelli, Justo Solsona, Clorindo Testa y Amancio Williams.
Durante mucho tiempo, las referencias a su obra fueron escasas y, muchas veces, negativas. La historiografía moderna lo miró con desconfianza por su clasicismo, su monumentalismo y su resistencia al Movimiento Moderno. Una excepción temprana fue Leopoldo Marechal, quien en 1944 escribió un texto elogioso en el que consideraba revolucionaria su obra por restituir la armonía entre lo útil y lo bello. A fines de los años 70 y comienzos de los 80, con la revisión clasicista del posmodernismo y la crítica a los prejuicios modernos, comenzó una revalorización de Bustillo. La exposición realizada en 1988 en el Museo Nacional de Bellas Artes por Marta Levisman, depositaria de su archivo y estudiosa de su carrera, fue clave para ese rescate. También fueron importantes los análisis de Ernesto Katzenstein, sobre la progresiva neutralidad de su arquitectura doméstica urbana, y de Roberto Fernández, quien estudió su obra desde el dualismo entre clasicidad, modernidad y monumentalismo estatal.
Bustillo fue pintor, escultor, arquitecto, polemista y hombre de su clase. Admiró Grecia, Francia, la pampa, la piedra, la proporción y el silencio de las formas. Fue moderno sin querer serlo, clásico sin copiar servilmente el pasado, nacional sin caer en un folklore simple. Su obra sigue generando discusión porque no entra cómoda en ninguna etiqueta. En la ciudad de Buenos Aires dejó casas, bancos, museos, edificios de renta y monumentos; en Mar del Plata, una de las fachadas urbanas más reconocibles del país; en Bariloche y la Patagonia, una imagen territorial; en Misiones, edificios públicos y parques; en la pampa bonaerense, casas austeras que parecen nacer del suelo.
Su arquitectura puede discutirse, pero no ignorarse. Está en la Plaza de Mayo, en la costa atlántica, en la montaña, en los museos, en las estancias, en las capillas y en los monumentos. Bustillo quiso darle forma a una Argentina ordenada, monumental y serena. Lo logró a su manera: con piedra, proporción, orgullo, controversia y una persistencia visual que todavía resiste.
Obras de Alejandro Bustillo
1915-1917
Casas de campo en Coronel Dorrego y Carhué, provincia de Buenos Aires.
1916
Casa de campo para Santiago Rocca, considerada su primer proyecto documentado.
1918
Estancia “La Primavera”, para su familia.
“Villa Devoto”, de Juana González de Devoto, en Buenos Aires y Brown, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, en colaboración con Luis Dates.
1924
Casa particular del doctor H. Etchepareborda, Avenida Quintana y Montevideo, Buenos Aires.
Casa particular de Enrique Duhau, Avenida Alvear 1750, Buenos Aires.
Casa de renta, actual Casa de las Academias Nacionales, Avenida Alvear 1711, Buenos Aires.
1925
Casa particular de Federico Martínez de Hoz, actual CEMIC / Fundación Norberto Quirno, Talcahuano 1234, Buenos Aires.
Remodelación del chalet de Antonio Leloir, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires.
Banco Tornquist, propiedad de Ernesto Tornquist y Cía. Ltda., Bartolomé Mitre 553, Buenos Aires.
1926
Casa particular de su familia y estudio, Posadas 1043/1049 y 1053/1059, Buenos Aires, hoy demolidas.
Casa de renta para Juana G. de Devoto, Avenida Santa Fe 1752, Buenos Aires.
Casa de renta, Marcelo T. de Alvear 1721, Buenos Aires.
1927
Casa de renta para Juana G. de Devoto, Cours Albert I 24, París.
Casa de renta, Rodríguez Peña 1709, Buenos Aires.
Casa de campo “La Azucena”, para Leonor Uriburu de Anchorena, Tandil, provincia de Buenos Aires.
Hotel Continental, propiedad de la Compañía de Seguros La Continental, Avenida Roque Sáenz Peña, Maipú y Perón, Buenos Aires.
1928
Casa particular de Carlos A. Tornquist, actual Embajada de Bélgica, Aguado y Rufino de Elizalde, Buenos Aires.
Casa particular del doctor Adolfo Sánchez, actual Centro de Extensión Universitaria, Montevideo 1550, Buenos Aires.
Casa particular del doctor Juan Layera, Callao 1618, Buenos Aires, hoy demolida.
Casa particular de Alberto del Solar Dorrego, actual Embajada del Perú, Avenida del Libertador 1728, Buenos Aires.
Casa particular de Victoria Ocampo, Rufino de Elizalde y Mariscal Ramón Castilla, Buenos Aires.
Casa de renta para Carlos Alfredo Tornquist, París.
Casa de campo “La Dulce”, construcción auxiliar para Juana G. de Devoto, Estación Arroyo Dulce, provincia de Buenos Aires.
1929
Casa de renta para Ernesto Lix-Klett, Avenida Leandro N. Alem y Rodríguez Peña, Buenos Aires, hoy demolida.
Casa de campo “La Cascada”, para Julio Perkins, Curumalán, provincia de Buenos Aires.
Edificio Martínez de Hoz, actual sede de organismos de inteligencia, 25 de Mayo 11, Buenos Aires.
Edificio Otis, propiedad de Otis Elevator Co., Avenida Centenario 3415, actual Avenida Figueroa Alcorta, Buenos Aires, hoy demolido.
1930
Casa particular de Alberto Ramos Mejía, Juan Francisco Seguí 3963, Buenos Aires, hoy demolida.
Casa particular de José Fioravanti, Acoyte 741, Buenos Aires.
Casa de renta para el doctor García Merou, Vicente López 1860, Buenos Aires.
Casa de renta, Hipólito Yrigoyen entre Virrey Liniers y Sánchez de Loria, Buenos Aires.
Casa de campo “El Boquerón”, para Enrique de Anchorena, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires.
Casa de campo, construcción auxiliar para José María Bustillo, Cañuelas, provincia de Buenos Aires.
Casa de campo “Los Ranchos”, para él mismo, Ascochinga, Córdoba.
Edificio Volta, propiedad de la Compañía Hispano Argentina de Electricidad, Avenida Roque Sáenz Peña y Esmeralda, Buenos Aires.
1931
Casa particular de Manuel Gómez, Olazábal 4779, Buenos Aires.
“Villa Ayerza”, para la familia Ayerza, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires.
Casa de renta para Sara W. de Marsengo, Florida y Marcelo T. de Alvear, Buenos Aires.
Casa de renta para Ramona A. de Ocampo, Posadas y Eduardo Schiaffino, Buenos Aires.
Casa de campo “Los Plátanos”, para él mismo, Estación Plátanos, provincia de Buenos Aires.
Reciclado de la ex Casa de Bombas Recoleta como Museo Nacional de Bellas Artes, iniciado el 23 de noviembre.
1932
Casa de campo, construcciones auxiliares para Castelpoggi Hermanos, Pilar, provincia de Buenos Aires.
1933
Casa de renta para José Manuel Jorge, Francisco de Vittoria y Guido, Buenos Aires.
Museo Nacional de Bellas Artes, reciclaje de la ex Casa de Bombas Recoleta, Avenida del Libertador 1473, Buenos Aires, inaugurado el 23 de mayo.
1934
Salón Nacional de Artes Plásticas, reciclaje del Palais de Glace, actual Salas Nacionales de Cultura, Posadas 1725, Buenos Aires.
1935
Casa de renta para Juana G. de Devoto, Avenida del Libertador 2882, Buenos Aires.
Residencia del Gobernador, Posadas, Misiones.
Plaza San Martín, Posadas, Misiones.
Parque Municipal, Posadas, Misiones.
Edificios de comisarías y resguardos aduaneros, Misiones.
Vallado de las ruinas jesuíticas de San Ignacio, Misiones.
Intendencia del Parque Nacional del Iguazú, Misiones.
Reforma y ampliación del Hotel Cataratas, Parque Nacional del Iguazú, Misiones.
1936
Proyecto de la Rambla de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires.
Capilla La Asunción, Villa La Angostura, Neuquén.
Intendencia del Parque Nacional Nahuel Huapi, Río Negro.
1937
Casa de campo para Delia Z. de Cané, San Miguel, provincia de Buenos Aires.
1938
Municipalidad de General Pueyrredón, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, inaugurada el 22 de noviembre.
Edificio Movilidad del Parque Nacional Nahuel Huapi, San Carlos de Bariloche, Río Negro.
Casa para guardaparque, proyecto tipo, Parque Nacional Nahuel Huapi, Río Negro.
Capilla San Eduardo, Llao Llao, Río Negro.
Hotel Llao Llao, Río Negro.
Indicadores de caminos, Parque Nacional Nahuel Huapi, Río Negro.
Plaza Perito Moreno, San Carlos de Bariloche, Río Negro.
Refugio Cerro Catedral, Río Negro.
1939
Casa de campo para el doctor Manuel Fresco, Haedo, provincia de Buenos Aires.
Casino de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, inaugurado el 22 de diciembre.
Construcciones auxiliares del Hotel Llao Llao, Río Negro.
1940
Casa de campo para Eloísa Juárez Celman, Capitán Sarmiento, provincia de Buenos Aires.
Banco de la Nación Argentina, primera etapa 1940-1944, Rivadavia, Reconquista, Bartolomé Mitre y 25 de Mayo, Buenos Aires.
Capilla de Villa Catedral, Río Negro.
Reconstrucción del Hotel Llao Llao, Río Negro.
Pedestal de la estatua del General Roca, con escultura de Emilio J. Sarniguet, Centro Cívico de San Carlos de Bariloche, Río Negro.
1941
Nueva Rambla de Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, inaugurada el 27 de diciembre.
1942
Proyecto de la residencia “El Messidor”, Villa La Angostura, Neuquén.
1944
Banco de la Nación Argentina, primera etapa inaugurada el 24 de julio.
1945
Hostería Isla Victoria, Neuquén.
1946
Hotel Provincial, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires, final de obra.
Urbanización de Playa Bristol, con piletas cubiertas, vestidores y frente comercial, Mar del Plata, provincia de Buenos Aires.
Catedral Nuestra Señora de Nahuel Huapi, San Carlos de Bariloche, Río Negro.
1948
Residencia “El Messidor”, Villa La Angostura, Neuquén, final de obra.
1950
Banco de la Nación Argentina, segunda etapa 1950-1955, Buenos Aires.
1953
Casa de campo para Jeannette Devoto, Estación Fernández, provincia de Buenos Aires.
1954
Casa de campo para el Conde Guazzone de Passalacqua, Olavarría, provincia de Buenos Aires.
1960
Remodelación de la plazoleta del Cabildo, Avenida de Mayo, Bolívar e Hipólito Yrigoyen, Buenos Aires.
Ampliación del edificio de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos, ala norte, Avenida de Mayo 556, Buenos Aires.
Colaboración con José Luis Zorrilla de San Martín en el monumento a José Gervasio Artigas, Plaza República del Uruguay, Buenos Aires, a cargo del basamento.
1961
Proyecto de sede del Jockey Club, La Plata, provincia de Buenos Aires.
1966
Capilla San José Obrero, Villa Argentina, Quilmes, provincia de Buenos Aires.
1977
Casa de campo para la familia Cullen, Junín de los Andes, Neuquén.
Casa de campo “La Serena”, para María Elisa Mitre de Larreta, Los Cardales, provincia de Buenos Aires.
Bustillo y los monumentos
Además de su obra arquitectónica, Bustillo participó en proyectos escultóricos y monumentales junto a artistas de renombre. Diseñó el pedestal de la estatua de José de San Martín en la plaza homónima de Posadas, inaugurada en 1935. En 1940 se inauguró en el Centro Cívico de San Carlos de Bariloche el monumento a Julio Argentino Roca, con escultura de Emilio Sarniguet sobre pedestal diseñado por Bustillo. Ese mismo año comenzaron las obras del proyecto ganador para el Monumento Nacional a la Bandera en Rosario, presentado en 1939 por Alejandro Bustillo junto a Ángel Guido, con la colaboración de Alfredo Bigatti y José Fioravanti. Bustillo sostuvo años después que él había realizado el dibujo y el proyecto original, aunque luego Ángel Guido habría introducido modificaciones sin consultarlo. En 1960 colaboró con José Luis Zorrilla de San Martín en el diseño del monumento a José Gervasio Artigas en la Plaza República del Uruguay, en Buenos Aires, haciéndose cargo del basamento.































César Bustillo y los murales censurados del Hotel Provincial
Una verdadera reliquia permite recuperar una historia menos recordada del complejo Casino-Hotel Provincial de Mar del Plata: la del artista plástico César Bustillo, hijo del arquitecto Alejandro Bustillo, posando junto a los murales que decoran el hall del hotel.

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La imagen tiene un valor histórico especial porque fue tomada en noviembre de 1962, cuando César Bustillo regresó a Mar del Plata para restaurar una obra que había permanecido ocho años cubierta por lienzos, víctima de la censura moral y política de la época.
Los murales habían sido expuestos al público desde la inauguración del Hotel Provincial, el 18 de febrero de 1950. Bustillo los concebía como una expresión de la cultura “euro-americana”, con figuras de fuerte presencia corporal, referencias mitológicas, personajes rurales, dioses americanos de los vientos y hombres de campo que dialogaban con su propia crianza en Plátanos, provincia de Buenos Aires.
Pero la desnudez de las figuras desató escándalos, pudores y acusaciones. El propio artista se había retratado desnudo en una de las escenas más visibles, jalando una cuerda en un cuadro de pescadores. Primero fue obligado a cubrir algunas figuras con taparrabos. Luego, en 1954, los murales fueron tapados por grandes paños, presuntamente por orden vinculada al aparato oficial de propaganda del gobierno de Juan Domingo Perón, en la previa del Festival de Cine de Mar del Plata.
Tras la caída de Perón, en septiembre de 1955, los lienzos fueron retirados, pero la llamada Revolución Libertadora tampoco liberó definitivamente a los murales: pocos meses después volvieron a ser cubiertos por disposición de la intervención bonaerense. César Bustillo, que había viajado para reparar los daños provocados por la censura anterior, debió abandonar el hotel y regresar a Plátanos.
Recién el 29 de abril de 1962 los paños fueron retirados sin ceremonia ni anuncio oficial. Meses más tarde, César Bustillo volvió para restaurar su obra. Murió en 1969, casi olvidado, en su Plátanos natal. Sus murales, en cambio, quedaron como testimonio de una disputa que excede lo artístico: la pelea entre belleza, censura, moral pública, política y memoria.
