Julio Cesar traicion politica

Ciudad de Buenos Aires: Larreta reaparece, el PRO se desordena y el peronismo mide

El costo de una alianza incómoda

En la Ciudad de Buenos Aires, el tablero político dejó de ser ese ajedrez prolijo que durante años jugó el PRO con ventaja. Hoy es más bien una mesa de truco en un bar de barrio: cartas mezcladas, gestos cruzados y nadie mostrando del todo lo que tiene. La decisión de Jorge Macri de buscar la reelección aceleró un proceso que ya venía gestándose: el desgaste del oficialismo porteño y la aparición de nuevos —y viejos— jugadores con hambre de poder.

Basura, gestión y desgaste: el talón de Aquiles del PRO

Hay un dato que en la política pesa más que cualquier consultora: lo que se ve en la calle. Y en muchos barrios, lo que se ve no es bueno. La basura acumulada, los contenedores desbordados y una sensación de abandono en zonas que antes eran prolijas empezaron a perforar el relato de gestión eficiente que supo construir el PRO.

No es solo estética urbana. Es símbolo. Cuando la basura tapa la vereda, también tapa la narrativa.

Ahí es donde la figura de Jorge Macri empieza a crujir. Su llegada desde Vicente López nunca terminó de cerrar del todo en el ADN porteño. Gobernar la Ciudad no es administrar un municipio: es manejar un ecosistema político, económico y cultural mucho más complejo. Y esa adaptación, al menos por ahora, viene lenta.

Mientras tanto, el PRO —ese partido que durante años fue sinónimo de orden en CABA— empieza a mostrar signos de fatiga. Sin liderazgo claro, con internas latentes y sin un relato renovado, entra en una zona peligrosa: la del oficialismo que ya no enamora ni convence.

El factor Milei: refugio o condena

En paralelo, aparece la sombra —o la tentación— de Javier Milei. Para un sector del PRO, acercarse al oficialismo nacional puede ser una tabla de salvación. Para otro, es un abrazo que puede asfixiar.

Porque el modelo económico libertario, con ajuste fuerte y caída del consumo, empieza a sentirse en la calle. Comercios vacíos, gastronomía en baja, laburantes contando monedas. Y eso, en una ciudad como Buenos Aires, impacta directo en la política.

Cuando la billetera aprieta, el voto cambia.

Larreta: el regreso del gestor

En ese río revuelto, vuelve a asomar Horacio Rodríguez Larreta. Y no es casual. Puede gustar o no, pero hay algo que nadie discute: conoce la Ciudad como pocos.

Fue el hombre detrás de la gestión durante los años de Mauricio Macri y luego consolidó su propio ciclo. Calles, obras, logística, equipos. Larreta juega en ese terreno donde otros improvisan.

Su error fue político: salir a disputar la presidencia antes de tiempo y chocar contra una interna feroz que terminó perdiendo frente a Patricia Bullrich. Pero en lo local, su activo sigue intacto: experiencia.

Y ahí aparece la jugada que hoy hace ruido: su posible acercamiento al peronismo.

El peronismo: primera minoría, última duda

El peronismo porteño llega a este escenario con una ventaja concreta: es la primera minoría en la Legislatura. Tiene estructura, volumen político y capacidad de bloqueo. Pero le falta algo clave: una figura que rompa el techo histórico en la Ciudad.

Ahí es donde Larreta entra como pieza tentadora.

Un sector, más pragmático, lo ve como una oportunidad: sumar votos moderados, ampliar base y competir en serio. Otro, más identitario, teme diluir el proyecto en una alianza que huela a pasado.

Nombres como Cristina Fernández de Kirchner o Mariano Recalde pesan en esa discusión. No es solo electoral. Es ideológica.

Porque no se trata solo de ganar. Se trata de con quién.

Un final abierto (y peligroso)

La Ciudad entra en una etapa incómoda. El PRO ya no es invencible. El peronismo ve una oportunidad, pero no tiene claro cómo capitalizarla. Y Larreta aparece como ese jugador experimentado que espera el momento justo para sentarse en la mesa.

Mientras tanto, el ciudadano común —el que viaja, compra, labura— empieza a sentir que algo no cierra. Que la gestión ya no alcanza, que la política está en otra cosa, que el modelo económico pega más de lo que prometía.

Y entonces aparece la pregunta que incomoda a todos:

¿La Ciudad está buscando un cambio… o está tratando de volver a algo que ya conocía?