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De los profetas al parlamento: la continuidad del poder en Israel desde la Antigüedad hasta hoy

De los profetas al parlamento: la continuidad del poder en Israel desde la Antigüedad hasta hoy

La tierra de Israel —también llamada Canaán, Judea, Palestina o Tierra Santa— es uno de los territorios más disputados y cargados de historia del planeta. Aquí, donde los textos sagrados y las balas conviven, el poder ha cambiado de manos incontables veces. Esta es la cronología pura y continua de quién gobernó la tierra que hoy conocemos como Estado de Israel, desde la antigüedad bíblica hasta el siglo XXI.


Del reino de David al exilio: las primeras coronas hebreas

La historia política hebrea comienza hacia el año 1000 a.C., cuando Saúl es ungido como el primer rey de Israel. Lo sigue David, quien unifica las tribus y establece Jerusalén como capital. Luego, Salomón construye el Primer Templo y consolida un reino que, por breve tiempo, brilla en la región.

Tras la muerte de Salomón, el reino se divide en dos: Israel al norte (con capital en Samaria) y Judá al sur (con capital en Jerusalén). Los reinos hebreos entran en conflicto con potencias vecinas.

En 722 a.C., el reino del norte cae ante los asirios. En 586 a.C., los babilonios destruyen Jerusalén y deportan a la élite hebrea a Babilonia. El Primer Templo es arrasado.


Dominio extranjero y reconstrucción: de persas a romanos

En 539 a.C., los persas aqueménidas derrotan a Babilonia. El rey Ciro permite el regreso de los judíos a Jerusalén y la reconstrucción del Templo, dando inicio al llamado Segundo Templo.

Luego vinieron los griegos con Alejandro Magno (332 a.C.) y sus sucesores, los seléucidas, quienes provocaron la revuelta de los macabeos. Así se fundó el reino asmoneo (140–37 a.C.), una breve independencia judía.

En 37 a.C., los romanos nombran rey a Herodes el Grande, un vasallo leal a Roma que embellece Jerusalén y expande el Templo. Pero tras su muerte, y con el creciente descontento, el Imperio Romano anexa Judea como provincia directa.


Diáspora y dominio islámico: el largo tiempo sin Estado

La gran revuelta judía (66–73 d.C.) y la revuelta de Bar Kojba (132–135 d.C.) son aplastadas por Roma. Jerusalén es destruida, y comienza una diáspora de casi dos milenios. El Templo es demolido y se prohíbe la presencia judía en la ciudad.

Durante el siglo VII, los árabes musulmanes conquistan la región. A partir de entonces, la tierra será gobernada por sucesivas potencias islámicas:

  • Califatos omeya y abasí
  • Dinastías fatimí y ayubí (de Saladino)
  • Mamelucos egipcios
  • Imperio Otomano (desde 1517 hasta 1917)

Durante estos siglos, la presencia judía nunca desapareció del todo, pero el poder político estuvo completamente en manos extranjeras.


Mandato británico y sionismo: el retorno organizado

En 1917, tras la caída del Imperio Otomano, el Imperio Británico se hace cargo de Palestina mediante un mandato de la Sociedad de Naciones. La Declaración Balfour apoya la creación de un «hogar nacional judío».

Durante las primeras décadas del siglo XX, el movimiento sionista organiza la inmigración judía y compra tierras. Las tensiones con la población árabe local aumentan. Los británicos intentan administrar el conflicto, pero la situación se vuelve insostenible.


Nacimiento del Estado de Israel y gobiernos modernos

El 14 de mayo de 1948, David Ben-Gurión proclama la creación del Estado de Israel, horas antes de que expire el mandato británico. Al día siguiente comienza la primera guerra árabe-israelí.

Desde entonces, el poder en Israel ha estado en manos de un sistema parlamentario democrático, con múltiples partidos y elecciones periódicas. Aunque las guerras no cesaron, el aparato institucional se mantuvo.

Algunos líderes clave desde 1948:

  • David Ben-Gurión (1948–1953 y 1955–1963) – Fundador del Estado.
  • Golda Meir, Levi Eshkol, Menájem Beguin, Yitzhak Rabin – Diversos periodos entre los ‘60s y ‘90s.
  • Ariel Sharon, Ehud Barak, Ehud Olmert, Shimon Peres, entre otros.
  • Benjamin Netanyahu – Primer ministro más longevo, con mandatos intermitentes desde 1996. Continúa en el poder (con interrupciones) hasta hoy.

El sistema político se ha caracterizado por la inestabilidad parlamentaria, las coaliciones frágiles, la polarización interna y los conflictos con la Autoridad Palestina y el mundo árabe.


Conclusión: de las tablas de Moisés al software electoral

Israel no es una continuidad territorial lisa ni un imperio ininterrumpido. Pero sí es, quizás, uno de los pocos pueblos de la historia que pasó del mito al Estado, del exilio a la autogestión, sin dejar nunca de existir como idea política.

Desde la monarquía de David al parlamento de Jerusalén, desde las guerras con los filisteos a las tensiones con Irán, el pueblo judío no tuvo un camino recto, pero sí una constancia histórica inquebrantable. En esa tierra minúscula entre el Jordán y el Mediterráneo, la historia siempre se reescribe, pero nunca se borra.


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