El vecino Jorge Luis. Palermo en el imaginario de Borges.

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Algunos de los libros más importantes de Borges son, en poesía, Fervor de Buenos Aires, Luna de enfrente, El otro, el mismo, Para las seis cuerdas, Elogio de la sombra y La moneda de hierro. En cuento hay que mencionar Historia universal de la infamia, Ficciones, El Aleph, El informe de Brodie, El libro de arena y Memorias de Shakespeare. En ensayo están Inquisiciones, El tamaño de mi esperanza, El idioma de los argentinos y Evaristo Carriego.

Palermo, como lo enuncia el poema, fue el barrio mítico que tuvo a Jorge Luis Borges como uno de sus vecinos.

Gran caminante de sus calles y observador de sus personajes, Borges nos introdujo a través de su obra en el misterio de este barrio de Buenos Aires; es así que, literatura y biografía, convergen en el espacio geográfico e ideal de la ciudad.

Rescató de sus silencios, de sus bordes oscuros, la inspiración necesaria para la génesis de esa otra ciudad, la surgida del talento creativo de quien contribuyó a inmortalizar las calles de un Palermo que lo reconoce como hijo dilecto.

Borges creó un barrio simbiótico entre lo real y lo imaginario que se concreta en cuanto a realidad tangible, solo cuando nos asomamos a la lectura de su biografía.
Se ocupó de sus compadritos, de los orilleros porteños, de sus calles: “. Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga”; del arroyo Maldonado dormido bajo el asfalto.

Eran tiempos en que, según él mismo diría:”. buscaba los atardeceres, los arrabales y la desdicha .”

Reveló, con la curiosidad innata del escritor, márgenes y rincones que lo llevarían a descubrir la intimidad de un arrabal enclavado en la ciudad, a partir de esta intimidad crea el Palermo mítico que asoma de sus textos; el “barrio del cuchillo”, como también lo llamaría algún payador borgiano.

Borges construye el mito del barrio palermitano, lo articula, lo concibe , lo narra, lo poetiza; inútil pensar si fue o no así, su pasión es un llamamiento a vivirlo con la intensidad que hizo suya.

Palermo y sus amantes. Palermo y la fuerza de su tradición y su belleza. Borges, alguien que lo inmortalizó con el genio de su obra.

Y seguirá siendo el barrio convocante y misterioso que atrae voluntades; las mismas que hoy se unen con una tarea maravillosa del vecindario, para mejorar lo mejorable y exaltar las bondades de una zona que seguirá siendo orgullo de quienes la habitan, ” tan eterna como el agua y el aire”.

Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899 en un solar del barrio porteño de Palermo, hoy una de las zonas de moda de Buenos Aires, y murió el 14 de junio de 1986 en Ginebra.

Su nombre completo fue Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo. Mucho se ha dicho de este enigmático y polémico personaje.

Un abuelo suyo – Isidoro Acevedo- peleó contra Rosas y murió a principios del Siglo XX en ese misma casa de la calle Serrano.

Su padre fue un literato frustrado y tenía ascendencia británica, idioma que Borges manejaba a la perfección desde niño. Leía a Shakespeare a la edad de doce.

Luego de que su familia viviera en Europa por algunos años, y donde el joven escritor se uniera al movimiento de vanguardia ultraísta, retornaron a Buenos Aires.

Borges empezó entonces a publicar poemas en diversas revistas literarias, tales como Prisma, Proa y Sur. Por esos tiempos publica Fervor de Buenos Aires. Frecuentaba a Victoria Ocampo y Bioy Casares. Y fue influenciado por Macedonio Fernández. Luego vino Historia Universal de la Infamia.

Trabajaba en la Biblioteca Municipal cuando el gobierno de Perón lo destinó a la inspección de pollos, increíble, ¿no?, provocando su renuncia. Desde allí Borges siempre jugó un papel emblemático en una Argentina dividida. Poco antes su padre había muerto y fue un duro golpe que lo había motivado a escribir el Jardín de los Senderos que se Bifurcan.

El glaucoma, que padeció desde joven, lo convirtió en conferencista. Y la Libertadora lo nombró Director de la Biblioteca Nacional. Honor al que renunció en 1973, cuando Perón volvió al país.

Escribió innumerables trabajos como El Aleph o El Milagro Secreto, entre otros, y alguna vez el notable Coetzee dijo de él, “más que nadie renovó el lenguaje de la ficción abriendo así el camino para una generación remarcable de novelistas hispanoamericanos”.

Sus raíces eran modernistas, especialmente simbolistas. Su ficción fue estudiosa, y muy concisa. Combinó el interés por su tierra nativa con perspectivas más amplias. Mucho de tu trabajo tuvo que ver con la naturaleza del tiempo, la filosofía y la identidad. Pero a medida que su enfermedad de la vista avanzaba tuvo que concentrarse más en la poesía, más simple de memorizar.

Sería interminable hablar de la obra de Borges. La que además ha sido descripta, analizada, elogiada o criticada desde cualquier ángulo y perspectiva por muchos especialistas. Pero, lamentablemente, en un país dividido en la segunda mitad del Siglo XX por una falsa antinomia, su sola mención provocaba entre vastos sectores de la población una tirria especial.

Borges fue sinónimo de gorila y por ende negado, criticado y lanzado a la hoguera de la Inquisición. Y el irónico destino quiso que muriera cuatro años antes que Menem asumiera.

El más peronista y gorila, en una maravillosa conjunción final, de los gobiernos destrozó de un plumazo toda esa estúpida e infame antinomia que hizo que muchos jóvenes se resignaran a disfrutar de la literatura de Borges.

Este tipo de vuelco de la ideología hacia el arte ha sido un reiterativo elemento de ignorancia, y ha sido utilizado políticamente por los adalides retrógradas de la estupidez, en diversas etapas de la historia moderna.

Con claros intereses políticos, obviamente. Así, la supuesta ideología “franquista” de Dalí, lo colocó en una vereda inaccesible para muchos “progresistas”. Finalmente, ¿a quién le interesan las opiniones políticas de un gran pintor o escritor?

El arte es arte y punto. El arte no es burgués y no es revolucionario. No al menos en términos sociales. El arte no es idiota, gracias a Dios. Y soy ateo.

En el rudo Buenos Aires de comienzos de siglo había sido objeto de acoso escolar: «Borges había ido a un colegio del barrio de Palermo -que en aquel momento era un barrio muy humilde y peligroso– y allí había sido objeto de burlas referentes a su torpeza y a su miopía. Lo llamaban «cuatro ojo» y le rompían las gafas, cosa que lo marginaba y lo convertía en un niño raro e inadaptado. En Ginebra, por el contrario, pasó a ser respetado y valorado por sus lecturas y por su precoz inteligencia».

El mismo día del entierro en Ginebra, al que no asistió ningún familiar del escritor, su hermana Norah, compañera de la aventura ultraísta en la España de los años veinte, publicó una carta en el periódico «La Nación», de Buenos Aires: «Me he enterado por los diarios que mi hermano ha muerto en Ginebra, lejos de nosotros y de muchos amigos, de una enfermedad terrible que no sabíamos que tuviera. Me extraña mucho que su última voluntad fuera ser enterrado ahí, ya que siempre quiso estar con sus antepasados y con nuestra madre en la Recoleta (no en el Cementerio Británico como dice el apoderado). Aunque él esté muerto, los recuerdos de toda una vida nos siguen uniendo».

Escuchamos todas esas historias finales, tan de novela negra, tan de viuda negra (aunque siempre vistiera de blanco) y recordamos unos versos premonitorios dedicados «A un poeta menor de la Antología»: «Pero los días son una red de triviales miserias, / ¿y habrá suerte mejor que la ceniza / de que está hecho el olvido».

La verdad no tiene una sola cara. Borges amaba y temía a su madre autoritaria, gracias a la cual pudo realizar su obra, pero que frustró muy eficazmente todas sus relaciones sentimentales; Borges amaba y temía a María Kodama, tras su frágil apariencia no menos enérgica que aquella madre castradora. Era sincero cuando llamaba a escondidas a Bioy, su amigo y su colaborador de tantos años, para confesarle que se sentía arrastrado y casi secuestrado por una voluntad más fuerte que la suya. Pero no era menos sincero cuando al frente de Los conjurados, su última obra, escribía: «De usted es este libro, María Kodama. ¿Será preciso que le diga que esta inscripción comprende los crepúsculos, los ciervos de Nara, la noche que está sola y las populosas mañanas, las islas compartidas, los mares, los desiertos y los jardines, lo que pierde el olvido y lo que la memoria transforma, la alta voz del muecín, la muerte de Hawkwood, los libros y las láminas? Sólo podemos dar lo que ya hemos dado. Sólo podemos dar lo que ya es del otro. En este libro están las cosas que siempre fueron suyas. ¡Qué misterio es una dedicatoria, una entrega de símbolos!».

Qué misterio es una vida, cualquier vida. Qué misterio una muerte, cualquier muerte. El hombre Borges, que fue tantos hombres, una multitud, como todos nosotros, está lleno de sombra; en su obra, en cambio, no hay ni una sombra, ni una arruga ni un borrador perecedero. Toda es música y magia, cordial inteligencia apasionada, alegría para siempre.

Citas de Borges

* “Democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística.”

* “Vida y muerte le han faltado a mi vida. De esa indigencia, mi laborioso amor por estas minucias.” Buenos Aires, 1932.

* “Hay un concepto que es el corruptor y el desatinador de los otros. No hablo del Mal cuyo limitado imperio es la ética; hablo del infinito.” Avatares de la Tortuga.

* “Quienes argumentan que el arte no debe propagar doctrinas, se refieren a doctrinas contrarias a las suyas”

* “Los peronistas no son buenos ni malos, simplemente son incorregibles”

* “La buena amistad soporta la infrecuentación”

* “No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto” (Buenos Aires y El otro, el mismo)

* “Estoy medio desorientado -manifiesta-. Se me acercó una mujer vociferando: ¡Inculto! ¡Ignorante!”

* “La Argentina e Inglaterra parecen dos pelados peleándose por un peine, las islas habría que regalárselas a Bolivia para que tenga salida al mar” (sobre las Malvinas).

* “Dicen que la lengua francesa es tan perfecta que no necesita escritores. A la inversa, dicen que el castellano es una lengua que se desespera de su propia debilidad y necesita producir cada tanto un Góngora, un Quevedo, un Cervantes.”

* “Siempre imaginé que el paraíso sería algún tipo de biblioteca”

* “Creo que habría que inventar un juego en el que nadie ganase”

* “Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”

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