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El verdugo de los chicos: Carrió jura cárcel para Caputo por el ajuste salvaje al Garrahan

Luis “Toto” Caputo quedó en el ojo de la tormenta por recortar fondos al Hospital Garrahan. La referente de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, lo acusó de “escándalo moral” y le advirtió que “va a terminar preso”. El conflicto sanitario desnuda el ajuste despiadado de un gobierno que ya no distingue entre deuda y dignidad. ¿Hasta dónde puede llegar el mercado cuando lo sueltan sin riendas?


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Se ha encendido una chispa que podría prender fuego al tablero político: el recorte de fondos al Hospital Garrahan, uno de los principales centros de salud pediátrica de América Latina, fue denunciado públicamente por Elisa Carrió, quien apuntó sin eufemismos contra el ministro de Economía: «Toto Caputo, con los niños no. Vas a terminar preso y yo me voy a ocupar de eso».

El mensaje, publicado con furia quirúrgica en redes sociales, dejó al descubierto una interna que crece en el oficialismo libertario. La ex diputada nacional, fundadora de la Coalición Cívica y símbolo viviente de la denuncia institucional, alzó la voz en medio del conflicto que enfrenta a los trabajadores del hospital con el gobierno por el brutal «atraso salarial» que arrastran desde hace meses.

En paralelo, el Ministerio de Capital Humano —bajo la conducción de Sandra Pettovello— dictó la conciliación obligatoria para frenar el paro convocado por residentes y médicos del Garrahan. La medida retrotrae el conflicto por 15 días hábiles, pero no resuelve nada. Apenas gana tiempo, como quien venda una herida sin limpiar la infección.

La crisis que atraviesa el Garrahan no es nueva, pero ahora ha escalado a niveles impensados: hay quirófanos con guardias rotadas por falta de personal, insumos que se compran a cuentagotas y salarios que se licúan al ritmo de la inflación. En el último semestre, el poder adquisitivo de los sueldos cayó más de un 30% según datos de la UBA y el Conicet. ¿Quién puede atender con vocación cuando no puede comer con dignidad?

Luis Caputo, el mismo que en 2018 salió eyectado del Banco Central por hundir reservas en una timba cambiaria, hoy vuelve a protagonizar otro capítulo siniestro del ajuste, esta vez con un blanco más cruel: los chicos internados. Su lógica de Excel no contempla incubadoras ni terapias neonatales. La salud, para él, es gasto.

Pero esto no se trata sólo de números. Es una cuestión de moral pública. Porque en un país que se dice civilizado, no se le toca el bolsillo a los médicos de terapia intensiva. No se cierran servicios en un hospital que atiende más de medio millón de niños por año. No se le roba esperanza al futuro para cerrar las cuentas del pasado.

La pregunta se impone: ¿puede un modelo de país que habla de libertad económica justificar la miseria sanitaria? ¿Cuánto más va a bancar la sociedad un experimento que corta por el hilo más delgado, ese que une al recién nacido con el derecho a vivir?


Cierre
En Palermo Online lo decimos sin rodeos: si el ajuste llega a los respiradores de los bebés, es porque ya no queda oxígeno moral en la dirigencia.
Caputo, ¿cuánto cuesta tu conciencia en dólares?
Y a vos, lector, ¿te parece aceptable que se le saque la plata a los nenes enfermos para seguir pagando bonos basura?