La actividad económica en Argentina volvió a pegar un volantazo, pero esta vez directo al pozo. Según el informe del IGA (Índice General de Actividad) del estudio privado Orlando J. Ferreres & Asociados, en marzo la actividad cayó un 1,2% respecto a febrero en términos desestacionalizados. A pesar del rebote interanual del 7,8%, lo cierto es que los motores se están apagando y la foto actual preocupa más que lo que sugiere el espejismo estadístico.
Y es que claro, si te comparás con el piso de 2023 —cuando Milei detonó el poder adquisitivo y el consumo con un shock ortodoxo sin anestesia—, cualquier cosita parece un milagro económico. Pero la realidad del mes a mes muestra otra película, una donde los motores productivos se están quedando sin nafta, y ni el delirio místico libertario alcanza para esconder el humo.
La magia se evapora
“El dato de marzo revierte las subas acumuladas en los últimos tres meses”, reconoce el informe, agregando que el retroceso se explica por un “contexto de incertidumbre local e internacional”. Pero ese contexto tiene nombre y apellido: Javier Milei, el Presidente que juega al economista loco mientras la gente no llega a fin de mes.
Porque mientras en los foros internacionales el libertario sigue vendiendo el cuento del ajuste épico, en la vida real la industria, el comercio y la construcción ya están mostrando signos de retroceso. Y no hablamos de proyecciones, sino de datos concretos:
- Industria manufacturera: cayó 2,3% mensual desestacionalizado.
- Electricidad, gas y agua: -2,6% interanual, con fuerte baja en la demanda residencial.
- Servicios sociales y salud: -0,8% interanual, señal de ajuste en la carne del Estado.
- Administración pública: -0,4% interanual. Milei cumple con su promesa de destruir el Estado, pero eso no es necesariamente algo que se celebre.
Y aunque el informe habla de “una situación más ordenada hacia adelante”, lo cierto es que el orden que propone Milei es más parecido a un quirófano sin cirujano. Orden sin política pública, sin inversión en infraestructura, sin estímulo a la producción. Orden a secas. Orden que asfixia.
Los ganadores: ¿quién se lleva la parte del león?
Llama la atención —o no tanto, si uno ve el modelo que se está consolidando— que los sectores más beneficiados en el arranque de 2025 no son los que generan empleo genuino o valor agregado. No, acá se premia la timba financiera y los que están cerca del extractivismo:
- Intermediación financiera: +34,2% interanual (¡sí, leíste bien!).
- Minería y canteras: +4,2% interanual, con petróleo a la cabeza (+9,9%).
- Comercio: +9,1% interanual, pero con caída mensual.
Mientras tanto, el “milagro de la construcción” es apenas humo con perfume de cemento: crece 4% interanual, pero solo 0,2% en el trimestre, es decir, está frenada en seco.
La inflación que se desacelera es, en parte, producto de una recesión cada vez más tangible. ¿Y a quién le sirve eso? A los que tienen espalda, a los que ya ganaron con la devaluación, a los que compran bonos mientras vos contás monedas en el supermercado.
¿Reactivación o espejismo?
El informe señala que “en el corto plazo deberíamos ver crecer la actividad por mayores ingresos familiares y aumento de la inversión productiva”. Pero eso suena más a plegaria que a diagnóstico. Porque:
- ¿Qué ingresos crecientes si el salario real se sigue pulverizando?
- ¿Qué inversión productiva si las pymes no acceden al crédito y los insumos importados están atados con alambre cambiario?
- ¿Qué demanda si cada vez más argentinos ajustan en comida y medicamentos?
El verdadero drama es que el gobierno se sigue autoconvenciendo de que está todo bien porque los dólares financieros bajan y los bonos suben. Pero eso no cocina guiso ni paga el alquiler.
Un país, dos realidades
Mientras Milei sigue gritando en el Senado, en los foros, o frente al espejo, la Argentina real le muestra la factura. Una economía que se desacelera, sectores que empiezan a recortar personal, y una sociedad que está dejando de ilusionarse con la “resurrección del mercado” para volver a preguntar: ¿y el trabajo? ¿Y el crecimiento que no solo beneficie a los bancos? ¿Y el proyecto de país?
¿O será que el «otro país», ese que no mira el fisura de Milei, ya está abriendo los ojos?
