«Una cucharada y desaparecen el frío, las preocupaciones y cualquier intento de dieta.»
Hay guisos. Hay lentejadas. Y después está esta criatura inclasificable nacida en alguna esquina imaginaria entre Palermo, una parrilla de barrio y una sobremesa eterna. Una receta contundente, exagerada y feliz, pensada para que nadie se vaya de la mesa con hambre.
Ingredientes
- 1 kilo de lentejas
- 1 litro de tomate triturado
- 2 cebollas grandes picadas
- 8 chorizos comunes de carnicería
- 4 a 6 patitas de pollo
- 300 gramos de panceta
- 3 o 4 batatas grandes
- Sal, pimienta y ají molido a gusto
- Agua, cantidad necesaria
Preparación
Paso 1: El despertar de las lentejas
Colocar el kilo de lentejas en una olla grande junto con el litro de tomate triturado. Dejar reposar durante un buen rato para que todo empiece a conocerse y a intercambiar secretos.
Paso 2: La base roja
Llevar la olla al fuego y agregar las cebollas picadas. Cocinar suavemente hasta que rompa el hervor. Apagar el fuego y dejar reposar nuevamente.
Paso 3: La ceremonia de los chorizos
En otra olla hervir los ocho chorizos durante varios minutos. Una vez cocidos, retirarlos, enjuagarlos y reservar. Este paso ayuda a quitar parte de la grasa y deja el sabor más equilibrado.
Paso 4: Las batatas marcadas
Mientras tanto, hervir las batatas hasta que estén apenas tiernas. No deben deshacerse. Reservar para la gran reunión final.
Paso 5: El gran encuentro
Incorporar a la olla principal los chorizos hervidos, las patitas de pollo, la panceta cortada en trozos y las batatas previamente cocidas. Mezclar todo.
Paso 6: Primer hervor
Llevar nuevamente al fuego hasta el primer hervor importante. Apenas hierva, apagar.
Paso 7: El descanso sagrado
Dejar enfriar completamente. Aquí ocurre la magia: los sabores se acomodan, se mezclan y se potencian.
Paso 8: Segundo hervor
Volver a encender el fuego y llevar otra vez a hervor. Apagar nuevamente y dejar descansar.
Paso 9: La resurrección final
Cuando llegue la hora de comer, recalentar lentamente hasta que esté bien caliente y servir en platos hondos, preferentemente acompañado de pan crujiente y una mesa llena de familiares discutiendo de fútbol, política y quién hizo el mejor guiso de la historia.
Rinde: una familia numerosa, dos familias normales o tres periodistas hambrientos después de cerrar edición.
