Año Nuevo Chino

Libro blanco ¿Qué es y qué dice el nuevo libro de Pekín?


Qué es un libro blanco

China redefine las reglas del poder en un mundo cambiante

Qué es y qué dice el nuevo libro blanco de Pekín

China publicó en noviembre de 2025 un nuevo libro blanco sobre control de armamentos, desarme y no proliferación. El documento, presentado como una actualización de política pública, va más allá de lo técnico: expone cómo Pekín concibe la seguridad global en un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, avances tecnológicos acelerados y un orden mundial en transición.

Aunque no menciona a la Argentina ni a América Latina de manera directa, el texto interpela de forma indirecta a los países del llamado Sur Global, entre ellos economías medias, endeudadas y periféricas, que participan del sistema internacional pero rara vez influyen en la definición de sus reglas.


Qué es un libro blanco

Un libro blanco es un documento oficial mediante el cual un Estado fija principios, lineamientos y marcos doctrinarios sobre un tema estratégico. No tiene carácter legal ni implica decisiones operativas inmediatas, pero cumple una función central: ordenar el discurso, anticipar posiciones y establecer límites.

El documento chino se titula “El control de armamentos, el desarme y la no proliferación de China en la nueva era” y constituye una declaración integral sobre cómo el país asiático entiende la seguridad en el siglo XXI.


Por qué China publica este documento

El libro blanco aparece en un contexto de reconfiguración del poder global. La competencia estratégica entre grandes potencias, la erosión de acuerdos tradicionales de control de armamentos y el surgimiento de nuevas tecnologías con uso militar plantean interrogantes sobre la estabilidad futura.

En ese escenario, China busca dejar en claro qué acepta, qué rechaza y bajo qué condiciones está dispuesta a cooperar en materia de seguridad internacional. No se trata de una respuesta coyuntural, sino de una toma de posición de largo plazo.


La visión general de seguridad

El documento sostiene que el mundo atraviesa una etapa de transformación profunda y que los enfoques tradicionales de seguridad ya no resultan suficientes. China propone un concepto de seguridad integral, que combine estabilidad estratégica, cooperación internacional y desarrollo.

Uno de los principios centrales es el de “seguridad indivisible”: la idea de que ningún país puede garantizar su propia seguridad a costa de la inseguridad de otros. Desde esta perspectiva, las políticas basadas exclusivamente en alianzas militares o en la acumulación de poder generan inestabilidad.


La postura china sobre armas nucleares

El libro blanco reafirma posiciones históricas de China en materia nuclear:

  • compromiso con la política de no primer uso de armas nucleares
  • rechazo al despliegue de armas nucleares fuera del territorio nacional
  • mantenimiento de fuerzas nucleares en un nivel considerado defensivo y mínimo
  • oposición a una carrera armamentista nuclear

China sostiene que los países con los mayores arsenales nucleares tienen una responsabilidad especial en avanzar hacia reducciones sustanciales y verificables. En ese marco, rechaza las presiones para sumarse a acuerdos trilaterales con Estados Unidos y Rusia, argumentando que las asimetrías actuales hacen inviable ese esquema.


Críticas al orden vigente de control de armamentos

Sin mencionar países específicos, el documento cuestiona los modelos de control de armamentos que, según Pekín, no reflejan el equilibrio estratégico actual o imponen obligaciones desiguales.

El libro blanco plantea que algunos mecanismos existentes tienden a consolidar ventajas de los actores más poderosos y limitan el desarrollo legítimo de otros Estados. Desde esa óptica, el control de armamentos debería adaptarse a un mundo multipolar.


Alianzas militares y estabilidad regional

El texto expresa preocupación por la expansión de alianzas militares, el despliegue avanzado de sistemas de armas y los cambios en las posturas de disuasión. China considera que estas dinámicas incrementan el riesgo de confrontación y debilitan la estabilidad regional y global.

La seguridad, sostiene el documento, no debe basarse en bloques enfrentados, sino en mecanismos inclusivos de diálogo y cooperación.


El eje central: tecnología y poder futuro

Uno de los aspectos más relevantes del libro blanco es la incorporación explícita de nuevos dominios estratégicos al debate sobre seguridad:

  • espacio ultraterrestre
  • ciberespacio
  • inteligencia artificial
  • tecnologías de uso dual

China advierte que estos ámbitos se están convirtiendo en los principales frentes de competencia militar del futuro y que su falta de regulación podría generar escaladas difíciles de controlar. Por eso, propone avanzar en normas internacionales que limiten su uso militar y promuevan aplicaciones pacíficas.


Gobernanza global y rol de la ONU

El documento insiste en que el sistema de Naciones Unidas debe ser el eje central de la gobernanza global en materia de seguridad, desarme y no proliferación. China plantea fortalecer los mecanismos multilaterales existentes y crear nuevos marcos normativos con participación amplia.

El lenguaje del libro blanco enfatiza conceptos como equidad, inclusividad y multilateralismo, con especial atención a los países en desarrollo, que suelen quedar al margen de las decisiones estratégicas globales.


El mensaje hacia el Sur Global

China sostiene que los regímenes de control de armamentos no deben transformarse en herramientas para limitar el desarrollo tecnológico de los países menos avanzados. En ese sentido, el documento vincula seguridad y desarrollo, y propone una cooperación internacional que contemple ambas dimensiones.

Este enfoque busca posicionar a Pekín como un actor dispuesto a representar intereses más amplios que los de las potencias tradicionales.


Qué no hace el libro blanco

El documento no anuncia tratados nuevos, no fija plazos concretos, no presenta cifras detalladas sobre arsenales ni establece compromisos verificables inmediatos. Su función no es operativa, sino política y estratégica.


Una declaración de intenciones en un mundo en transición

El nuevo libro blanco chino no es un texto neutro ni puramente técnico. Es una declaración de principios con la que China busca influir en cómo se discutirán la guerra, la paz y el poder en las próximas décadas.

En un escenario internacional cada vez más complejo, el documento refleja una realidad ineludible: el control de armamentos y la seguridad global ya no se definirán exclusivamente en los marcos tradicionales. Nuevos actores, nuevas tecnologías y nuevas reglas están en disputa, y China aspira a ser uno de quienes las escriban.

El libro blanco chino no habla de nosotros… pero nos incluye

Y nos incluye en al menos 50 planos sensibles del poder real

China no nos nombra, pero nos piensa en capas. Cuando habla de “equidad”, “reglas no occidentales” y “tecnologías del futuro”, está apuntando a países como el nuestro, donde el Estado es frágil, el mercado es dependiente y la soberanía es más deseo que práctica.

El Tao aplicado a la geopolítica es simple:
el que define el tablero no necesita mover rápido las piezas.

China no dice “quiero mandar”.
Dice algo mucho más:
“quiero definir cómo funciona el mando”.

Y eso se traduce, para países como la Argentina, en al menos estos 50 ítems sensibles:


1–10 · Dinero, comercio y dependencia cotidiana

  1. Moneda de reserva alternativa al dólar (swap, yuanización comercial).
  2. Financiamiento sin condicionalidad política explícita.
  3. Infraestructura financiada llave en mano.
  4. Importaciones baratas que destruyen industria local.
  5. Exportación primaria sin valor agregado.
  6. Dependencia logística marítima.
  7. Precios definidos afuera.
  8. Déficit comercial estructural.
  9. Falta de control sobre cadenas de suministro.
  10. Endeudamiento atado a proyectos, no a reformas.

11–20 · Tecnología dura (la que no se ve, pero manda)

  1. Redes 5G.
  2. Data centers.
  3. Nubes soberanas… o no.
  4. Hardware de telecomunicaciones.
  5. Sensores urbanos.
  6. Cámaras inteligentes.
  7. Sistemas de reconocimiento.
  8. Infraestructura eléctrica inteligente.
  9. Software industrial.
  10. Dependencia tecnológica sin transferencia real.

21–30 · Seguridad, defensa y control indirecto

  1. Satélites.
  2. Uso dual civil-militar.
  3. Control del espacio radioeléctrico.
  4. Drones civiles reconvertibles.
  5. Ciberseguridad dependiente.
  6. Normas de uso del espacio.
  7. Inteligencia artificial aplicada a seguridad.
  8. Protocolos de datos estratégicos.
  9. Dependencia en mantenimiento tecnológico.
  10. Opacidad en sistemas críticos.

31–40 · Estado, gobernanza y poder blando

  1. Financiamiento de obras visibles (hospitales, rutas).
  2. Formación de cuadros técnicos.
  3. Becas y capacitación estratégica.
  4. Penetración cultural silenciosa.
  5. Medios y narrativas “no occidentales”.
  6. Discursos de soberanía atractivos.
  7. Relación directa Estado–Estado.
  8. Desplazamiento de actores privados locales.
  9. Normas técnicas propias.
  10. Manuales de gobernanza importados.

41–50 · Futuro, reglas y tiempo largo

  1. Estándares de inteligencia artificial.
  2. Regulación del ciberespacio.
  3. Normas sobre datos personales.
  4. Uso militar de tecnología civil.
  5. Acceso a chips y semiconductores.
  6. Control de minerales críticos.
  7. Litio y transición energética.
  8. Dependencia verde.
  9. Arquitectura del comercio futuro.
  10. Escritura anticipada de las reglas globales.

La verdad incómoda, a la criolla

La Argentina no elige entre China y Estados Unidos.
La Argentina reacciona.

Ahorra en dólares porque no confía en su moneda.
Compra a China porque no puede pagar otra cosa.
Habla de soberanía mientras terceriza el futuro.

China entiende algo que a nosotros siempre se nos escapa:
el poder no se discute cuando explota, se organiza antes.

Y mientras seguimos debatiendo simpatías ideológicas,
otros escriben —en documentos largos y silenciosos—
el reglamento del mundo que vamos a habitar sin haberlo votado.

El libro blanco chino y la Argentina vista desde su propia historia

Qué leerían San Martín, Belgrano, Rosas, Sarmiento, Mitre, Perón, Alfonsín, Néstor Kirchner y Macri en el documento de Pekín

El nuevo libro blanco de China sobre control de armamentos, desarme y gobernanza de la seguridad global no menciona a la Argentina. Sin embargo, su contenido interpela de manera indirecta a países con trayectorias históricas marcadas por la dependencia, la disputa entre potencias y la búsqueda —nunca del todo resuelta— de autonomía estratégica.

Leído desde la historia argentina, el documento chino permite un ejercicio revelador: observar cómo distintas tradiciones políticas y fundacionales del país podrían interpretar un mundo en el que las reglas vuelven a escribirse.


San Martín: la independencia no es declamada, se garantiza

José de San Martín no habría leído el libro blanco chino en clave ideológica, sino operativa. Para el Libertador, la pregunta central habría sido una sola:
¿este nuevo orden fortalece o debilita la capacidad de los pueblos para decidir por sí mismos?

San Martín desconfiaba de las potencias, incluso de aquellas que se presentaban como aliadas. Sabía que la independencia formal sin respaldo material era frágil. El énfasis chino en autonomía estratégica, en no depender de alianzas militares ajenas y en construir capacidad propia habría resonado con su idea central: la libertad no se pide, se construye.


Belgrano: economía, comercio y reglas justas

Manuel Belgrano habría puesto el foco en otro punto del documento: la crítica a un sistema internacional que beneficia a los más fuertes y limita a los periféricos. Para Belgrano, economista antes que militar, la clave estaba en el comercio y en las reglas.

El discurso chino sobre equidad y Sur Global dialoga con una preocupación belgraniana clásica: sin desarrollo productivo propio, no hay soberanía posible. Belgrano habría leído el libro blanco como una advertencia: si no se participa en la escritura de las normas, se termina obedeciéndolas.


Rosas: soberanía y desconfianza hacia los imperios

Juan Manuel de Rosas habría leído el documento con una mirada recelosa, pero pragmática. Desconfiaría tanto de Estados Unidos como de China. Para Rosas, el problema no era quién lidera el orden, sino qué margen queda para resistir presiones externas.

La insistencia china en la no injerencia y en la soberanía estatal habría sido, para Rosas, una señal positiva. Pero también habría advertido el riesgo de cambiar un tutelaje por otro. En su lógica, el libro blanco sería una oportunidad, no una garantía.


Sarmiento: civilización, tecnología y dilemas modernos

Domingo Faustino Sarmiento habría leído el documento con fascinación y temor. Fascinación por el rol central de la tecnología, la educación técnica y la planificación a largo plazo. Temor por el modelo político que subyace.

Sarmiento entendía que el progreso material era clave, pero también que la modernización sin instituciones podía derivar en nuevas formas de dependencia. El avance chino en inteligencia artificial, ciberespacio y control tecnológico habría sido, para él, una prueba de que el poder del futuro ya no se mide solo en ejércitos.


Mitre: el orden internacional y la inserción occidental

Bartolomé Mitre habría leído el libro blanco como una amenaza al orden internacional clásico. Defensor de la inserción argentina en el mundo occidental, vería en el documento chino un intento de disputar la hegemonía cultural y política de Occidente.

Mitre habría advertido que los cambios en las reglas globales siempre generan inestabilidad y que las potencias emergentes no suelen ser neutrales. Para su mirada, el desafío argentino sería evitar quedar atrapado entre bloques sin capacidad de decisión propia.


Perón: la tercera posición vuelve a escena

Juan Domingo Perón habría encontrado en el libro blanco chino una confirmación de su tesis central: el mundo no es binario. La disputa entre Estados Unidos y China reactualiza la idea de la tercera posición, no como neutralidad pasiva, sino como búsqueda activa de autonomía.

Perón habría leído con interés la apelación china al Sur Global y a la equidad, pero habría insistido en algo clave: sin poder propio, no hay negociación posible. Para su lógica, el documento chino no es una solución, sino una oportunidad que exige músculo político y económico.


Alfonsín: reglas, derecho internacional y multilateralismo

Raúl Alfonsín habría puesto el acento en el rol de la ONU y en la necesidad de reglas multilaterales. El énfasis chino en la gobernanza global y en el rechazo a soluciones unilaterales habría sido, en principio, bien recibido.

Sin embargo, Alfonsín también habría advertido que las normas solo funcionan si hay equilibrio de poder. El libro blanco, desde su mirada, plantea una tensión: fortalecer el derecho internacional sin que este sea capturado por nuevas hegemonías.


Néstor Kirchner: autonomía, negociación y poder real

Néstor Kirchner habría leído el documento desde una lógica de negociación dura. No como adhesión ni rechazo automático, sino como señal de un mundo en transición donde los márgenes de maniobra se amplían para países medianos.

El discurso chino sobre equidad y Sur Global habría sido interpretado como una ventana para renegociar relaciones, diversificar alianzas y recuperar capacidad de decisión. Para Kirchner, el problema no sería China, sino la falta de una estrategia argentina consistente.


Macri: pragmatismo, mercados y reglas claras

Mauricio Macri habría leído el libro blanco con preocupación por la incertidumbre. Para su enfoque, los cambios en el orden global generan riesgos para la inversión, el comercio y la previsibilidad.

El avance chino en la definición de normas tecnológicas y de seguridad habría sido visto como un dato de la realidad a gestionar, no a confrontar. Su lectura habría sido pragmática: adaptarse al nuevo tablero sin romper con los vínculos tradicionales.


Una misma pregunta a lo largo de dos siglos

Desde San Martín hasta Macri, la pregunta que atraviesa la historia argentina es siempre la misma:
¿cómo conservar margen de decisión en un mundo dominado por potencias?

El libro blanco chino no ofrece respuestas para la Argentina, pero obliga a formular la pregunta una vez más. El desafío no es elegir entre Estados Unidos o China, sino evitar que el país vuelva a quedar reducido a espectador de reglas que otros escriben.

En un mundo que se redefine por tecnología, normas y anticipación estratégica, la historia argentina aporta una lección persistente: la soberanía no se hereda, se ejerce. Y para ejercerla, primero hay que entender el tablero.

“China’s Arms Control, Disarmament, and Nonproliferation in the New Era”


NATURALEZA DEL DOCUMENTO

El texto es un libro blanco oficial del Estado chino, emitido por la Oficina de Información del Consejo de Estado, que expone de manera sistemática las políticas, principios, prácticas y posiciones de China en materia de:

  • control de armamentos
  • desarme
  • no proliferación
  • seguridad internacional
  • gobernanza de nuevas áreas tecnológicas

El documento se presenta como una declaración integral de política estatal, dirigida a la comunidad internacional.


PREFACIO

El prefacio establece que:

  • La paz y el desarrollo son temas permanentes de la humanidad.
  • El control de armamentos, el desarme y la no proliferación buscan reducir el riesgo de guerra, corregir déficits de seguridad y promover la paz global.
  • Estas tareas son consideradas esenciales para la estabilidad estratégica mundial y el bienestar común.

China afirma que:

  • Su tradición histórica valora la paz, la armonía entre naciones y la justicia internacional.
  • Desde la fundación de la República Popular China en 1949, ha seguido un camino de desarrollo pacífico y una política de defensa defensiva.
  • Se opone a la hegemonía, la agresión, la expansión y las carreras armamentistas.

El documento señala que:

  • En 2025 se cumplen 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la fundación de la ONU.
  • A pesar de ello, la paz sigue siendo frágil, los conflictos regionales continúan y el gasto militar mundial aumenta.
  • La humanidad enfrenta nuevamente una disyuntiva entre paz o guerra, cooperación o confrontación.

El objetivo del libro blanco es:

  • Presentar de manera integral las políticas chinas en estas áreas.
  • Explicar la postura de China sobre la gobernanza de seguridad en campos emergentes como el espacio, el ciberespacio y la inteligencia artificial.
  • Reafirmar el compromiso de China con la paz mundial.
  • Convocar a la cooperación internacional en el control de armamentos.

I. REALIDADES DE LA SEGURIDAD INTERNACIONAL Y EL CONTROL DE ARMAMENTOS

El documento describe un contexto global caracterizado por:

  • Transformaciones aceleradas del equilibrio estratégico mundial.
  • Mayor multipolaridad y demandas de multilateralismo.

Al mismo tiempo, identifica riesgos crecientes:

  • Intensificación de rivalidades entre grandes potencias.
  • Aumento de conflictos regionales.
  • Escalada de la carrera armamentista global.

Se afirma que:

  • Un “cierto país” busca superioridad estratégica absoluta mediante expansión militar, fortalecimiento de alianzas, despliegues avanzados y disuasión extendida.
  • Estas acciones incrementan tensiones regionales, especialmente en Asia-Pacífico.

El texto sostiene que:

  • La estabilidad estratégica global enfrenta amenazas por cambios en políticas nucleares, desarrollo de sistemas antimisiles y militarización de nuevos dominios.
  • El régimen internacional de control de armamentos se ha debilitado por retiradas unilaterales de tratados y por prácticas de doble estándar.

También se destaca que:

  • Las tecnologías emergentes generan nuevos riesgos de seguridad.
  • La ausencia de normas claras y la militarización acelerada complican la gobernanza global.

El capítulo concluye señalando que:

  • Las demandas de un régimen de control de armamentos más justo reflejan un deseo global de paz.
  • Los países del Sur Global reclaman mayor equidad en la arquitectura de seguridad.
  • China se presenta como defensora del sistema multilateral centrado en la ONU.

II. POSICIÓN Y POLÍTICAS DE CHINA EN LA NUEVA ERA

China define sus políticas en función de:

  • Su tradición cultural de armonía.
  • Su sistema político.
  • Su compromiso estratégico con el desarrollo pacífico.

Principios generales

El documento sostiene que:

  • La humanidad constituye una comunidad con un futuro compartido.
  • La seguridad es indivisible.
  • El control de armamentos debe contribuir al equilibrio estratégico y la estabilidad global.

China afirma:

  • Apoyar relaciones internacionales basadas en respeto mutuo, equidad, justicia y cooperación beneficiosa para todos.
  • Promover una arquitectura de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible.

Defensa y gasto militar

China declara que:

  • Su política de defensa es defensiva por naturaleza.
  • No busca hegemonía, expansión ni esferas de influencia.
  • No participa en carreras armamentistas.

Sobre el gasto militar:

  • Afirma que es razonable, transparente y proporcionado.
  • Indica que es bajo en relación con el PIB y otros países militarmente fuertes.
  • Participa en los mecanismos de transparencia de la ONU sobre gastos militares.

Principios de control de armamentos

China sostiene que:

  • Las discusiones deben basarse en justicia, cooperación, equilibrio y efectividad.
  • Se opone a la coerción política, el unilateralismo y los dobles estándares.
  • Defiende el multilateralismo auténtico y el papel central de la ONU.

El texto señala que:

  • China ha firmado o ratificado más de 20 tratados internacionales de control de armamentos.
  • Participa activamente en foros multilaterales y mantiene consultas bilaterales y multilaterales.

III. PAPEL DE CHINA EN EL CONTROL INTERNACIONAL DE ARMAMENTOS

Armas nucleares

El documento afirma que:

  • China considera las armas nucleares una amenaza existencial para la humanidad.
  • Sostiene que una guerra nuclear no debe librarse ni ganarse.

China declara que:

  • Mantiene una política de no primer uso de armas nucleares en cualquier circunstancia.
  • No usa ni amenaza con usar armas nucleares contra Estados no nucleares.
  • No despliega armas nucleares fuera de su territorio.

China afirma que:

  • Mantiene sus capacidades nucleares al nivel mínimo necesario para su seguridad.
  • No participa ni participará en carreras armamentistas nucleares.

También señala que:

  • Ha tomado medidas estrictas de seguridad y control para evitar lanzamientos accidentales o no autorizados.
  • Ha implementado medidas de transparencia y fomento de la confianza.

Desarme nuclear

China sostiene que:

  • Los Estados con mayores arsenales tienen responsabilidades especiales.
  • El desarme debe ser gradual, verificable y legalmente vinculante.

China apoya:

  • El Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares.
  • La negociación de un tratado para prohibir materiales fisibles.
  • El establecimiento de compromisos mutuos de no primer uso entre Estados nucleares.

No proliferación nuclear

El documento indica que:

  • La no proliferación debe abordarse mediante soluciones políticas y diplomáticas.
  • Se opone al uso de sanciones ilegales y la fuerza.

China afirma:

  • Apoyar la solución política del tema nuclear iraní.
  • Promover el diálogo en la península coreana.

IV. SEGURIDAD Y GOBERNANZA EN CAMPOS EMERGENTES

Espacio ultraterrestre

China sostiene que:

  • El espacio debe usarse con fines pacíficos.
  • Se opone a su militarización y a una carrera armamentista espacial.
  • Apoya normas multilaterales bajo la ONU.

Ciberseguridad

El documento afirma que:

  • El ciberespacio es un dominio común de la humanidad.
  • Debe respetarse la soberanía digital de los Estados.
  • Se opone a ataques cibernéticos, espionaje masivo y confrontación ideológica.

Inteligencia artificial militar

China declara que:

  • La IA militar debe desarrollarse de forma segura, controlable y ética.
  • El control humano debe mantenerse en sistemas de armas.
  • Se necesita un marco internacional inclusivo para su regulación.

V. NO PROLIFERACIÓN Y USOS PACÍFICOS DE LA CIENCIA Y LA TECNOLOGÍA

El documento sostiene que:

  • La no proliferación debe equilibrarse con el derecho al desarrollo.
  • Los países en desarrollo no deben ser privados del acceso a tecnologías pacíficas.

China afirma que:

  • Ha fortalecido su sistema interno de control de exportaciones.
  • Cumple con resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU.
  • Se opone al uso abusivo de controles tecnológicos como herramienta de presión política.

China promueve:

  • Cooperación internacional en usos pacíficos de la energía nuclear, biotecnología y química.

El documento es el primer informe detallado sobre defensa nacional que publica China desde el 18° Congreso Nacional del Partido en 2012, indicó Hu Kaihong, portavoz de la Oficina del Consejo Estatal de Información. Es el 10mo documento de su clase que se difunde desde 1998.