Mucho lumpenaje golpista en la marcha contra el golpe.
¿Y ahora qué hacemos con las marchas de aquellos miles y miles de los que éramos aún pibes; con los gases lacrimógenos y los pañuelos mojados en las fuentes de las plazas para apagar tanto ardor en los ojos, las gargantas y las almas; con las corridas esquivando los caballos y los palos de la Montada; con las balas de goma silbando sobre las cabezas y pegando en los cuerpos; con las puteadas contra la dictadura y los gritos estentóreos por la democracia; con las incontables participaciones en reuniones, rondas y movilizaciones de Madres y Abuelas y en las marchas de la Multipartidaria y los paros y manifestaciones sindicales?
Y ahora, mucho lumpenaje otra vez, en una marcha contra el golpe, pidiendo que se vayan todos, usando el durísimo y tristísimo calificativo «genocida» que se ganaron los verdaderos genocidas, de manera gratuita, sin ton ni son.
Por favor, no sean idiotas útiles de unos necios con cabeza de adoquín que no pueden ni atarle los cordones a aquellos que realmente tenían, compartido o no, un pensamiento superior y una visión trascendente.
No sean víctimas de un slogan y una remera estampada con los rostros de quienes si pudieran resucitar por medio día solamente los cagaría a patadas, y por qué no a tiros.
Y si la pereza mental se los permite, por un ratito, nada más que por un ratito, tómense unos minutos para preguntarnos a nosotros, los que andamos bordeando las orillas -por arriba y un poquito por abajo- los 50 cómo vivimos aquella hermosa primavera predemocrática y los primeros años de la democracia, donde las palabras «golpe», «dictadura» y «genocidio» tenían el significado que debían tener, y no eran bastardeada por el lumpenaje supuestamente ilustrado, el nuevo hippismo con prepaga, los nuevos «idealistas» subsidiados. Los que, en definitiva, con perdón del exabrupto, se cagan en la memoria y en los sacrificios ajenos y, al final, terminan transformando el dolor en un soberano pic-nic coronado con una monumental ensalada ideológica.
Luis Tarullo es periodista, hemos compartido la lucha clandestina, las manifestaciones, las reuniones para recuperar le gremio de prensa durante la dictadura, la ayuda a los presos, todo eso. Nos ofende en «acarreo» en las marchas de los DDHH.
