Consumo en baja: Palermo ajusta el bolsillo y cambia hábitos mientras la economía no arranca
Buenos Aires. El consumo privado en Argentina volvió a dar señales de debilidad en febrero de 2026 y, lejos de mostrar un rebote sólido, confirmó un escenario que en los barrios ya se siente en la calle: menos bolsas, menos salidas y más cálculo fino antes de gastar.
Según datos privados del Índice de Consumo Privado (ICP-UP) elaborado por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo, el consumo cayó un 1,9% interanual en febrero, marcando el tercer mes consecutivo en terreno negativo y acumulando una baja del 1,7% en el primer bimestre del año. Aunque en la comparación mensual hubo una leve suba del 1,1% frente a enero, el dato no alcanza para revertir la tendencia.
La foto macroeconómica encuentra rápidamente su reflejo en Palermo, donde comerciantes, vecinos y trabajadores describen un cambio de comportamiento claro: se compra menos, se elige más y se posterga todo lo que no sea urgente.
En la esquina de Honduras y Gurruchaga, un almacenero de toda la vida lo resume sin vueltas: “Antes la gente entraba y se llevaba cuatro o cinco cosas. Hoy preguntan precios, comparan, y a veces se van con una sola. O directamente nada”. La escena se repite en verdulerías, carnicerías y kioscos del barrio.
Los indicadores acompañan esa percepción. La recaudación del IVA cayó un 3,5% interanual en febrero —descontando el efecto inflacionario—, mientras que el patentamiento de autos retrocedió un 3,4%. Más fuerte aún fue el golpe en el consumo de carne vacuna, que registró una caída del 14,7% interanual en enero, un dato que en Argentina no es solo económico: es cultural.
En Palermo, las parrillas no están vacías, pero sí más selectivas. “Se llena los fines de semana, pero entre semana está flojo. Y ya no se piden los mismos cortes ni las mismas cantidades”, cuenta el encargado de un restaurante sobre la avenida Cerviño. La postal es clara: mesas ocupadas, pero tickets más chicos.
El informe también advierte una pérdida de dinamismo en el crédito. Las compras con tarjeta crecieron apenas un 5,8% interanual en febrero, muy lejos del 51,6% que habían registrado durante 2025. Traducido al barrio: menos cuotas, más efectivo contado —y, muchas veces, menos consumo directamente.
Una empleada de un local de indumentaria en Palermo Soho lo describe con una mezcla de resignación y realismo: “La gente entra, se prueba, pregunta si hay descuento y dice ‘lo pienso’. Antes eso no pasaba tanto. Hoy es casi automático”.
El ajuste también se cuela en el ocio. El sector de recreación y turismo mostró señales de estancamiento, con caídas en patios de comida y en la asistencia a cines. En Plaza Serrano, donde históricamente el movimiento nocturno marcaba el pulso del barrio, los bares siguen abiertos pero con rotación más lenta y consumos más medidos.
Un joven de 27 años, sentado en la plaza con una lata de cerveza comprada en un kiosco, lo dice con crudeza generacional: “Salir a un bar está caro. Venimos acá, charlamos y listo. Es la misma onda, pero más barato”.
En paralelo, algunos rubros muestran comportamientos atípicos. La venta de motocicletas creció un 72,3% interanual en febrero, lo que se interpreta como una búsqueda de alternativas más económicas frente al auto o incluso como herramienta de trabajo en un contexto donde crecen las aplicaciones de reparto.
Pero incluso esos datos positivos esconden otra lectura: no se trata necesariamente de expansión económica, sino de adaptación. La economía no despega; la gente se reacomoda como puede.
En una farmacia sobre avenida Santa Fe, una clienta mayor hace cuentas en voz baja antes de pagar. “Antes venía y compraba todo junto. Ahora voy de a poco. Lo justo”, dice. Esa frase, simple y silenciosa, sintetiza mejor que cualquier gráfico el momento actual.
El informe de la Universidad de Palermo es claro: la suba mensual no alcanza para hablar de recuperación. La caída interanual persistente indica que el consumo sigue debilitado, y que el rebote, si llega, todavía no se ve en el horizonte cercano.
En Palermo, ese diagnóstico se camina. Está en los locales con promociones permanentes, en los carteles de “liquidación”, en los menús acotados, en las compras fragmentadas y en las decisiones postergadas.
La economía, como el barrio, tiene memoria. Y también tiene olfato. Y hoy, entre veredas gastadas y vidrieras que esperan, hay una sensación que se repite: la plata no alcanza, el consumo se enfría y el famoso “ya va a arrancar” empieza a sonar, otra vez, como promesa lejana.
¿Se trata de una pausa antes del rebote o de un cambio más profundo en los hábitos de consumo? En Palermo, por ahora, la respuesta no está en los informes: está en la calle. Y la calle, cuando habla, no suele equivocarse.
