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El plan de Milei no funciona

Crisis perfecta: soja en picada, Vicentin paralizada y FMI trabado complican el plan de Milei

La economía real le pasa factura al gobierno de Javier Milei. Mientras la soja —principal fuente de dólares para la Argentina— se hunde en su valor internacional, la crisis de Vicentin paraliza una porción clave del aparato agroexportador y la negociación con el FMI se estanca, dejando a la gestión libertaria al borde de un problema autoinfligido: falta de divisas, presión sobre el tipo de cambio y una creciente incertidumbre financiera.

En las últimas horas, se encendieron todas las alarmas. Los futuros de la soja en la Bolsa de Chicago se desplomaron a su nivel más bajo en lo que va del año, arrastrados por una nueva escalada de tensiones comerciales entre Estados Unidos y China. El gigante asiático anunció un arancel adicional del 34% sobre los productos agrícolas estadounidenses, afectando directamente al mercado de exportaciones donde la Argentina compite de manera indirecta. El precio cayó a 292 dólares la tonelada, un valor que compromete el ingreso de divisas en plena cosecha gruesa.

En paralelo, Vicentin, histórica agroexportadora santafesina, decidió frenar toda su actividad industrial, cerrando sus plantas en Ricardone y Avellaneda ante la falta de granos para procesar, deudas millonarias y una crisis financiera sin precedentes. La empresa, en default desde 2019, enfrenta la prisión preventiva de cuatro de sus exdirectivos, acusados de estafa y asociación ilícita por maniobras fraudulentas que alcanzan los 600 millones de dólares.

Sin granos para moler, sin caja para pagar sueldos y sin respaldo estratégico, Vicentin agrava el deterioro de la capacidad de molienda argentina, justo cuando el país necesita potenciar al máximo sus exportaciones para generar divisas genuinas.

Mientras tanto, en Washington, el directorio del Fondo Monetario Internacional no logró consensuar la liberación de fondos que el Gobierno de Milei considera vitales para reforzar las reservas del Banco Central. Las diferencias entre los representantes europeos y la presión de Estados Unidos —ahora bajo el regreso de Donald Trump a la presidencia— frenaron cualquier avance. Desde el FMI se limitaron a señalar que «las negociaciones continúan», pero en Buenos Aires la preocupación crece: sin dólares frescos, el margen de maniobra económica se achica peligrosamente.

Según fuentes cercanas al organismo, Trump estaría dispuesto a destrabar el apoyo a cambio de que la Argentina revise sus vínculos económicos con China, alineándose más claramente con Washington en la nueva guerra fría comercial. Una jugada que exige a Milei definiciones geopolíticas que no estaban en su hoja de ruta original.

Un lío autoimpuesto

En este escenario, la apuesta inicial de Milei de confiar exclusivamente en un ajuste fiscal «teórico» y en la voluntad del mercado internacional para sostener su plan económico empieza a mostrar fisuras profundas. La caída del precio de la soja, la crisis agroindustrial de Vicentin y la parálisis del acuerdo con el FMI exponen una realidad incómoda: la economía real no responde a consignas libertarias ni a ilusiones de «shock», sino a flujos concretos de comercio, producción y política internacional.

El Gobierno enfrenta ahora una tormenta perfecta: exportaciones debilitadas, menor ingreso de divisas, un frente externo cada vez más condicionado y un riesgo país que volvió a rozar los 950 puntos básicos. El dólar paralelo, en tanto, refleja la creciente desconfianza de los inversores.

Analistas coinciden en que Milei se enfrenta a un problema autoimpuesto por su falta de comprensión de la dinámica productiva argentina. Apostar únicamente a la macroeconomía de manual, ignorando las complejidades del agro, la industria y la política internacional, dejó a la administración libertaria navegando sin herramientas en un mar picado.

«La Argentina necesita dólares hoy, no en tres años. Y el mercado no regala confianza: la construye con hechos, no con slogans», resumió un operador financiero bajo anonimato.

Mientras tanto, en el interior agroexportador, crece la inquietud: la falta de solución para casos como Vicentin, combinada con el desplome de precios internacionales, amenaza con un efecto cascada sobre toda la cadena productiva.

En los pasillos oficiales, la incertidumbre domina. Y en los mercados, el reloj corre.

¿Logrará Milei salir de la trampa que, paradójicamente, él mismo se tendió?