El Sínodo callejero que amazonizó Roma. Por Lucas Schaerer.

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Fernando López Pérez durante un acto en San Pedro un día del Sínodo.
Foto: Lucas Schaerer.




A Fernando López Pérez se le ha visto durante todo el mes de octubre, a las ocho de la mañana, frente a la plaza San Pedro. Suele andar con chanclas de color verde, pantalón deportivo gris, camiseta con el lema La causa indígena es de todos nosotros (escrito en portugués), un anillo de coco, pulseras en ambos brazos tatuados y collares de cultura indígena. Alfa y Omega se encuentra con él frente a la iglesia Santa María en Traspontina, centro de atención informativa la pasada semana tras el robo de unas estatuillas indígenas.

López Pérez nació en las islas Canarias y, al terminar su carrera universitaria de Física en 1985 en Sevilla, se convirtió en voluntario de la Compañía de Jesús en la República de Paraguay, cuando allí gobernaba el dictador militar Alfredo Stroessner. En el año 1998 llegó a la Amazonía, al abrirse una nueva misión en Brasil, y allí fue destinado, por lo que hace 21 años está misionando en el pulmón del mundo como integrante del Equipo Itinerante y el Consejo Indigenista Misionero (CIMI).

Para este sacerdote callejero el Sínodo que ha encabezado el Papa argentino y jesuita ha tenido varios elementos de kairós. «El primero es que nadie imaginó que estaríamos aquí en Roma amazonizando», asegura durante la entrevista. «Otro elemento más evidente del Espíritu es que el Sínodo sobre la Amazonía es una continuidad del Concilio Vaticano II», añade. Y agrega López Pérez esta pregunta que el Papa suele lanzar: «¿Qué planeta queremos dejar para nuestros hijos?». «Eso le interesa a un musulmán, a alguien de la India, a los orientales, a los guaraníes o a un yanomami. Todos queremos que nuestros hijos y nietos sigan en la danza de la vida sobre nuestra Madre Tierra». Por eso, en el 2017 «se lanza el Sínodo de la Amazonía, y en enero de 2018 el Papa se encuentra con los pueblos indígenas del Amazonas». «Allí tuvo una actitud profundamente profética: primero la escucha del grito, cuál es el clamor de los pueblos indígenas. Francisco en ese viaje vivió un momento de kairós, con una dimensión de anuncio y denuncia porque, con toda claridad, dijo en Puerto Maldonado que nunca antes los pueblos y la Amazonía estuvieron tan amenazados». Y puso nombre concreto a quien amenaza, «que es el sistema económico ecocida, un sistema depredador que se ha impuesto en el mundo».

La selva tropical y urbana, unidas

El segundo elemento de kairós es que la diversidad genera vida. «La Amazonía, cuanto más diversa, más divina. Si conseguimos mantener la unidad en la diversidad y complementariedad, esa es la comprensión de nuestro Dios cristiano. Creo que es muy importante que, como Iglesia, sepamos trabajar con otro diferente, que no es una amenaza, sino una oportunidad», asegura este cura canario que lleva más de dos décadas en el llamado séptimo continente.

La selva tropical y la selva urbana, clama este sacerdote, tiene que estar unidad. «Una selva sin la otra no tiene solución», asegura, y acompaña sus palabras con el gesto de sus propios brazos en un abrazo de amor.

Lucas Schaerer
Ciudad del Vaticano