En el origen del comer

Por Flavia Tomaello, https://flaviatomaello.blog/, Instagram @flavia.tomaello

Las tendencias internacionales se redirigen a las fuentes. El pan vuelve a ser el rey y en torno de una gran gestión de los panificados, Moshu se descubre con una mirada boutique.

Los grandes chefs del mundo se encuentran repasando los saberes tradicionales. La regreso a los orígenes nos abre perspectivas conocidas, pero que en estas generaciones se exhiben por primera vez. La riqueza de los panificados se pone en valor. Mientras la moda explota, localizar lo genuino es el dilema.
En Saavedra, entre calles arboladas, con boulevar que invita a tomar la calle, un reducto pequeño, dispone mesas que rodean un gran ventanal hacia donde todo se cuece. Moshu está disponible con mirada amplia para encontrar respuesta al hambre durante toda la jornada.
Pastelería, desayunos, almuerzos, meriendas, brunch y hasta un posible picnic se desgajan desde la creatividad de Lucas Villalba quien con una mirada inteligente, puso en su negocio aquello que busca como cliente. Así, los reinos de su mostrador se completan con productos frescos de calidad, panadería y pastelería con riqueza de manos de abuela, y una mano colombiana que completa la oferta gastronómica.
La arquitectura acompaña con texturas rústicas y naturales, a la vez que la impronta industrial cobija toques de vanguardismo en el cocinar tradicional. Mesas individuales, altas y bajas, comunitarias, con sillas o con sillones, cobijadas y en el exterior… hay para que cada uno encuentre el mejor modo de afrontar cualquiera de las ingestas, que -además- las hay a toda hora.

Con pan todo sabe mejor

En épocas de dilemas en torno del gluten, en Moshu los panificados son reyes y se lo merecen. Mientras las propuestas tienen un sabor personal y bien ganado, es indiscutible que las condiciones propias de los panificados las convierten en excelentes.
La carta es breve, pero rotunda. Si se llega con la almohada bajo el brazo hay huevos revueltos con gruyère, ciboulette y tostadas o yogur casero con granola especialmente horneada con miel.
En el mediodía los dilemas aparecen entre las tartas (siempre con novedades de la jornada) o los sándwiches.
La original idea de salmón ahumado en pan de maíz (con palta, cebolla morada, alcaparras, rúcula y queso crema) es un hallazgo con la reinvindicatoria de ese estilo de harina. Imperdible el emparedado de ternera braseada por cinco horas. Todos los panes son de fermento natural, con opciones veggie, ligeras o sustanciosas. Siempre acompañadas con papas horneadas con son una adicción tan intensa como si fueran fritas, o pequeñas porciones de ensaladas. Estas también son alternativa como plato de fondo en . Además están las opciones de prosciutto en pan de oliva negra (con jamón crudo tipo Parma, queso brie, rúcula y manteca de tomates opciones clásicas o propias como
la de quínoa (con vegetales asados, tomates dulces, espinaca, huevo poche, semillas), magtí (rúcula, peras caramelizadas, queso azul, aderezo de nuez). Los adherezos también son personales.
Su mostrador exhibe libertinamente dulces para el debate: cuál no probar? A lo seguro van los golosos con versiones de cheesecake de dulce de leche y Oreo o los alfajores sablée.
Genuino, sabroso en serio y con personalidad. Eso propone Moshu. Es lo que promete… y promete más que bastante.

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