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Guerra de cuernos: Sabrina Rojas fulminó a Griselda Siciliani

Sabrina Rojas fulminó a Griselda Siciliani y barrió a todos: moral selectiva, pañuelo de ocasión y un galán con una sola idea

Buenos Aires, El culebrón volvió a girar como trompo en vereda mojada y nadie salió ileso. Sabrina Rojas apuntó con munición gruesa contra Griselda Siciliani, le recordó su pasado sentimental y dejó al desnudo lo que, según ella, es una sororidad de utilería. Pero en esta novela no hay heroínas: hay reproches cruzados, silencios convenientes y un protagonista masculino —Luciano Castro— que vuelve a quedar retratado como el de siempre.

Rojas habló sin anestesia en Bondi, el streaming que comparte con Ángel de Brito, y recordó el doble estándar mediático que, dice, la aplastó cuando le tocó a ella:
“Luciano metió los cuernos y es ‘pobre, ay, tal vez’. A mí cuando me los metieron era ‘cornuda’. Me hicieron mierda”. Dardo al centro del rating.

La conductora también cargó contra el operativo cuidado de imagen que, según su mirada, se activó desde ciertos sillones amigos. Mencionó a Moria Casán por “cuidar” a la pareja en su ciclo, y no se guardó nada al contrastar ese silencio con el escrutinio feroz sobre otros vínculos mediáticos, incluso el reciente compromiso de Lali Espósito y Pedro Rosemblat.

La frase que incendió todo fue directa y sin filtro: “No tener principios es meterte todo el tiempo con tipos casados”. Y aunque Rojas aclaró que el principal responsable es el hombre, no absolvió a Siciliani: “Te puede pasar enamorarte de un casado una vez. Cuando se repite, es otra cosa. Ahí la sororidad brilla por su ausencia”.

Amarillo puro: pañuelo verde en la foto, tijera en la práctica. Discursos nobles que se caen cuando la tentación aprieta. Y en el medio, el galán de turno —Castro— reducido a una caricatura que ya cansa: el varón con una sola idea en la cabeza, cómodo en la confusión ajena y siempre beneficiado por la indulgencia social.

Conclusión sin edulcorantes: acá no hay santas ni demonios. Hay dos mujeres midiéndose en público con la vara torcida del espectáculo y un fulano que vuelve a salir barato. Moral selectiva, sororidad a conveniencia y un libreto viejo que se repite. El rating aplaude; la coherencia, ausente. ¿Hasta cuándo el mismo guion?