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La Fundación El Libro alertó que la derogación de la ley librera amenaza la diversidad cultural

La entidad rechazó el proyecto que busca eliminar la Ley 25.542, norma que establece un precio uniforme para los libros. Advirtió que la desregulación favorecería la concentración comercial, debilitaría a las librerías independientes y reduciría la diversidad editorial en todo el país.

La Fundación El Libro expresó su profunda preocupación ante el proyecto de derogación de la Ley de Protección a la Actividad Librera —Ley 25.542— y llamó a defender una norma que, desde hace más de dos décadas, regula la comercialización de libros en la Argentina.

Mediante un comunicado, el Consejo de Administración de la institución sostuvo que la legislación no constituye un simple mecanismo comercial, sino una herramienta destinada a garantizar condiciones más equilibradas entre grandes cadenas, plataformas de venta, librerías independientes, editoriales y distribuidores.

La ley establece que cada editor, importador o representante debe fijar un precio uniforme de venta al público para los libros. De esta manera, una obra debería tener el mismo valor en una gran cadena que en una pequeña librería barrial, salvo las excepciones contempladas por la propia normativa.

El riesgo de una competencia desigual

Para la Fundación El Libro, eliminar este sistema no provocaría necesariamente una baja generalizada de precios. Por el contrario, permitiría que los actores con mayor capacidad financiera aplicaran descuentos agresivos sobre los títulos más vendidos, una estrategia difícil de sostener para los comercios pequeños.

El peligro, advierte el sector, es que las grandes empresas puedan vender determinados libros con márgenes mínimos —o incluso asumir pérdidas temporales— para captar clientes y desplazar competidores. Una vez reducido el número de librerías, el mercado quedaría más concentrado y con menos posibilidades de elección.

La preocupación alcanza también a las editoriales independientes y a los autores que no forman parte de los grandes circuitos comerciales. Las librerías de cercanía suelen sostener catálogos amplios, recomendar escritores nuevos y conservar títulos que no necesariamente ocupan los primeros lugares de ventas.

Las librerías como faros culturales

La Fundación definió a las librerías como “verdaderos faros culturales”: espacios de encuentro, conversación y circulación de ideas que trascienden la compraventa de ejemplares.

En barrios como Palermo, las librerías forman parte de la identidad urbana. Allí se realizan presentaciones, talleres, lecturas, encuentros con escritores y actividades infantiles. Muchas sobreviven gracias a un público fiel y a la tarea de libreros que conocen cada estante y todavía practican ese antiguo oficio de recomendar un libro mirando al lector, no un algoritmo.

La desaparición de estos espacios no significaría solamente el cierre de comercios. También implicaría perder ámbitos de sociabilidad, memoria barrial y acceso democrático a producciones editoriales que difícilmente aparecen en las vidrieras dominadas por los títulos de mayor rendimiento económico.

El respaldo de toda la cadena del libro

La entidad aseguró que la Ley 25.542 cuenta con el respaldo de editores, libreros, distribuidores, autores y trabajadores gráficos. Estos sectores consideran que el precio uniforme permite competir mediante la calidad de la atención, la variedad del catálogo y el vínculo con los lectores, en lugar de convertir cada libro en una mercancía sometida exclusivamente a una guerra de descuentos.

“La cultura es un derecho fundamental”, señaló la Fundación El Libro, que convocó al ecosistema editorial, a los lectores y a la sociedad a pronunciarse en defensa de las librerías.

El Consejo de Administración se declaró en estado de alerta y anticipó que promoverá las acciones necesarias para preservar el capital lector y cultural de los argentinos.

El debate recién comienza y excede una discusión sobre precios. La pregunta de fondo es qué modelo cultural quiere sostener la Argentina: uno con librerías diversas, autores nuevos y catálogos plurales, o un mercado concentrado donde solamente sobreviva aquello que vende rápido. ¿Puede hablarse de verdadera libertad de elección si desaparecen los lugares donde todavía es posible descubrir un libro inesperado?

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