Las emociones también trabajan en las empresas

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Por Eduardo Wassi, especialista en nuevas tecnologías, https://eduardowassi.wordpress.com/

No existe manera de que una tarea de coaching organizacional sea exitosa si no se comienza observando el estado emocional de quienes integran la empresa. De esa manera se conoce la base en la que se asentarán los nuevos conceptos, desde donde desarrollar las herramientas para una mejor productividad.

Cuando esa primera tarea no se realiza, se pasan por alto datos muy valiosos para poder generar a futuro acciones que lleven a la unión y mejoría del grupo, será importante para todos los empleados. En esa observación inicial se detecta si hay rencor entre los participantes, resignación, si se niegan al cambio y más.

Las emociones y nuestros estados de ánimo nos inducen de distintas maneras para encarar aquellas cosas que nos pasan. Esto pasa en todos los órdenes de la vida y, claro está, la oficina no iba a ser la excepción.

Hay una distinción importante entre emociones y estado de ánimo. Mientras las primeras aparecen cuando algo nuevo nos sucede, el segundo es una reacción conocida que repetimos frente a determinadas situaciones. Por ejemplo, la rabia es útil en determinados momentos de nuestra vida, pero si es repetitiva y continua se vuelve complicada y hasta dañina. Del mismo modo, si todo el tiempo se instala un pensamiento negativo, éste atraerá un estado de ánimo que concuerde pero que nos haga vivir insatisfactoriamente.

Llevando estos ejemplos a lo organizacional, se puede ver como muchos grupos tienen una actitud de frustración. Esto indica un juicio previo de impotencia, de estar disconformes con los que le tocó como tarea. De antemano piensan que nada puede hacerse, parten de una base errada y que los condiciona. Del mismo modo, los equipos resignados llegan a la acción sin ganas ni esperanzas porque hay decretado que nada valdrá la pena.

Otro sentimiento que en las empresas tira para abajo es el cinismo, que en definitiva es más resignación, pero expresada con una cuota de inteligencia. El cínico desprestigia todo intento por mejorar, para qué si nada será suficiente. La descalificación por medio de la ironía es su mayor herramienta usada siempre para ir por el camino de la negatividad. Para él quienes apuestan a los cambios son tontos o ingenuos, y así van contagiando de este pensamiento al resto de sus compañeros.

Por eso, cuando se inicia cualquier proceso de coaching lo primero que se debe hacer es destrabar todos estos prejuicios y así modificar los estados de ánimo. Recién en ese entonces se debe plantear la posibilidad del cambio. Si se construye de manera afectiva es posible reconstruir los lazos, para esto es imprescindible verbalizar las emociones para que sean trabajadas por el grupo. Solo en ese momento será posible abrir nuevos caminos para la organización y sus integrantes.

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