Hubo un tiempo en que Javier Milei parecía un huracán libertario capaz de arrasar con todo. Gritaba contra la casta, sacudía motosierras imaginarias y se presentaba como el rockstar antisistema. Hoy, con los vetos en cadena, las coimas en ANDIS, el dólar rozando techos de bandas y un Congreso que le hace frente, el experimento ya muestra su costado más patético: un meme gastado, repetido hasta el hartazgo, que perdió gracia.
La política es cruel: lo que ayer se festejaba como rebeldía hoy se lee como improvisación. Vetar leyes de financiamiento universitario o de salud pediátrica no lo deja como un guerrero, sino como un gil que no entiende la sensibilidad social. En los barrios, en las universidades, en los hospitales, los ruidazos marcan que la paciencia se agotó.
La City, que siempre mide el termómetro del poder, ya lo percibe: esquema de bandas al borde del colapso, CNV apretando al CCL, ADRs desplomados y bonos en picada. El mercado votó antes que octubre: Milei ya fue.
Mientras tanto, la causa de las coimas en ANDIS destapa un barro indecente en el corazón del Estado libertario. Los allanamientos, las cajas de seguridad, los billetes escondidos… son el reverso de aquel discurso de pureza moral que prometía “no robar nunca”. Como diría Jauretche: la historia se repite, primero como sainete, después como farsa.
La Fed baja tasas en Washington y aquí el dólar se recalienta; gobernadores se reúnen para armar una tercera vía; la oposición se frota las manos con los vetos. Todo eso pasa y Milei insiste en su pose de mesías incomprendido, pero ya nadie se la compra. En redes, la motosierra se convirtió en sticker irónico, la cadena nacional en chiste de sobremesa y la “libertad carajo” en ringtone vergonzante.
Lo que alguna vez fue furia antisistema hoy es un meme pasado de moda. Milei demostró que no era un outsider genial sino un gil que confundió rating con poder real. Un meme que ya no genera risa, apenas lástima.
