Sebastián Pareja y Pilar Ramírez: mercenarios de la política
Convicciones descartables
En la política argentina ya conocemos a los que viven cambiando de camiseta: hoy camporistas, mañana libertarios, pasado quién sabe. Pero en el caso de Sebastián Pareja y Pilar Ramírez, el camaleonismo no es solo un recurso de supervivencia: es su identidad misma.
- Pareja no cree en ideales, cree en precios. Cada candidatura, cada cargo, es un número en dólares. Lo suyo no es militancia, es corretaje.
- Ramírez juraba lealtad al kirchnerismo, después a Scioli, ahora a Milei. Su brújula no apunta al norte ideológico: apunta a donde haya caja y poder.
Hablan de libertad, de patria, de pueblo. Pero esas palabras se les caen de la boca como fichas de casino. No hay convicciones: hay negocios.
Karina Milei y la fe en dos traidores profesionales
Karina Milei, que presume de desconfiada y fría, decidió apostar su capital político a Sebastián Pareja y Pilar Ramírez. Una jugada extraña: poner la mesa de campaña en manos de quienes ya demostraron, una y otra vez, que no creen en nadie ni en nada.
Los dos son sinopticos de la rosca: leen el clima, cambian de bando, se acomodan al viento. Lo hicieron antes, lo hacen ahora y lo harán después.
Sebastián Pareja: el rematador de lealtades
- En la Provincia lo conocen como el corredor de cargos. Denuncias por venta de candidaturas en La Libertad Avanza, audios donde se habla de “billetes verdes” a cambio de lugares en las listas.
- Se le atribuye un estilo de “sindicalista de la rosca”: negocia con quien esté de turno, sea kirchnerismo, sciolismo o mileísmo.
- Rumores en los pasillos de La Plata cuentan que llegó a ofrecerle a sectores del PJ lugares a cambio de financiamiento. Los mismos que luego juró combatir.
Pareja ya traicionó a todos: al peronismo que lo cobijó, a los libertarios originales que lo denunciaron, y mañana traicionará a Karina Milei.
Pilar Ramírez: la recicladora de poder
- Ex camporista, con cargos bajo el ala de Scioli, llegó a Aerolíneas Argentinas y Banco Provincia gracias al kirchnerismo.
- Hoy se presenta como la espada de Karina, pero su pasado es un catálogo de mudanzas políticas: Camporismo → Sciolismo → Mileísmo.
- El dato que más retumba: hizo arrodillar al PRO en la Ciudad, obligando a Santilli y Ritondo a aceptar lugares testimoniales. Un movimiento celebrado en Olivos, pero visto como traición estratégica en el macrismo.
Los rumores inmobiliarios la rodean: su pareja, Darío Wasserman, tiene negocios de alto nivel. Los críticos dicen que sus alianzas políticas se atan más al ladrillo y la caja que a un proyecto ideológico.
Rumores de traiciones anunciadas
En política argentina hay traiciones que quedaron para la historia:
- Cobos votando “no positivo” y quebrando a Cristina.
- Diego Santilli, que supo jurar lealtad a un proyecto y terminó saltando al que más lo convenía, dejando heridas abiertas en el PRO.
- Cristian Ritondo, que negocia a dos puntas y aparece en todas las fotos, aunque nadie pueda asegurar en qué bando estará mañana.
A esa lista se encaminan Pareja y Ramírez. Su estilo no es novedad, es continuidad: son parte de la tradición argentina del traidor elegante, que se vende como estratega mientras prepara la puñalada.
El futuro: la daga ya está en el aire
Hoy juran lealtad a Karina, la llaman “La Jefa” y le prometen blindaje. Pero la historia no falla: traicionaron a sus viejos dueños políticos —al kirchnerismo, a Scioli, a los primeros libertarios— y lo harán de nuevo.
Karina, desconfiada hasta la paranoia, cometió el error de creerles. El barrio lo sabe: “al escorpión no se le pide que deje de picar”.
El día que Milei tropiece, que la caja se achique o que aparezca un nuevo patrón más generoso, Pareja y Ramírez darán la estocada final. No por ideología, sino por amor al dinero fácil.
Sentencia
Sebastián Pareja y Pilar Ramírez no son estrategas ni líderes: son mercenarios de la política. Su prontuario de traiciones, sus amores con el billete y su pasado de mudanzas ideológicas los condena.
Karina puede seguir creyendo en ellos, pero el final ya está escrito: los dos terminarán traicionándola, porque no saben vivir de otra manera.
