Renunció la jueza OnlyFans: escándalo, vergüenza y anulación en la Justicia de San Isidro
La jueza Julieta Makintach aceptó su recusación del juicio: “Espero que puedan seguir aunque sea sin mí”
Julieta Makintach, la jueza devenida actriz de documental, presentó finalmente su renuncia luego de protagonizar el mayor papelón judicial desde el retorno democrático. Lo que debía ser el juicio más emblemático por la muerte de Diego Maradona terminó siendo una tragicomedia institucional que mancha para siempre la toga de la justicia argentina.
No fue una sentencia. Fue un casting.
Lo que ocurrió en el Tribunal Oral Criminal Nº3 de San Isidro no tiene precedente: una jueza grabada para un documental mientras debía impartir justicia sobre la muerte del ídolo más grande del fútbol argentino. Julieta Makintach –apodada “la jueza OnlyFans” en redes por su vocación histriónica más que jurídica– terminó renunciando en medio de llantos, gritos de “basura” y la proyección en plena sala de un tráiler llamado “Justicia Divina”, que bien podría titularse “Justicia Perdida”.
La renuncia llegó tarde, como el VAR que no cobra el penal evidente. Durante horas, desfiló un verdadero coro griego del desastre institucional: fiscales desbordados, defensas indignadas, familiares llorando, abogados lanzando chicanas como “qué lindo silencio para un documental”. Una novela que ni Suar podría guionar con tanto morbo.
¿Por qué se habla de nulidad total? Porque la imparcialidad, ese principio básico sin el cual no hay justicia, fue devorada por las cámaras de una productora extranjera. Mientras la jueza aseguraba que “no conocía el material”, el fiscal Ferrari la desmentía con escenas de ella dando entrevistas dentro del tribunal, caminando por los pasillos, y hablando sobre el cuerpo hinchado de Diego.
La magistrada no solo quedó en ridículo: arrastró con ella el juicio entero. Según fuentes del tribunal, el proceso debería reanudarse recién en 2026, si es que alguna vez logra recomponerse. Las defensas de los acusados —Luque, Cosachov, Díaz y compañía— ya trabajan en una estrategia para demostrar que todo lo actuado es nulo de nulidad absoluta. Y no les falta razón.
Makintach no solo se filmó sin autorización en un proceso en curso, sino que asumió la presidencia del tribunal desplazando a su colega Savarino sin fundamento legal claro. La policía que custodiaba la sala confirmó que la jueza permitió el ingreso de personas no autorizadas, entre ellas camarógrafos y productores. ¿Improvisación? ¿Corrupción? ¿Vanidad pura? La respuesta, quizás, está en la propia frase de la jueza Verónica Di Tomasso: “no puede ser que mi apellido quede ligado a la vanidad”.
En las audiencias, los abogados se desahogaron sin filtro. Pierri gritó “vergüenza”, Burlando habló de “bochorno mundial”, Baudry calificó a Makintach como “impresentable”. Rodolfo Baqué, en un acto más de teatralidad que de protocolo, le gritó directamente “basura” en medio de una sala consternada mientras Verónica Ojeda y Gianinna Maradona lloraban desconsoladas.
¿Y el documental? Justicia Divina, irónicamente, será recordado como un símbolo de lo opuesto: la degradación de un poder judicial transformado en espectáculo barato, donde la muerte de Maradona fue usada como excusa para fabricar contenido morboso de exportación.
En medio del caos, el pedido unánime fue claro: la jueza debía irse. Y se fue. Su renuncia, aunque todavía no confirmada formalmente por el órgano correspondiente, ya circula como irreversible. No quedaba margen: no podía seguir dictando justicia quien se filmaba en off para una serie de seis capítulos producida por Pegsa y la BBC, según reveló el fiscal Ferrari.
¿Y ahora qué?
El juicio quedó en stand-by. Los acusados, por ahora, siguen en el limbo procesal. Y el dolor de los familiares de Maradona se multiplica por la indignación. Los abogados de todas las partes coinciden en algo inédito: es el mayor escándalo judicial de la historia reciente en la provincia de Buenos Aires.
Las redes sociales hicieron lo suyo: memes, apodos, indignación colectiva y una pregunta que se repite como mantra cínico:
¿Se hace justicia o se hace televisión?
