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Catástrofes: ¿Cómo nos afectan emocionalmente?.

Las lluvias del 16 de mayo marcaron un récord alarmante en el norte de la provincia de Buenos Aires. En tan solo 24 horas, se registraron precipitaciones extraordinarias que superaron los 400 mm en algunas localidades, provocando inundaciones severas. El fenómeno no solo desbordó ríos y anegó campos, calles y hogares, sino que también activó un torrente emocional: angustia, ansiedad y pánico ante una naturaleza que se vuelve impredecible. En esta nota, repasamos los datos duros de la tormenta y cómo estos eventos extremos afectan la salud mental.


Datos duros de la tormenta: el agua no dio tregua

Los valores acumulados en menos de un día son dignos de un capítulo de catástrofes naturales:

  • Zárate: 402 mm

  • San Antonio de Areco: 401 mm

  • Arrecifes: 360 mm

  • Capitán Sarmiento: 349 mm

  • Baradero: 335 mm

  • Salto: 323 mm

  • Capilla del Señor: 266 mm

  • Lima: 265 mm

  • Delta del Paraná: 241 mm

  • San Pedro: 212 mm

Para ponerlo en perspectiva: la media mensual de lluvias en mayo en Buenos Aires ronda los 80-100 mm. Algunas localidades triplicaron esa cifra en un solo día. El suelo colapsó, los drenajes no alcanzaron, y muchos pueblos terminaron bajo el agua. Escuelas cerradas, evacuaciones masivas, rutas cortadas, campos arrasados.

El Servicio Meteorológico Nacional declaró alerta roja, mientras Defensa Civil trabajaba a contrarreloj con personal del Ejército y Bomberos Voluntarios para asistir a miles de afectados.


¿Qué pasa en nuestra mente durante una catástrofe?

Las inundaciones, como cualquier desastre natural, no solo dejan marcas en el paisaje: también impactan en lo más profundo del alma humana. La tormenta pasa, pero el miedo queda.

El miedo, como emoción básica, cumple un rol adaptativo: nos prepara para actuar ante el peligro. Pero cuando ese miedo se vuelve constante o irracional, pasa a ser patológico.

Según especialistas en salud mental, muchas personas desarrollan lo que se conoce como fobia a las catástrofes o ansiedad climática. El sujeto experimenta síntomas intensos aunque esté seguro dentro de su hogar:

  • Palpitaciones

  • Dificultad para respirar

  • Sudoración

  • Pensamientos repetitivos del tipo: “algo malo va a pasar”

Incluso sin haber sufrido un daño directo, la imaginación catastrófica genera reacciones físicas reales. Esto se llama activación del sistema simpático, que libera adrenalina como si el cuerpo estuviera en riesgo, aunque no lo esté. En casos graves, se trata de un trastorno de ansiedad.


¿Se puede tratar el miedo a las tormentas e inundaciones?

Sí. La buena noticia es que existen abordajes eficaces:

  1. Terapia Cognitiva Conductual (TCC):
    Enseña a cuestionar los pensamientos distorsionados. El lema: “No es lo que pasa, es cómo lo interpretás”.

  2. Interrupción de pensamientos catastróficos:
    Técnicas mentales para frenar la cadena de ideas negativas sobre el clima.

  3. Ejercicios de relajación y respiración consciente:
    Clave para evitar el disparo del “modo alarma” del cuerpo.

  4. Psicoeducación sobre el clima y la seguridad:
    Entender cómo actuar y por qué, baja el nivel de incertidumbre y, por ende, de ansiedad.


Catástrofe emocional: el agua baja, pero el trauma queda

La imagen de una casa rodeada por el agua no solo representa pérdidas materiales. También habla del desarraigo, del miedo a no poder volver, del pánico a perderlo todo de golpe.

Y mientras la política discute obras hidráulicas, y los medios muestran helicópteros y botes, hay algo invisible que también necesita asistencia: el trauma emocional. Las catástrofes dejan heridas, pero no siempre en el cuerpo.


¿Cómo viviste esta tormenta? ¿Sentiste miedo, ansiedad, angustia?