La firma alemana reconoció “inspirarse” en los huaraches tradicionales de Villa Hidalgo Yalálag sin incluir a la comunidad, tras la ola de críticas en México y la intervención de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Hace unas semanas, la polémica estalló cuando Adidas lanzó el modelo “Oaxaca Slip-On”, un calzado diseñado por el estadounidense Willy Chavarría que, a todas luces, replicaba la estética y la técnica de los huaraches oaxaqueños tradicionales. El problema: las comunidades que preservan ese saber artesanal —en especial la de Villa Hidalgo Yalálag— no habían sido consultadas, ni participaron en la producción, ni recibieron compensación alguna.
La controversia escaló al punto de ser mencionada en la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum. Entre artesanos, defensores del patrimonio y usuarios de redes, el consenso fue claro: se trataba de apropiación cultural.
Adidas reaccionó con un comunicado donde “valora la riqueza cultural de las comunidades indígenas” y “ofrece disculpas públicas”, además de prometer un “diálogo respetuoso” con Yalálag. Pero el gesto suena más a manual corporativo que a reparación real. Sin un compromiso concreto de colaboración económica, transferencia de tecnología o reconocimiento legal de los derechos colectivos, la disculpa queda en el terreno de lo simbólico.
En otras palabras, la marca reconoció el error solo después de que el escándalo escalara y afectara su imagen. El caso deja una pregunta inevitable: ¿cuántas veces las grandes empresas “se inspiran” en la tradición ajena solo hasta que la presión pública las obliga a admitirlo?
