Rose Bertin

Rose Bertin ministre des modes.

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Rose Bertin ministre des modes.

Haute Couture 

La alta costura surgió en el siglo XVIII con Rose Bertin, la diseñadora, marchante de modas y  la sombrerera de modas francesa de la reina María Antonieta, considerada una de las primeras en introducir la moda y la alta costura en la cultura francesa.

El liderazgo francés en la moda europea se consolidó a finales del xviii, cuando la influencia, que venía del arte, la arquitectura, la música, y la moda de la corte francesa en Versalles fue imitada en toda Europa. Los que visitaban París regresaban con prendas rápidamente imitadas por costureros locales. Mujeres con estilo también ordenaban muñecas vestidas con la última moda parisina para usarlas como modelos.

Rose Bertin ministre des modes.

Marie-Jeanne Bertin conocida como Rose Bertin. Nació en los lejanos  2 de julio de 1747, Abbeville, Picardíay falleció en Epinay sur Seine, 22 de septiembre de 1813,

Entre ella y el peluquero Leonard Autié, crearon para la reina un estilo propio que marcó aquellos últimos años del Antiguo Régimen en Francia. Fueron autores de los peinados imposibles con recreaciones  y vestidos revolucionarios que marcaron el punto de partida de lo que hoy se conoce como alta costura.

En los años previos a la revolución francesa, mientras el pueblo francés sumergido en una crisis económica sin precedentes, hambrunas terribles y guerras despiadadas. La corte francesa comandada por su última Reina vivían en los lujuriosos gastos a costa de su pueblo. María Antonieta, amante del lujo y las fiestas permanentes,  gastaba todo el dinero del estado de una forma descontrolada. terminó con la cabeza cortada por la guillotina.

¿Por qué  María Antonieta vivía de joda?


María Antonieta, la famosa y desafortunada última reina de Francia, nació el 2 de noviembre de 1755 en Viena / Austria en la familia Habsburgo como María Antonia Josefa Johanna, Archiduquesa de Austria.

Hoy fiesta, mañana fiesta, pasado fiesta

En 1770, a los 15 años, se casó con el delfín francés, más tarde rey Luis XVI. Al ser privada de todos los amigos y familiares, María Antonia (ahora María Antonieta) fue arrojada a este extraño y dorado palacio de Versalles. Aquí, la joven, ingenua y bondadosa Marie pronto fue utilizada por personas interesantes para sus planes. Fue solo cuando se instaló un poco y formó su propio círculo de amigos que se disolvió de sus antiguos influyentes y se volvió más segura de sí misma. Quizás como consecuencia de la cruel separación de su familia cuando apenas era más que una niña y de enfrentarse a este nuevo y extravagante mundo sin una guía real, María Antonieta comenzó a disfrutar de todos los placeres de ser rica y noble. Volaba de los bailes a las representaciones de ópera y le gustaban mucho las noches de juego (solía perder grandes sumas de dinero). Una gran pasión de ella en sus primeros años fue: ¡Moda!

Volvamos a la Ministra de la Moda: Bertin

Bertin

Bertin fue aprendiz de modista a muy temprana edad, a los 15 años llega a París. Abrió su propia tienda de ropa – Le Grand Mogol- en 1770 y rápidamente encontró clientas entre las influyentes damas de la nobleza, incluyendo a Luisa, duquesa de Chartres, que también patrocinó en Versalles a la pintora Élisabeth Vigée-Lebrun, que se encaprichó con sus diseños además de atraer a la aristocracia y la realeza europea.

Cuando María Antonieta llega de Austria a Francia, acoge los estilos y modas galos como forma de mostrar su sincera dedicación a su nuevo país. La duquesa de Chartres le presenta a Rose Bertin en 1772. En un cuarto especial en el palacio de Versalles Rose Bertin creaba nuevos y numerosos vestidos para la reina María Antonieta, ya que Bertin no podía ser admitida en el departamento donde esperaba la reina y sus damas, por ser plebeya.

Dos veces a la semana, tras la coronación de María Antonieta, Bertin presenta sus nuevas propuestas a la joven reina y pasaban horas discutiendo sus creaciones. La reina adoraba su guardarropa y se apasionaba con cada detalle por lo que Bertin su sombrerera se convirtió en su confidente y amiga.

Las mujeres francesas acomodadas habían comenzado a hacerse el «pouf»

A mediados del siglo XVIII, las mujeres francesas acomodadas habían comenzado a hacerse el «pouf» (en francés, cojín; literalmente, el relleno utilizado) en sus cabellos, elevándose y empolvándose, acompañando el peinado de amplios y lujosos vestidos. Bertin usó y exageró estas modas imperantes para María Antonieta con peinados de alturas sobre los tres pies (noventa centímetros). La moda del pouf alcanzó tales extremos que se convirtió en la marca del periodo, junto con decorar tal estructura capilar con ornamentos y objetos que mostraban eventos recientes. Trabajando con Leonard, el peluquero de la reina, Bertin creaba peinados que se volvían el furor en toda Europa: el cabello natural o la peluca de crin de caballo, siempre empolvados con polvos de arroz, rellenados y elevados con cojines o armazones de alambre, podía ser adornado con diversos objetos, estilizado, acomodado dentro de definidas escenas, que oscilan desde recientes chismes de nacimientos a las infidelidades de maridos, desde serpientes bien imitadas a maquetas de navíos franceses como el Belle Poule con toda su arboladura, hasta el Pouf “a los insurrectos” en honor a la guerra de independencia norteamericana. El peinado más famoso de la reina fue “la inoculación”, un pouf que ella usó para publicitar su éxito al persuadir al rey para vacunarse contra la viruela.

La moda continuó su  progreso

La moda continuó su  progreso; y los sombreros y adornos de la cabeza altísimos con sus superestructuras de gasa, flores y plumas, impedían a las mujeres encontrar carruajes suficientemente altos para entrar, y muy a menudo se les veía inclinadas, sentadas en el suelo o manteniendo sus cabezas adornadas fuera de la ventanilla.

Extravagantes plumas

Si el uso de estas extravagantes plumas y adornos en la cabeza hubiera continuado dicen las memorias de este periodo muy seriamente, habría efectuado una revolución en la arquitectura, pues habría sido necesario agrandar las puertas y techos de los teatros, y particularmente la caja del carruaje.

Robe a la polonaise

La reina ordenó los más recientes looks a Rose Bertin, entre ellos el provocativo “robe a la polonaise”, con el corpiño que realzaba el pecho, con ondulantes faldas que descubrían los tobillos, el conjunto coronado por su pertinente «pouf». A partir de los años 1780 una cierta anglomania se traduce en la moda con la adopción de chaquetas parecidas a las de los hombres o redingote (en inglés, riding coat- abrigo de montar a caballo) adaptándose a las mujeres como la «robe (vestido) redingote». María Antonieta la adopta, con lo que ofende a los patriotas franceses.

Los imponentes robes à paniers cubiertos con pedrerías y volantes, los zapatos bordados con diamantes, y los peinados monumentales son llevados esencialmente en la corte, en los bailes, en las fiestas o en el teatro. En la vida ordinaria, bajo la influencia de las ideas de Juan Jacobo Rousseau que predica la simplicidad de las costumbres y una vuelta a la naturaleza, la moda tiende hacia una mayor sobriedad. Se adoptan vestidos más simples tales como la misma “robe a la polonaise”, también llamado “robe à la reine”, cuya sobrefalda podía ser levantada o bajada a los lados gracias a cordones.

En 1783 Élisabeth Vigée-Lebrun retrató a María Antonieta luciendo la famosa «robe chemise» diseñada por Rose Bertin, lo cual fue tan escandaloso para su época que se tuvo que pintar un segundo retrato de la reina con un adecuado vestido de corte.

María Antonieta convocó a Bertin para vestir unas muñecas a la última moda como regalo para sus hermanas y su madre la emperatriz María Teresa I de Austria, estas muñecas fueron llamadas «Pandoras», y podían ser hechas de cera, madera o porcelana, tenían un poco menos del tamaño que una muñeca de juguete común, o podían ser tan grandes como la mitad o igual a una persona real. Estuvieron en boga antes de la aparición de las revistas de moda.

Llamada «Ministro de la Moda»

Llamada «Ministro de la Moda», Bertin fue la mente tras casi todos los nuevos vestidos comisionados por la reina. Los vestidos y el cabello se convirtieron en el vehículo personal de expresión de María Antonieta, y Bertin vistió a la reina desde 1770 hasta su destronamiento en 1792.

Bertin llegó a ser la figura más poderosa de la corte, y presenció y algunas veces efectuó profundos cambios en la sociedad francesa.

Sus amplios y ostentosos trajes aseguraban que quien los usara ocuparía al menos tres veces más espacio que su contraparte masculina, en este sentido daba a la figura femenina una imponente, no pasiva, presencia.

Sus creaciones también establecieron a Francia como centro de la moda, y desde entonces los vestidos hechos en París fueron enviados a Londres, Venecia, Viena, San Petersburgo y Constantinopla.

La imitada elegancia parisina estableció la reputación mundial de la couture francesa. Bertin llegará a vestir a la reina Sofía Magdalena de Suecia, a la reina María Luisa de España, a la reina de Bohemia, a la reina de Suiza, a la Duquesa de Devonshire y a la zarina María Feodorovna de Rusia, y otras personalidades de la época, creando un auténtico imperio del traje desde su tienda en la calle Saint Honoré.

Bajo el generoso patrocinio de la reina, el nombre de Bertin se convirtió en sinónimo de elegancia y de los excesos de Versalles. La cercana relación de Bertin con la reina la proveyó de una valiosa experiencia en cuanto al significado de la moda en el aspecto social y político en la corte francesa.

Mademoiselle Bertin

Mientras culpaban a la reina de todos los derroches y excesos, las damas francesas la imitaban. No había una sola mujer que no tuviera el mismo vestido, la misma capa y las misma plumas que le hubieran visto usar a la reina. Las damas se agolpaban alrededor de Mademoiselle Bertin, su sombrerera y modista: había una absoluta devoción hacia el vestido entre las damas, quienes daban gran importancia a esa mujer. Las madres y maridos murmuraban, dando lugar a escenas de discusiones domésticas con la queja de que: «esa reina será la ruina de todas las damas francesas.»

Los precios de Rose Bertin eran exorbitantes, así lo documentan los récords anuales de los gastos de ropa de María Antonieta en las cuentas de la modista, pues la reina nunca usaba nada dos veces; los trajes y sombreros de Bertin podían fácilmente costar 20 veces más de lo que una hábil costurera de la época ganaba al año.

Revolución Francesa

Cuando estalla la Revolución francesa, María Antonieta instintivamente abandona las nuevas tendencias; nerviosos, los burgueses y nobles, incluyendo el rey, adoptan la insignia tricolor republicana con más simples y modestos trajes tricolores. Pero la reina utiliza una insignia blanca borbónica, su nuevo vestido era púrpura y dorado, y sigue usando sus diamantes. Todos podían ver como María Antonieta no tenía sentido político, solo una fe ciega en el privilegio real. Su destino sería firmemente marcado con la toma de la Bastilla.

La demanda de vestidos

Ni siquiera la naciente revolución hizo bajar los precios de Bertin, la demanda de vestidos y el apego de la reina a la moda fue lo que quizás la llevó al arresto que resultará en llevarla a la guillotina.

A principios del mes de junio de 1791, previo al plan de escape de María Antonieta y su esposo, arreglado para el 20 de ese mes, la reina ordenó a Rose Bertin una gran cantidad de trajes para viajar para ser hechos lo antes posible. El descubrir la orden, se cree, fue la confirmación de la sospecha del plan de escape de la familia real fuera de Francia.

Revolución francesa

Durante la Revolución francesa, cuando muchos de sus nobles clientes fueron ejecutados (incluyendo la reina) o huyeron al extranjero, Bertin trasladó su negocio a Londres.

Mientras tanto, pudo atender a sus antiguas clientas entre las emigrantes, y su moda expresada en las muñecas de moda (pouppeè du mode) continuó circulando por capitales europeas, tan lejanas como San Petersburgo. Eventualmente Bertin regresó a Francia en 1795, donde Josefina de Beauharnais (primera esposa de Napoleón) se volvió su clienta por un tiempo, pero encontró que los excesos de la moda se habían debilitado luego del fin de la Revolución francesa. Al iniciar el siglo XIX, Bertin transfirió su negocio a su sobrina y se retiró. Murió en 1813 en su casa de Epinay sur Seine.

1774

En 1774, su marido y María Antonieta fueron coronados rey y reina tras la muerte de Luis XV. Como reina de Francia, no solo tenía la posibilidad, sino también (hasta cierto punto) el deber de halagar a todo el mundo con su apariencia lujosa. Siempre vistiendo lo mejor de lo mejor, lo último, lo más de moda, fue la creadora de tendencias, el ícono de la moda.

A la Belle Poule

Esto fue posible gracias a la ayuda de su ingenioso peluquero Léonard Autié, quien creó para y con sus excéntricos peinados como «à la Belle Poule», un peinado alto que incluía el modelo del barco de guerra «La Belle Poule» («la hermosa gallina» – sí, de hecho) a toda vela. Por supuesto que sorprendió a todos.
Muy temprano, Marie-Jeanne «Rose» Bertin (nacida el 2 de julio de 1747 en una familia bastante pobre) había demostrado un gran talento para la sombrerería, la costura, la artesanía y el diseño de moda. A los 16 años, se mudó a París para aprender en un taller de sombrerería. Su talento le permitió abrir ella misma una tienda – «Le Grand Mogol» – («el gran magnate»), en 1770. Allí vendió de todo para confeccionar o adornar vestidos y sombreros, guantes, complementos y mucho más. Muy populares fueron sus muñecas, vestidas a la última moda, que fueron enviadas a toda Europa para mantener a otras cortes en contacto con el nuevo estilo francés. Entre sus ávidos clientes se encontraban la princesa de Lamballe y la duquesa de Chartres.

El nombre Rose Bertin era eL nombre de moda en toda Europa

Algún día, conoció a la propia María Antonieta, quien la convirtió en su estilista personal. Qué ascenso para Marie-Jeanne. Proveedor de la corte y estilista personal de la reina. El nombre Rose Bertin era eL nombre de moda en toda Europa, representaba el gusto y la extravagancia y ayudó significativamente a hacer de Francia el centro de la moda. La creativa y elegante «Mademoiselle» o «Ministra de la moda» fue la inventora de casi todos los nuevos vestidos, sombreros o peinados de la reina. Dos veces por semana, Marie Antoinette y Mademoiselle Bertin se reunían en sesiones cerradas (¡incluso sin sus damas de honor!) Para discutir nuevas creaciones durante horas. Cordones, cintas, plumas, trenzas, joyas, flores falsas, borlas: nada era demasiado exquisito, nada demasiado extravagante. Las largas reuniones privadas y los términos amistosos entre la reina y su estilista provocaron muchos celos y envidia. Este gusto por la ropa lujosa pronto le valió a María Antonieta el nombre de «Madame Déficit».

Petit Trianon

Cuando sus años ‘excesivos’ terminaron y comenzó a retirarse de la corte a su propio palacio Petit Trianon, donde ella y sus amigos imitaban la vida en el campo, María Antonieta deseaba ropa más simple, más cómoda y más ligera. Este fue el nacimiento de Chemise à la Reine, naturalmente una creación de Mlle Bertin. La Chemise à la Reine era un sencillo vestido blanco, hecho de varias capas de mejillón con una colorida faja alrededor de la cintura. Se combinó con un peinado rizado sencillo y un gran sombrero de paja. La nueva paleta de colores estaba llena de pasteles pálidos. Antes, los ricos vestidos de María Antonieta evocaban gritos, ahora era su simplicidad: se la acusó de usar su negligée y de ser la causa si los trabajadores de la producción de seda debían morir de hambre.

Simple à la gréce-fashion

Rose Bertin incluso suministró ropa a la reina cuando la familia real ya estaba encarcelada, tras el estallido de la Revolución Francesa. Hizo el traje de luto de María Antonieta después de la ejecución de Luis XVI. En 1793 se exilió. Después de su regreso a Francia, no pudo afianzarse ya que el nuevo estilo, el simple à la gréce-fashion (¡incluso sin corsés!) No era nada para su extravagante gusto por el Ancien Régime.

GUILLOTINA


El 14 de octubre de 1793, la reina destronada María Antonieta, abandonó su celda y compareció, pálida y fatigada, ante el Tribunal Revolucionario, en La Conciergerie, en París.

Ya en la plataforma y antes de ser decapitada,  dirigió sus últimas palabras al verdugo: “Os pido que me excuséis, señor. No lo he hecho a propósito”. Y casi nueve meses después de la ejecución de su marido, el rey Luis XVI.


Después de la ejecución, el verdugo mostró la cabeza a la impaciente muchedumbre, que abarrotaba la plaza de la Revolución, y gritó con furia: “Viva la República”.

Paris Haute Couture

La Conciergerie, en París

Hoy en día se puede visitar la Galería de los Prisioneros, donde podrás observar las celdas tal y como eran en aquella época. Las ventanas de esta galería se abren a la Plaza de las Mujeres, destinada a los paseos de los encarcelados.

Se pueden apreciar las diferencias entre las distintas clases sociales de los prisioneros, ya que las celdas destinadas a los más pobres no contaban con un lecho, mientras que los ricos disfrutaban de mobiliario e incluso sirvientes.

El calabozo de María Antonieta ha sido reconstruido y su celda original es ahora una capilla, por deseo expreso de Luis XVIII.

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