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Amigos y discapacidad intelectual

Por Silvia Yauri, asistente social y miembro de la Fundación Río Pinturas (www.riopinturas.org.ar).

La familia y las amistades son la base sobre la que se construye y sustenta la salud mental de la mayoría de las personas con y sin discapacidad. Contar con el apoyo familiar y con ciertas amistades constituye una condición necesaria para el desarrollo a nivel personal y social. Esto es así para cualquier persona, pero aun más para las personas con discapacidad, que debido a sus limitaciones y disfunciones son más vulnerables al entorno y por tanto son más dependientes de él.

Así, es necesario adecuar, adaptar frecuentemente, las dinámicas sociales, laborales o familiares cercanas al sujeto con el objetivo de que su desarrollo y evolución sean más favorables.

En lo cotidiano, generalmente su círculo social muchas veces se ve reducido a su familia, terapeutas y algunos compañeros de las distintas instituciones a las que concurren. Es fundamental trabajar el valor de la amistad, del encuentro y del compartir el tiempo de ocio con las familias de las personas con discapacidad por su tendencia a la sobreprotección que deriva de sus miedos y que puede suponer un obstáculo para generar un círculo de amigos.

Dentro de las estructuras familiares surgen ciertos interrogantes y temores tales como: cuál será el ambiente social de su hijo, tendrá amistades, se burlaran, cómo elegir con quienes va a integrarse, son confiables y más. Muchas veces desde el hogar entran en juego estos temores de representaciones sociales condicionando y limitando a sus hijos en sus elecciones, grupos, amistades, espacios sociales de circulación.

Tanto los grupos de pares, las amistades, los espacios de encuentro social, forman parte de espacios de otros semejantes con quienes se comparten intereses, inquietudes, perspectivas, decisiones, valores y autonomía. Suponen mecanismos de identificación de pertenencia, de sentirse y hacerse parte del grupo. Son otros que resultan semejantes pero ajenos a la vez.

En el caso de los sujetos con discapacidad resulta mucho más compleja la posibilidad de establecer dicha identificación. De allí que es fundamental acompañar en la construcción de esa identidad tanto personal como social. Acompañar, fomentar, otorgar seguridad, confianza y libertad en sus elecciones, amistades, intereses y espacios de circulación con otros permite que ponga en juego el desarrollo de competencias sociales otorgándole así, la libertad de Ser portavoz de sus propias decisiones. Todos tenemos la responsabilidad, en tanto encarnamos ese lugar del Otro social, de generar una apertura de espacios no limitantes y dirigidos a fin de que activamente se juegue el deseo y la elección de esa persona, dentro de sus posibilidades donde la dimensión subjetiva sea garantizada.

La amistad constituye un valor fundamental para todos, porque favorecen los valores de compañerismo, confianza, superación, participación y compromiso.

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