Coinbase rompe el cerco de Nueva York y reabre el staking cripto en uno de los mercados más duros del mundo.
Coinbase logró lo impensado: tras años de veto, la ciudad de Nueva York habilitó nuevamente su programa de “staking” cripto. La decisión marca un giro histórico en la regulación estadounidense y en la relación entre la tecnología blockchain y el sistema financiero tradicional.
La muralla cayó en Wall Street
Fue anunciado el 8 de octubre de 2025, pero se venía cocinando desde hace meses.
Coinbase, el exchange más importante de los Estados Unidos, confirmó que los neoyorquinos finalmente podrán participar de su servicio de staking, esa práctica que permite bloquear criptomonedas a cambio de recompensas, como si fueran “intereses” digitales.
Hasta ahora, Nueva York era el bastión más duro del país: su BitLicense, implementada en 2015, había dejado afuera a medio ecosistema cripto. Pero algo cambió.
Coinbase logró el aval estatal y, con él, rompió una muralla que llevaba años cerrada.
“Progreso en NY”: el mensaje que agitó las redes
El CEO de Coinbase, Brian Armstrong, no tardó en festejarlo.
Desde su cuenta en X (ex Twitter), escribió: “Glad to see progress in NY. Staking services aren’t securities — hope all other states stuck in the past can drop their lawsuits and catch up soon… Happy staking, New Yorkers!”
La frase, directa al corazón de los reguladores, fue un dardo elegante contra la SEC (Comisión de Valores de Estados Unidos), que meses atrás había acusado a Coinbase de ofrecer valores no registrados.
La causa fue desestimada en febrero, despejando el camino para esta expansión.
Desde entonces, Coinbase retomó su ofensiva: reconstruir la confianza y volver a operar en los estados que más lo resistieron.
Qué podrán hacer ahora los neoyorquinos
Los usuarios de Nueva York podrán apostar (stakear) sus activos en siete redes principales:
Ethereum, Solana, Cosmos, Cardano, Avalanche, Polygon y Polkadot.
Las rentabilidades anuales van desde el 1,9 % en Ethereum hasta el 16 % en Cosmos, que se perfila como la red más atractiva para los buscadores de rendimiento.
Coinbase agradeció públicamente a la administración de la gobernadora Kathy Hochul, destacando su “liderazgo en brindar claridad regulatoria y abrazar el progreso”.
Un elogio que, traducido al porteño, podría leerse como: “Gracias por no tratar al cripto como un delito”.
Cambio de guardia en la supervisión financiera
La aprobación llegó justo cuando Adrienne Harris, la hasta ahora jefa del Departamento de Servicios Financieros de Nueva York, anunció su salida del cargo.
Durante su gestión, la funcionaria había sido implacable: incluso impuso a Coinbase una multa de 100 millones de dólares en 2023 por fallas en el monitoreo de transacciones.
Su reemplazo, aún no confirmado, podría estar abriendo una etapa más dialoguista entre el Estado y las empresas tecnológicas.
Coinbase no aclaró si hubo condiciones adicionales para recuperar el permiso, pero el timing es elocuente: el cambio de mando vino con una apertura.
Un mapa que se completa
Con esta decisión, el servicio de staking de Coinbase ya está disponible en 46 estados, quedando fuera sólo California, Nueva Jersey, Maryland y Wisconsin.
El Chief Legal Officer, Paul Grewal, celebró el logro afirmando que los usuarios de Nueva York “perdieron millones en recompensas que otros sí pudieron ganar. Eso termina hoy”, sentenció.
El mensaje no fue sólo institucional. Fue político: el gigante del cripto le recordó a Estados Unidos que la regulación no puede frenar la innovación, y que el staking ya es parte integral del nuevo sistema financiero digital.
Regulación, poder y la frontera del dinero
El caso de Coinbase es una postal del momento global:
la puja entre el poder regulatorio y la autonomía de las redes descentralizadas.
La SEC perdió una batalla, pero no la guerra. A medida que los exchanges regulados se consolidan, la tensión entre control estatal y libertad digital se vuelve más filosófica que jurídica.
El filósofo Michel Foucault decía que “el poder no se posee, se ejerce”.
Y eso parece haber entendido Coinbase: en lugar de resistir, negoció, ajustó su modelo, y ahora reingresa al mercado más estricto del planeta.
En otra esquina del pensamiento, Heráclito recordaría que “todo fluye”: incluso el dinero, incluso la ley.
Ecos desde Buenos Aires
En Buenos Aires, donde el ecosistema cripto florece entre bares de Palermo y oficinas fintech en Parque Patricios, la noticia se celebra como un síntoma de madurez internacional.
La legitimidad que gana el staking en Nueva York puede trasladarse a mercados emergentes como el argentino, donde la regulación aún es difusa pero el interés ciudadano crece.
El consenso entre analistas es claro: si Nueva York cedió, ningún regulador del mundo podrá seguir ignorando el staking como motor económico del nuevo orden digital.
Más preguntas que certezas
¿Es esto el inicio de la normalización cripto o una tregua temporal entre el Estado y las blockchains?
¿Puede un ecosistema descentralizado coexistir con leyes centralizadas sin perder su esencia?
¿Y hasta qué punto las instituciones, que nacieron para controlar, están dispuestas a compartir el poder con algoritmos autónomos?
El futuro, como el dinero, está en movimiento.
Y desde Palermo, como siempre, observamos la historia mientras se escribe en código.
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