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Cornejo anticipa que el plan de Milei está muerto “La economía va a crujir en 2026”

PAÍS | PALERMO ONLINE

Cornejo lanzó una advertencia que sacudió al oficialismo: “La economía va a crujir en 2026”

El gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, pronunció en Nueva York una frase que rápidamente comenzó a circular por despachos políticos, redacciones y mesas económicas de todo el país. No fue un dirigente opositor quien la dijo, ni un sindicalista, ni un economista crítico del Gobierno. Fue uno de los gobernadores que integran el espacio político que, en distintos momentos, acompañó las reformas impulsadas por el presidente Javier Milei.

“La economía y el humor popular van a crujir este año”, afirmó Cornejo durante su participación en el encuentro Argentina Week, realizado en la ciudad de Nueva York.

La frase no fue una metáfora casual. En el lenguaje político argentino, pocas palabras resultan tan contundentes como esa. Crujir implica tensión acumulada, desgaste del sistema y una advertencia sobre lo que puede venir después.

Y por eso mismo sus declaraciones encendieron alarmas.

Una recuperación que no llega a todo el país

Durante su intervención ante empresarios e inversores internacionales, Cornejo describió el escenario económico argentino con una precisión que, lejos de tranquilizar, dejó ver las grietas del actual modelo.

El gobernador explicó que el crecimiento que el Gobierno proyecta para 2026 podría rondar el cuatro por ciento. Sin embargo, aclaró inmediatamente que ese crecimiento sería profundamente desigual.

Según su análisis, gran parte de esos puntos se explican por dos motores muy específicos de la economía nacional: Vaca Muerta y la pampa húmeda.

Pero ambos sectores, aunque estratégicos, están concentrados en regiones muy determinadas del país.

“No están en todas las provincias”, señaló el mandatario mendocino.

La frase, aparentemente técnica, contiene una lectura política evidente: el crecimiento económico podría concentrarse en sectores exportadores muy específicos mientras amplias zonas urbanas y productivas del país continúan atravesando dificultades.

En otras palabras, el modelo podría generar dólares, pero no necesariamente empleo masivo.

El clima social empieza a tensarse

El diagnóstico de Cornejo incluyó otro elemento que suele ser el verdadero termómetro de cualquier economía: el humor social.

“El humor popular va a crujir”, dijo.

La advertencia llega en un momento en que distintos indicadores económicos muestran señales contradictorias.

Por un lado, algunos sectores exportadores registran recuperación.
Por otro, la actividad industrial continúa mostrando niveles bajos de utilización de capacidad instalada y numerosas pequeñas y medianas empresas enfrentan una caída del consumo interno.

En muchas ciudades del país se repiten escenas conocidas en la historia económica argentina: comercios que cierran, fábricas que reducen turnos y trabajadores que pasan a la informalidad.

Ese contraste entre el optimismo financiero y la realidad productiva es el que empieza a inquietar a varios dirigentes políticos.

La señal que envían los mercados

Durante la misma exposición, Cornejo también hizo referencia al comportamiento de los inversores internacionales.

Según explicó, existe entusiasmo financiero en torno a la Argentina, pero ese entusiasmo todavía no se traduce completamente en inversiones productivas de largo plazo.

“De ese entusiasmo a tomar la decisión de invertir, hay un paso todavía”, reconoció.

El gobernador mencionó además un dato que circula con frecuencia en los informes de analistas financieros: los inversores muestran mayor disposición a comprar deuda argentina con vencimientos cercanos, pero se vuelven mucho más cautelosos cuando los plazos se extienden hacia el final de la década.

En términos simples, el mercado todavía espera ver señales de estabilidad política y económica más duraderas.

El fantasma de una experiencia reciente

En su análisis, Cornejo evocó implícitamente una experiencia que todavía pesa en la memoria política argentina: el colapso del programa económico del gobierno de Mauricio Macri en 2018.

El mandatario mendocino advirtió que para sostener un proyecto económico de largo plazo no alcanza con instrumentos específicos como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Lo que se necesita, subrayó, es algo más profundo.

“Se necesita certidumbre”, sostuvo.

La palabra resume uno de los problemas históricos de la economía argentina: los cambios bruscos de rumbo político y económico que han frustrado repetidamente proyectos de inversión.

Un país que sigue buscando empleo

El fondo del debate, sin embargo, es otro.

La economía argentina puede encontrar en el petróleo, la minería y el agro importantes fuentes de divisas. Pero el desafío estructural sigue siendo el mismo que atraviesa al país desde hace décadas: generar empleo suficiente para millones de personas que viven en grandes centros urbanos.

La industria manufacturera, el comercio y las pequeñas empresas han sido históricamente los sectores que absorbieron mayor cantidad de mano de obra.

Hoy muchos de esos sectores atraviesan una etapa de retracción.

Por eso la advertencia de Cornejo no se limita a un análisis económico. Es también un mensaje político.

Una frase que resuena en la política

En los pasillos del poder, las palabras del gobernador mendocino comenzaron a interpretarse como una señal de cautela dentro del propio sistema político.

Cuando un dirigente que no pertenece al núcleo opositor advierte públicamente que “la economía va a crujir”, el mensaje adquiere otro peso.

No se trata solamente de un diagnóstico técnico.
Es una advertencia sobre el clima que puede formarse en la sociedad si la recuperación económica no llega con suficiente rapidez.

En la Argentina, cuando el humor social se deteriora, la política suele reaccionar con rapidez.

Y en ese delicado equilibrio entre expectativas, crecimiento y empleo se juega buena parte del futuro del actual proyecto económico.

Las palabras de Cornejo, pronunciadas a miles de kilómetros del país, terminaron resonando con fuerza en Buenos Aires.

Porque a veces una sola frase alcanza para describir una preocupación que ya circula en silencio por toda la dirigencia argentina.