Crisis sanitaria sin conducción: renunció el director del Hospital Posadas en medio de la rebelión médica
Las políticas de ajuste en salud comienzan a cobrarse consecuencias irreversibles: precarización laboral, renuncias masivas y el riesgo latente de colapso hospitalario. El Gobierno, ausente, ensaya amenazas en lugar de respuestas.
La renuncia de Ángel Daniel Elba como director del Hospital Posadas es mucho más que una salida “por motivos personales y profesionales”, como blandamente se consignó en la carta que presentó este viernes. Es el síntoma agudo de una enfermedad sistémica: la descomposición del sistema de salud pública bajo el gobierno de Javier Milei. Lo que sucede en el Posadas —el hospital más grande del país— es apenas la punta de un iceberg que viene derritiéndose desde hace meses por obra y desidia del oficialismo.
Elba, que había sido presentado con bombos y platillos por el ministro Mario Lugones apenas en enero, duró apenas seis meses en el cargo. Su último acto fue casi una provocación: intimar a los médicos residentes a que levantaran las medidas de fuerza que sostienen para exigir una mejora salarial. A cambio, la dirección prometía usar “recursos propios” para compensar sus miserias. Un intento de manotazo contable en un contexto de indignación creciente, donde la carga horaria supera las 60 horas semanales y el sueldo apenas roza los $800.000, sin bonos, sin derechos, sin reconocimiento.
Tras la salida de Elba, quien queda al frente del hospital es Guillermo Horacio Fernández, un médico designado durante la gestión anterior. Un parche, otro más, en una estructura estatal que cruje por todos lados. Mientras tanto, la Asamblea de Residentes del Posadas ya puso fecha límite: el lunes 9 de junio. Si el Gobierno no se sienta a dialogar, el martes 10 estalla el paro total, sin guardias.
La salud en terapia intensiva
El conflicto en el Posadas no es un hecho aislado. En el Hospital Garrahan, los profesionales vienen protagonizando reclamos similares, con amenazas de paro, denuncias de amedrentamiento y una frase que resuena como un puñal: «No se recorta en salud ni en educación». La pronunció Rita Fernández, pediatra y referente gremial, que advirtió que aunque se levantó el último paro, “el personal sigue en alerta”. No se trata de salarios solamente. Se trata de dignidad. De un Estado que ningunea, recorta y amenaza en lugar de escuchar y resolver.
Y como si la decadencia no fuera suficiente, aparece la diputada Lilia Lemoine —sí, esa misma— para añadir cinismo al caos: “Si no les alcanza, no deberían haber estudiado eso”, soltó en redes sociales. Una declaración que no resiste análisis, ni ético ni racional, pero que encarna perfectamente la línea discursiva del gobierno: el desprecio por el saber, por el trabajo y por la salud pública.
Un modelo de país sin médicos
La salida de Elba no debería ser leída como una excepción. En rigor, es parte del mismo patrón que recorre cada rincón de esta gestión: improvisación, crueldad administrativa y nulo sentido de lo público. La gestión de Milei no solo carece de rumbo técnico, también carece de humanidad. Convertir al sistema de salud en un experimento contable, donde la variable de ajuste es la vida de las personas, tiene consecuencias.
Lo dijeron desde el Garrahan, lo repiten en el Posadas: sin inversión, sin salarios dignos, sin condiciones de trabajo, no hay médicos. Y sin médicos, no hay hospitales que funcionen. Lo que queda es una simulación, una fachada vacía de lo que alguna vez fue el orgullo del sistema sanitario argentino.
¿Hasta cuándo?
La renuncia de Elba es apenas un capítulo más en una novela de retrocesos. La salud pública está herida. Y el gobierno, en lugar de curarla, la desangra con cada decreto, con cada silencio y con cada amenaza. ¿Cuántas renuncias más harán falta para que se encienda alguna alarma en la Casa Rosada? ¿Cuántas camas vacías, cuántas guardias sin médicos, cuántos pacientes sin atención?
Mientras tanto, Jorge Macri duerme en su despacho, Lemoine se ríe en redes y Milei sigue ladrando a las nubes. La realidad, sin embargo, no espera: ya hay hospitales colapsando, médicos huyendo y pacientes muriendo.
